PRD: ¿Esquizofrenia o bipolaridad?
María Elena Ramos
La esquizofrenia es un trastorno cerebral severo que se caracteriza por ver y oír lo que no existe; consiste, sobre todo, en alucinaciones y delirios. Jesús Ortega, exdirigente nacional del PRD, dijo este sábado que terminará la “esquizofrenia política” en ese partido de izquierda, si Andrés Manuel López Obrador decide hoy retirarse y fundar una nueva organización política.
Ortega dijo que llegó la hora en que se acaben las tribus en el PRD y que el partido tenga una sola visión y un solo comportamiento.
Más que esquizofrenia, el PRD ha padecido de bipolaridad, según algunos estudiosos, como Dag Mossige.
El Partido de la Revolución Democrática (PRD) llega a casi un cuarto de siglo de vida, sin haber tenido más de dos candidatos presidenciales. “Es difícil encontrar un ejemplo más claro de que sigue demasiado atado a sus antiguos caudillos, los cuales no necesariamente piensan en el partido como algo más que una herramienta para sus propias causas”.
Una explicación para que haya sucedido esto, es la “bipolaridad” de la organización política: un partido que no se decide entre ser un partido tradicional como los demás o seguir como un movimiento electoral pero con fuertes rasgos y tácticas de los movimientos sociales, dice.
La organización “movimientista”, deja mucho espacio para un líder fuerte en vez de un partido autónomo que podría funcionar como contrapeso a su liderazgo.
El caso es que ni los “movimientistas”, ni los “anti-movimientistas” han logrado ganar el control absoluto del partido.
Según el doctor estadounidense en Ciencias Políticas, esta indefinición explica los célebres conflictos que han atravesado al partido (el nivel de pelea interna del PRD supera casi a cada caso comparable). “Muchos observadores se quejan de que las batallas internas del PRD son producto meramente (de una lucha) por el poder (y los privilegios), basándose en el argumento de que las corrientes sólo representan variedades de clientelismo, proyectos personalistas, y el deseo de poder.
“No se puede negar que estos rasgos han existido dentro del PRD (y, por supuesto, en los demás partidos políticos)”.
Sin embargo, existen otras explicaciones que van mas allá de acusaciones de clientelismo y luchas por prerrogativas: “Existe una división fundamental en el PRD que puede explicar este fenómeno desde sus orígenes, lo cual es la división basada en su decisión de ser un partido o seguir como un movimiento electoral pero con fuertes rasgos y tácticas de los movimientos sociales. El argumento es el siguiente: Una parte importante de la élite del partido no sólo cuestiona si el PRD debe ser un partido tradicional como los demás, sino que también se opone a su conversión hacia un partido autónomo y consolidado.
“Crucialmente, este grupo cuestiona si el PRD incluso debe jugar el papel tradicionalmente desempeñado por otros grandes partidos de la izquierda. Es decir, trabajar para tejer compromisos con sus adversarios políticos como un actor –pero sólo una parte- de un sistema político, en vez de pretender que representa la voluntad, mayoritaria y absoluta, del pueblo entero.
“(…) si el PRD debe ser un partido que trabaja principalmente por reformas graduales, aceptando la primacía de las estructuras políticas institucionales existentes y vigentes, y su rol como un partido que solamente, por definición, representa sólo una parte de la sociedad. O si el partido debe rechazar cualquier otro resultado que el de victorias legislativas completas por no traicionar al pueblo que pretender representar, donde acuerdos mutuos o reformas parciales son menospreciados. Y en caso de no lograr victorias completas o de bloquear iniciativas legislativas por la vía parlamentaria, la lucha puede continuar por medios alternativos como la toma de tribuna –un fenómeno muy sui generis mexicano- o mediante otras presiones como grandes movilizaciones por las calles”.
Y aunque el partido en ciertos procesos electorales ha logrado mantener un frente común, las diferencias internas parecen cada vez más insuperables y de carácter cero-suma. “El partido no puede ser, a la misma vez, partido y movimiento, No puede ser una entidad autónoma y coherente si sus partes componentes no quieren seguir los órganos del partido, prefiriendo la subordinación hacia un movimiento poco definido y con liderazgos ajenos al partido. Un partido que trabaja por reformas políticas, ya sea parciales o no, no puede operar si una gran parte del partido no está dispuesta a aceptar compromisos o ni siquiera aceptar, sin reservas, la legitimidad del sistema político donde opera el partido”.
Y, de acuerdo con el investigador, “si bien la bipolaridad dentro del partido ha sido constante a través de los años, el partido parece cada día menos capaz de superarla. Para muchos de sus miembros, el enemigo está no solamente al frente del partido, sino en su seno. El PRD ha continuado como una amalgama o equilibrio inestable donde ni los movimientistas ni los anti-movimientistas han logrado ganar el control absoluto del partido.
El doctor en Ciencias Políticas de The Ohio State University en Columbus, profesor investigador en Davison College, Carolina del Norte, hace estos planteamientos en su artículo “El PRD antes del 2012: partido o partido-movimiento. (La venganza del bipolarismo partidario), publicado en la revista El Cotidiano, de la Universidad Autónoma Metropolitana.
Muchos han calificado a Andrés Manuel López Obrador, como un líder mesiánico, por lo tanto, autoritario. Probablemente lo sea. No obstante, Jesús Ortega, al igual que Jesús Zambrano, presidente nacional del PRD, no han sido ejemplo de liderazgos democráticos (recuérdese el terrible capítulo del chuchinero, que tanto afectó a la organización de izquierda).
Queda en el aire el destino de las izquierdas.
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