La estatua: ¿el que paga manda?
Mueve a suspicacia la autoridad con que el gobierno dinástico de Azerbaiyán advirtió a México ayer que “podría haber conflicto” si es retirada la estatua levantada por el GDF en Reforma al dictador que gobernó ese país a base de torturas, palizas y detenciones masivas.
Mueve a suspicacia porque es excesiva la cantidad que pagó Azerbaiyán al del DF por la colocación de esa efigie a 14 mil 236 kilómetros de su territorio: seis millones de dólares.
Más todavía, Azerbaiyán recordó ayer, a través de su embajada, que la estatua de Heydar Aliyev no podrá ser movida hasta dentro de un siglo, según un convenio firmado con el Consejo Rector del Bosque de Chapultepec.
Pero mintió: el 30 de marzo pasado, el Consejo votó contra la colocación de la estatua, durante la segunda sesión ordinaria de 2012, realizada en la biblioteca Andrés Henestrosa del Jardín de Adultos Mayores:
“El Consejo Rector, por considerar que el lugar propuesto en el Parque Gandhi es inapropiado para la colocación de monumentos en infraestructura que sature espacios verdes, ha decidido emitir OPINIÓN Negativa sobre el proyecto en comento”.
Pero el monumento fue colocado y el GDF cobró el equivalente a casi 70 millones pesos mexicanos, cifra desmesurada si se tiene en cuenta que con 58 millones de pesos, la Delegación Miguel Hidalgo, donde está la estatua, remodeló este año todos sus parques.
Hay que insistir en el dinero pagado por Azerbaiyán porque, al tomarlo, el GDF aceptó dinero proveniente de un régimen enfrascado en una multimillonaria campaña para lavar su imagen antidemocrática y de transmisión del poder entre familiares.
Heidar, el de la estatua, enfermó de muerte en plena campaña presidencial de 2003 y cedió su candidatura a su hijo Ilham, quien ganó las elecciones y prohibió a los dos partidos de auténtica oposición.
Y redujo a la oposición con base en golpes, vídeos con cámara oculta y acusaciones montadas contra los opositores por “tráfico de drogas, delitos fiscales, vandalismo y evasión del servicio militar”, todo lo cual ah sido documentado por Human Rights Watch.
El perredista Carlos Navarrete, quien visitó este año Azerbaiyán y elogió “la alta capacitación de su gobierno”, justificó ayer la represión del régimen de Ilham: “No hay ningún resolutivo de la ONU por violación de derechos humanos en Azerbaiyán”.
Bueno, la ONU tampoco condenó la matanza de Tlatelolco que, en cambio, Navarrete considera un crimen de lesa humanidad. Pero Azerbaiyán posee una de las mayores reservas de gas y petróleo, que gasta a manos llenas para esconder su autoritarismo corrupto y represivo.
Entonces sería penoso, por escribir lo menos, que el GDF se incluya entre los beneficiarios de ese dinero manchado de sangre.
Y todo por una estatua.
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