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Lunes 18 de Diciembre de 2017

Estado Islámico: necesidad de educación laica y respeto a los Derechos Humanos

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Raúl Tortolero

La lucha contra el fanatismo religioso debe ser una prioridad en todo el mundo, y es una urgencia en Occidente, ante los embates de grupos radicales como el detestable Estado Islámico, cuya interpretación del Islam es totalmente inhumana e irreconocible dentro de los parámetros de las metas de cualquier expresión religiosa.

Cuando una cierta visión religiosa ostentada por sectas o grupos sociales o políticos no abona al entendimiento entre los seres humanos, más allá de sus creencias, razas, nacionalidades, condición económica, orientación sexual, género, etc, sino por el contrario, fomenta la división, la discriminación, el odio, la violencia, la muerte, entonces estamos ante un absoluto despropósito religioso.

Estamos frente a una lectura deforme y monstruosa de algún libro sagrado, y ningún esfuerzo en el combate a este tipo de hermenéuticas interesadas, con agenda oculta y fuera de lo espiritual, está de más.

Estos fanatismos activos y destructivos de los derechos humanos y de los avances civilizatorios no son, por supuesto, sólo una cuestión de debate filosófico, sino que corroen los cimientos de la convivencia humana y no se pueden pasar por alto.

Por ejemplo, hemos leído cómo niñas y mujeres que caen por desgracia en manos del Estado Islámico, son violadas hasta decenas de veces al día por sus militantes, o vendidas al mejor postor, por cantidades que pueden oscilar entre mil y tres mil dólares.

Pero inclusive la ONU ha señalado que el Estado Islámico vende niñas desde los ocho años, a 165 dólares “como si fuesen barriles de gasolina”. Son esclavas sexuales en su mayoría de origen cristiano o yazidí, y se habla de tres mil de ellas en los territorios ocupados.

Existen informes que narran cómo los captores incluso decapitan a niñas y mujeres inocentes por haberse negado a consentir actos sexuales con sus secuestradores. Otras niñas y adolescentes son vilmente vendidas a prostíbulos, donde son violadas por decenas de hombres al día.

Estado Islámico también ha comercializado prisioneros capturados en masa, tras haber detenido y secuestrado a cerca de dos mil yazidíes -que son una minoría kurda- durante un combate en Irak, en agosto de 2014. La justificación que de la esclavitud de niñas, mujeres y hombres, hace el Estado Islámico es, por supuesto, religiosa, alegando que tales prácticas son parte de su ley islámica.

Se calcula que cerca de 100 mil mujeres sufren las leyes del Estado Islámico en Raqqa, desde que esta ciudad fue tomada por los milicianos terroristas. Las mujeres se ven forzadas a actuar de acuerdo con la llamada una ciera “sharia” o ley islámica, que realmente contradice los más básicos derechos humanos, y quienes no acaten estas disposiciones retrógradas, inhumanas, se ven expuestas a castigos e incluso a decapitaciones públicas, como sucedía en el mundo hace cientos de años.

También ese repugnante grupo de asesinos utiliza en su propaganda a recién nacidos y a niños. En las redes sociales podemos ver fotografías de bebés y de niños pequeños, junto a pistolas, granadas, ametralladoras y otras armas largas, con leyendas que aluden a que su guerra contra el cristianismo, contra la civilización occidental, será continuada por las generaciones de los más jóvenes, incluso por aquellos que han nacido apenas.

Leila Zerrougui, relatora de la ONU para niños y conflictos armados ha comentado ante el Consejo de Seguridad, que el Estado Islámico usa a cientos de niños reclutados a la fuerza, secuestrados o coercionados con amenazas a sus familias, para cometer asesinatos.

El secretario general adjunto de la ONU para asuntos humanitarios, Stephen O’Brien, ha revelado que 2.2 millones de personas viven bajo “el terror y el yugo” en zonas bajo el control del Estado Islámico, en donde no es posible llevar ayuda humanitaria de ningún tipo.

Así las cosas, este grupo sigue decapitando, enterrando vivos, y crucificando a quienes no coinciden con sus ideas, a quienes denomina “infieles”, haciendo gala de la más rancia ideología de no respeto a las diferencias, y no hay apoyo de organismos humanitarios que accedan a socorrer a los muchos que lo necesitan.

Esa cifra es parte de los 4.5 millones de sirios que la ONU considera habitan en zonas de difícil acceso, y quienes virtualmente no reciben ninguna asistencia para subsistir pese a requerirla de “manera desesperada”, de acuerdo con O’Brien.

Por su parte, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en su reciente gira por Asia, ha declarado su promesa de destruir al Estado Islámico, calificándolo como un grupo de un puñado de “asesinos con buenos medios de difusión social”, y al que todos debemos enfrentar sin caer en su juego, sin tener miedo, ni sentirnos paralizados, ya que tal grupo no tiene la capacidad para vencer a un Estado Occidental, por lo que recurren a infundir miedo a la población civil.

Se necesita, sin duda, que la educación en México y en Occidente en general, acentúe mucho más el respeto a los derechos humanos, y valores democráticos como la tolerancia a la diversidad de pensamientos, ideologías y religiones, de respeto a la vida humana, respeto a los infantes y a mujeres y hombres, derecho a la libertad de expresión y de asociación.

Necesitamos que la educación que reciben nuestros hijos, nuestros niños, desde la más temprana edad, integre valores humanistas, y se fomente el pensamiento razonado, crítico, no dogmático, de manera que nadie al crecer pueda ver como “normal” un pensamiento monolítico que considere que es el único válido y que los demás merecen un castigo o hasta la muerte si no actúan de acuerdo a sus reglas, por muy fundamentadas que pudieran estar en algún texto sagrado.

Ninguna religión puede justificar asesinatos, torturas, agresiones a niñas, barbaries como las que lamentablemente hemos visto por parte de los fanáticos terroristas de Estado Islámico. Cabe por estas razones, insistir en la separación Iglesia – Estado, algo sano, y también en la imperiosa necesidad de recalcar la importancia de la educación laica, según la cual no pueden ser impartidos valores religiosos de ninguna denominación, a través escuelas públicas.

La lucha contra el fanatismo religioso y sus temibles consecuencias empieza en casa, y sigue en la escuela pública. Los derechos humanos son una conquista de las naciones democráticas del mundo, que no pueden permitir que haya regresiones a los estados más oscuros de la historia humana, en donde las autoridades de alguna religión se erigen como censoras universales y persiguen a todo el que piense distinto, brutalmente torturando y asesinando a todo detractor. Debemos entonces insistir en la urgencia de combatir fanatismos y dogmatismos en todo frente, por el bien de la libertad en México y el mundo.

@raultortolero1

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