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UNA

Enviado por en 01/09/2012 – 00:07

Alfonso López Collada

Con armas que no disparan balas, la alianza de los poderes fácticos ha dado un golpe de Estado… otra vez. Me extrañaría que a alguien le extrañara la resolución de validez de la elección federal del pasado 1o de julio. Era de esperase, dadas las múltiples pruebas que hemos tenido del uso de las leyes, las instituciones, las alianzas y el cinismo de la emperatriz de México: la desvergüenza.

Todos los argumentos que a últimas fechas se han esgrimido en favor de la resolución que se nos impuso el jueves pasado, fueron llamados a la legalidad; los emitieron quienes ante todo se han valido de la ilegalidad para permanecer, para ahogar la voluntad mexicana, para consumar una vez más el arrebato de un mandatario elegido por la vía que establece la Constitución de todos los mexicanos, esa que sólo vale cuando se usa para que los poderes hagan lo que no se vale.

Primero arraigan la idea mocha de que la democracia consiste sólo en ir a votar; luego alteran urnas que no son tomadas en cuenta cuando se descubren, el sistema se cae, las cuentas que hacen las computadoras de Hildebrando no cuadran con las actas, y se niega la apertura de urnas. ¿Qué seguía? Cuidar que las actas y el recuento coincidan, para lo que se hizo la estrategia antes del día del voto.

Imposible saber a dónde va México, sobre todo por el grado de hipnosis que… gozan, porque ni lo padecen, quienes respaldan este virtual golpe de Estado con tal de evitar un plantón en Reforma que afectó a los negocios vecinos, al desastre económico de todo el país (¿o estamos muy bien?), al injustificado gasolinazo mensual, a más de 60,000 mexicanos muertos, al desempleo rampante, a la cancelación de la democracia, al absurdo avión presidencial listo para el relevo, como el oportuno descubrimiento de un pozo petrolero que desde ya es propiedad extranjera, a la presencia controladora de las oficinas de inteligencia extranjera con la pérdida inherente de soberanía y a tantas atrocidades más que hemos tenido. Así que, con esta base social, ¿a dónde iremos a parar?

Calderón hace las maletas con algo de apuro, porque su deseo de permanecer en Los Pinos para siempre borró de su lista el pendiente de alistar su salida. Luna Productions le hizo un paquete de spots bien producidos, en uno de los cuales Calderón dice que “algunos” dejaron crecer el crimen organizado, y que él llegó para poner orden a toda costa (“Yo no fui, fue Teté”). Afirma que México está en la mejor posición de su historia para crecer y progresar; pero incluso sus maquilladas estadísticas dan cuenta de su fracaso como líder: 5 BI-llones de pesos de deuda pública (5 millones de millones de pesos = USD$ 337,358.5 millones), último lugar en educación entre países de la OCDE, corrupción como pocos países del orbe, enriquecimiento sin límites de empresas extranjeras que operan en México (bancos, constructoras, petroleras, telefónicas, comercializadoras,…), desamparo del consumidor ante cualquier abuso de proveedores, inflación, miseria y violencia imparables, agentes del orden que son delincuentes, y mucho más que usted bien sabe.

El Tribunal no rechazó la solicitud de nulidad de la elección; con su fallo, aceptó todo lo anterior y lo volvió legal.

Es preciso exigirle que nos dé pruebas sólidas de que las pruebas que se le acercaron no fueron sólidas; que nos demuestre que la demanda de nulidad no demostró ilícito alguno.

Las pruebas de delitos nunca antes vistos no fueron suficientes ante un tribunal que ya ha dado indicios sobrados de su inclinación encubridora. Ahora debemos exigir al TEPJF que nos dé pruebas sólidas de que las miles de pruebas que se le acercaron no fueron sólidas; que nos demuestre que la demanda de nulidad no demostró ilícito alguno. Le toca, y no se vale decir que hubo delito pero no hay delincuente, ni que “total, nomás fue tantito”.

¿Cuántos muertos hacen asesino a un hombre? ¿Cuántos robos ha de cometer alguien para ser un ladrón? ¿Cuántas violaciones debe acumular alguien para ser calificado de violador? Entonces, ¿cuántas infracciones a la normatividad electoral hacen falta para que se consume un delito electoral? Una.

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