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miércoles, abril 24

PRI: Peña pone prima y Naftalina

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Ah Muán Iruegas

El incontables veces legislador Manlio Fabio Beltrones, será pronto ungido como presidente del Partido Revolucionario Institucional. Pero además, Enrique Peña puso a su prima como segunda a bordo del partido, en el puesto de Secretaria General.

Peña acercó al poder a… ¡su propia prima! No se cómo pudo ser tan torpe, caray. Habiendo en el mundo tantos militantes del PRI que tienen la inusitada ventaja de… ¡no ser sus parientes! Es elemental. Pero en fin, aquí tenemos muestras de una mente pequeña –y no es la de la prima.

Corrientón nombramiento de una señora Monroy, pariente también de los Del Mazo… pero que “ni en su casa” la conocen. Carece de proyección o liderazgo nacional, nada más es la prima del otro señor. ¿Qué necesidad tenía Peña de caer en eso? Pues es una franca torpeza política poner a su prima como flamante funcionaria partidista en una muestra de verticalidad o autoritarismo –pero un poco infantil. El PRI siempre ha sido un partido de dudosa reputación. Pero ahora parece “kermesse” donde los primitos juegan a que ya se casaron.

No sé si no se dan cuenta los peñistas de que están haciendo agua por varios frentes, ya muy conocidos: la Casa Blanca, la Primera Dama hecha girones por la prensa mundial (la acaban de aporrear de nuevo en National Public Radio de los Estados Unidos). El secretario de Gobernación haciéndose “el muerto” (el disimulado) sobre sus propias propiedades. El otro –Hacienda- ya suficientemente exhibido con su otra casita de Malinalco.

Total: los peñanietistas parecen un grupo de esos ladrones tontos, que siempre los descubren como en los programas de t.v. gringos, o se quedan encerrados en la bóveda del banco que ellos mismos asaltaron, etc.

Todo además de la devaluación peñista del peso, la fuga de Joaquín Guzmán, las ejecuciones del ejército peñista. Cuando el Ejército mexicano es priista, siempre acaban los militares disparando contra la propia población. Otro día les contaremos cómo un general priista le metió un tiro en la cabeza a otro general igual de priista –se peleaban por un puesto. También ensució Peña a la Suprema Corte mandando allí a dos ministros que carecen de estatura jurídica para desempeñar su empleo.

Con todo eso encima, al señor presidente no se le ocurrió cosa mejor que poner a su prima, lo cual ya deja ver cierta falta de capacidad o poco criterio. Es ridículo que ellos mismos están fabricando una acusación por nepotismo, influyentismo o “PRI-mismo”. Este PRI es la misma argamasa que siempre fue: provincianos de política prácticamente pueblerina.

Da lástima ver a esa pobre gente, revolcándose en el fango por un plato de ídem. Peña ya casi se va y nunca supo situarse en la política nacional. Por eso la prensa internacional lo agarró a martillazos por su Casa Blanca y ni las manos pudo meter. Ahora su imagen está en el fango y el daño ya está hecho y allí quedó la imagen de Peña y “bye-bye”.

Pero tiene que tener lo de la prima una explicación. La que encuentro es que en el fondo Peña está aterrado de haberse visto obligado a poner al frente a alguien que le puede “sorber hasta el tuétano” al señor presidente. Beltrones puede dejar a Peña sin camisa, potencialmente, y buscó protegerse al menos algo… nada más que con su pariente. Lo que deja ver a un hombre –Peña- sin muchos recursos y más bien “limitadón”.

Sin embargo, fuera del lado ridículo, ya mencionado, lo de Beltrones es una maniobra importante de Peña.

Nunca he acostumbrado subestimar a los demás, por más torpes que parezcan. En este mismo espacio se dijo, durante la campaña presidencial, que la mayor o quizá única virtud política de Peña, consiste en su capacidad para articular alianzas. Luego se comprobó eso cuando en el Pacto por México, Peña se “mareó” (mexicanismo por “desconcertó” o “confundió”) a Carlos Navarrete del PRD y Gustavo Madero del PAN. Ahora ambos pagan las consecuencias del pecado consistente en aliarse con algo tan sucio como el PRI.

El nuevo proceso de alianzas de Peña, sin embargo, no está exento de riesgos.

Se supone que Peña se vio forzado a impulsar o aliarse al señor Beltrones para que los priístas inconformes no se vayan del PRI y se conviertan en candidatos independientes. Así perdió el PRI Nuevo León y no quieren perder otro estado ni otro militante de peso. Esto incluye en el extremo al mismo Beltrones, quien se podría haber ido él mismo como independiente. Pues sus intenciones, como las de todo político, es llegar a ser presidente de México. Es decir, al poner Peña a Beltrones como presidente priista, lo mantiene por principio de cuentas dentro del PRI y trabajando para el proyecto de Peña.

Pero ¿quién trabaja en realidad para quién? Utilizar a las personas es el pan de cada día en la política de cualquier país. Pero en este caso, no es automático que Peña ponga a trabajar a Beltrones como en una plantación sureña -es decir como su esclavo.

Es Beltrones considerado un “operador político”, que va a armar las elecciones del próximo año, para que gane su partido lo más que pueda. Eso, que resulta obvio, comienza ya a significar problemas para Peña. Pues si el que reparte la baraja –de los puestos de elección- es Beltrones, o al menos si el que gana las elecciones es Beltrones como presidente del PRI, entonces quien comenzará a tomar relevancia será no tanto Peña, que de por sí ya le queda poco tiempo de vida política, sino el propio Beltrones.

En estas circunstancias, Beltrones tratará de usar su nuevo poder para ayudar al proyecto del señor presidente –es lo que él va a decir- pero sobre todo para ayudar al suyo propio: ser presidente él mismo.

Beltones nunca ha sido peñista. Compitió contra Peña al interior del PRI durante las pasadas “elecciones internas de 2011” y perdió. De hecho, el entonces presidente priista Humberto Moreira maniobró en favor de Peña y en contra de Beltrones y así se “desayunaron” a Mister Manlio en aquella ocasión.

Pero ahora es diferente y el plato fuerte de la cena puede ser … Enrique Peña Nieto, presidente de México.

Lo que ocurre es lo siguiente. Beltrones tratará de irse tragando poco a poco al presidente, así como los reptiles devoran animales incluso peligrosos o al menos grandes. Desde luego todo esto envuelto en la infumables ceremonias de los priístas ancianos.

Toda la parafernalia teatral de los priistas, va a operar. Son de risa sus ceremonias del siglo XX y su cultura política acaso del XIX. Yo ya ni leo sus procedimientos de mago: quien sabe qué trámite hacen y sale elegido el que dijo el presidente.

Naftalina pura. Un partido para ancianos vivientes… que hacen todo lo que diga el presidente. Aunque el señor presidente no ata ni desata y de hecho potencialmente lo pueden meter a la cárcel –lo mismo que a otros peñanietistas- si pierde el PRI en 2018, porque hay indicios de que se robó una casa y no sé cuántos contratos.

Ya Zedillo encarceló al hermano de Carlos Salinas… Peña por su parte encarceló a Elba Esther Gordillo, otra ex priista –y a presos políticos como el doctor Mireles. ¿Qué va a pasar con los peñistas cuando se les acabe “el crédito” en 2018?

Un partido de zombies o muertos vivientes parece el PRI. Son antiguallas que huelen a naftalina, o se untan brillantina -como los galanes de antes. Tiene razón en el fondo el señor Leo Zuckerman en un reciente artículo en el periódico Excélsior. Aunque creo que las cosas son un poco más complicadas que lo que él plantea.

Otros damnificados de la inminente asención de Beltrones, son los peñistas Miguel Ángel Osorio Chong y Luis Videgaray. Ambos querían también ser presidentes –eran los candidatos naturales del peñismo hasta la semana pasada- pero ahora es mucho más difícil que lo logren. Pues tienen delante a un peso pesado del priismo: Beltrones, que ahora les puede pegar a los otros dos juntos, con el nuevo poder que consigue como presidente del PRI.

No es sólo la dichosa prima lo que Peña puso en el PRI. Peña puso su propia cabeza en juego y puede él mismo resultar sacrificado. Varias veces los priistas sacrificaron a su Tlatoani, no cada 52 años, sino cada seis.

¿Empieza de nuevo el ciclo azteca de los priístas? ¿El plato fuerte será el propio Peña?