La desconfianza estadounidense
En la tragicomedia del Lazca duelen, sobre todo, dos cosas: la inicial suspicacia de los estadounidenses y el mausoleo desperdiciado.
Tanto afán por sumar estrellitas, por quedar bien con los vecinos del norte, por librar una guerra que abone a su tranquilidad y ellos, como primera reacción, dejaron entrever desconfianza ante el abatimiento del Lazca.
Las autoridades ofreciendo explicaciones que cada vez aclaran más las cosas y ellos descreyendo. Pero ¡sorpresa! Leemos en la versión electrónica de un diario de circulación nacional, que el gobierno de Estados Unidos sabía que un sospechoso, que murió acribillado por infantes de marina mexicanos, era el cabecilla del cártel de los Zetas.
Según la versión, un funcionario estadounidense, que pidió permanecer en el anonimato, dijo a la agencia AP (AssociatedPress) que antes de que se dejara el cadáver en la funeraria de Progreso, Coahuila, de donde fue robado por un grupo armado, Estados Unidos había verificado, independientemente, la identidad del líder de los Zetas, Heriberto Lazcano.
Según esto, lo sabían todo y lo verificaron de forma independiente (la pregunta no es que hacen aquí todo tipo de agentes estadounidenses, sino qué no hacen). Entonces, ¿por qué son así? Pareciera que les gusta sembrar desconfianza. Mejor debieron explicarnos desde el principio a los mexicanos qué pasó.
Duele lo del mausoleo, porque ¡carajo! tanta ilusión y afán en construir la última morada y una tan bonita, para que resulte que no hay cuerpo. El monumento funerario está en la colonia El Tezontle, Pachuca. No será el de Halicarnaso, pero es sobresaliente, con floreros de plata y todo.
No sucederá lo mismo al “M-1”, Manuel Torres Félix, lugarteniente de “El Mayo” Zambada, muerto en enfrentamiento con miembros del ejército en Sinaloa. Su cadáver, en el Semefo de Culiacán, si está siendo vigilado.
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