Movimiento del 68 impacto en América Latina
Bogotá, 14 Octubre (Notimex).- El movimiento social de 1968, que impactó en la mayoría de los países latinoamericanos, tuvo gran importancia para la insurgencia armada que se gestó en esa década en Colombia, aseguró hoy el historiador Oscar Calvo Isaza.
En diálogo con Notimex, el investigador y académico universitario dijo que “1968 fue importante para la insurgencia armada en Colombia, en la medida que profundizó la opción de la vieja y la nueva izquierda, por la violencia revolucionaria”.
“En la medida que la violencia y la represión fueron la respuesta generalizada del sistema contra el descontento social, en especial de jóvenes y estudiantes, para los revolucionarios colombianos fue claro que la situación demandaba nuevas acciones”, indicó.
El experto en Historia y Etnohistoria de la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México es autor junto a su colega Mayra Parra Salazar del libro “Medellín Rojo-1968”, que indaga en profundidad sobre el movimiento social de esa época.
Subrayó que el movimiento de 1968 es importante en el contexto histórico del conflicto colombiano, ya que fue en esa década que surgieron las insurgentes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el rebelde Ejército de Liberación Nacional (ELN).
Tras medio siglo de confrontación armada interna, el gobierno colombiano se apresta a iniciar este miércoles en Oslo, Noruega, diálogos de paz con las FARC, tendientes a poner fin al conflicto y buscar una solución política a sus demandas.
Calvo Isaza recordó que en 1968, el Partido Comunista Colombiano (PCC) “dio la orden a las FARC de reducir o desestimar la lucha armada, en consecuencia con la política de coexistencia pacífica impulsada entre Estados Unidos y la entonces Unión Soviética”.
Advirtió, sin embargo, que “resulta interesante advertir que las FARC y las juventudes del PCC, acorralados por el discurso radical y militarista de la nueva izquierda (el PCC-ML y el ELN), consideraron esa opción inaceptable desde el punto de vista revolucionario”.
El también catedrático de la Universidad de Antioquia recordó que “la violencia y la paz estuvieron entonces en la agenda de discusión pública, muy especialmente durante la Conferencia del Episcopado (latinoamericano) que se reunió en Medellín en 1968”.
Recordó que el obispo brasileño Hélder Cámara, “cuando estuvo en Colombia, en 1968, sostuvo que la violencia revolucionaria sólo abriría las puertas a una intervención imperial y al reforzamiento del sistema”.
En esa oportunidad, Cámara y otros obispos “propusieron un movimiento de no violencia. En Medellín, uno de los grupos sociales más activos fue, precisamente, un movimiento de no violencia que se manifestó en el barrio Santo Domingo Savio contra la guerra”.
“La conversión en guerrillero y la posterior muerte en combate de (el sacerdote y líder guerrillero) Camilo Torres tiene un simbolismo religioso profundo, pues implicaron una renuncia a los privilegios y la consagración apostólica a los pobres hasta el martirio”, dijo.
Calvo Isaza sostuvo que ese sentimiento religioso, acompañado del mesianismo propio de la época, “vigorizó la insurgencia armada en Colombia”.
“Quizá esta sea la relación más importante entre la insurgencia armada y los movimientos sacerdotales de izquierda. Es decir, la visión religiosa de la revolución y de la lucha armada como la forma superior de renuncia y sacrificio por el bien de los oprimidos”, dijo.
Recordó que el ejemplo de Camilo Torre fue seguido por otros sacerdotes que tomaron las armas en 1969, entre los que destacan Manuel Pérez y Domingo Laín, quienes venían de trabajar como “curas obreros” en Europa y como misioneros en la República Dominicana.
“Los religiosos y religiosas de Europa y Estados Unidos presentes en Colombia y en otros países de América Latina fueron muy radicales en términos políticos, pues encontraron en la insurgencia una forma de integrarse al pueblo y sus luchas en busca de la salvación”, dijo.
Tags: Colombia, movimiento 68











