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Anuncios inesperados

Enviado por en 12/10/2012 – 13:20

Alejandro Zapata Perogordo

Una vez concluida la etapa electoral y declarado como presidente electo Peña Nieto, solo nos resta esperar los tiempos para que asuma el encargo conferido, mientras tanto, se ha instalado el Congreso de la Unión y se realizan los trámites de entrega recepción, nombrando para tal efecto a su equipo de transición.

Ahora la cuestión que nos ocupa y nos preocupa consiste en conocer; ¿de qué magnitud serán los cambios?, y no me refiero al de personas, donde todo mundo se da a la tarea de especular, sino a los del sistema político mexicano. De todos es sabido que aun no termina de consolidarse y ya estamos al cuarto para las doce.

Las señales no son del todo claras, algo que me llamó la atención a principios de este año -durante su campaña-, fue una afirmación de Enrique Peña, en los términos siguientes: “…..el sistema político mexicano, solo cuenta con dos caminos; el presidencialismo o el parlamentarismo….”, esta frase elimina por completo el sistema presidencial y no existen condiciones para un sistema parlamentario, por lo que, de persistir, solo nos queda de una sopa, que francamente no nos gusta, ya pasamos por eso y terminó en fracaso.

Es obvio que debe comenzar a tomar los hilos, por eso se entiende que empiece a manejar la agenda, que se concreta en tres vertientes: seguridad, economía y rediseño institucional.

De hecho, los anuncios que se han dado se encuentran muy de la mano con los factores de anclaje de la competitividad nacional. Hace alrededor de un año el “Foro Económico Mundial” (WEF por sus siglas en ingles), nos colocó en el lugar número 58 de 142 economías analizadas, poniendo a México con un avance de ocho lugares en relación al periodo anterior. Sin embargo, existieron tres rubros donde la calificación fue mala; En eficiencia del mercado laboral ocupamos el lugar 114, en instituciones el 103 y en desarrollo de mercado financiero el 83.

Desde esa perspectiva, no puede apreciarse como simple coincidencia el mostrar simpatía por la reforma laboral, tema donde se tiene la más baja calificación. Tampoco el rumor de que se hará un rediseño institucional, creando, modificando y suprimiendo Secretarías y, por último, el anuncio de una reforma en el sector energético, particularmente en Pemex y el eléctrico, así como también la hacendaría. Se trata de áreas muy sensibles, pero que van de la mano, con el estudio del Foro Económico Mundial.

Lo pendiente será ver formas y tiempos, ya que son tiros largos, echarse ese trompo a la uña se requiere de buenos amarres. Lo menciono en tanto que el Congreso tiene sus momentos y agenda constitucional. En principio la reforma laboral está en marcha. Por otra parte, tanto la Ley de Ingresos como el Presupuesto de Egresos, lo debe presentar el Ejecutivo Federal entrante a más tardar el día 15 de diciembre, probablemente sea ese momento el indicado para comenzar la reforma hacendaría, siendo Cámara de origen la de Diputados, así se tendría que enviar la reforma energética al Senado de la República.

Todos tienen su grado de complicación, no solamente por el tema, sino aunado al sentimiento nacionalista que representa tocar la parte petrolera. Ya Pedro Joaquín Coldwell hace unos días en Colima sentenció la conveniencia de que Petróleos Mexicanos se asocie con compañías experimentadas a fin de aprovechar la riqueza petrolera del país. En lo que a la parte fiscal se refiere, estableció suprimir los regímenes especiales, que los hay y muchos.

En su momento, en el régimen de Carlos Salinas, se hizo algo similar con los artículos 27 y 130 de la Constitución, no obstante las condiciones son otras. Me aferro a la política del diálogo, de la construcción de mayorías, de la transparencia, de la rendición de cuentas y de los cambios. Que se aprovechen las oportunidades que se presenten, haciendo uso de las herramientas del convencimiento y la razón. Bienvenidas las reformas, bajo el principio de que no sean polvos de aquellos lodos.

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