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Domingo 17 de Diciembre de 2017

La corrupción va ganando la batalla

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Raúl Tortolero

La corrupción en los tres años de la presente administración federal no parece estar siendo combatida de ninguna manera, y, más bien, todo indica que va creciendo y multiplicándose, y los escándalos relacionados con ella, cada día son más frecuentes.

Imposible no recordar los muchos casos asociados a la corrupción ocurridos recientemente, como el de la Casa Blanca y la de Malinalco. Y la fuga del Chapo Guzmán es un ejemplo de corrupción destructora en el más alto nivel, y una vergüenza internacional.

Para un ciudadano con un criterio equilibrado, imposible que la confianza en las instituciones del gobierno federal siga igual luego de estos casos, por sólo mencionar algunos.

La fuga del Chapo muestra realmente el fondo de la situación de la corrupción en este sexenio. Además de que es increíble que alguien pudiera construir un túnel de ese largo sin que nadie escuchara o viera nada y nadie denunciara nada, y que no era la primera vez que este capo se fugaba de un penal, el propio Peña había señalado que sería imperdonable que tuviera lugar una segunda fuga.

Y no sólo eso. Esa fuga ejemplifica lo que en México podemos entender por “penal de máxima seguridad”. Y más aún, de un sistema penal totalmente inoperante e inepto.

¿Qué es en México un “penal de máxima seguridad”? Es un lugar en donde impunemente un reo puede girar instrucciones a través de alguna o varias de sus visitas, para que un equipo de expertos en construcción de túneles, pueda conseguir los planos actualizados y exactos del inmueble, comprar un terreno grande adyacente, y coordinar las excavaciones, al tiempo que el dinero corra por todos lados para asegurar el silencio de todos, o bien, las amenazas sean igualmente prodigadas para el mismo fin. Y así, finalmente se pudo conseguir el objetivo y el Chapo se fue.

Hace pocas semanas, la directora del área de Anticorrupción del Instituto Mexicano de la Competitividad, María Amparo Casar, comentó que en nuestro país, la lucha contra la corrupción cuesta el equivalente a “87 veces el presupuesto de la UNAM”. O bien, añadió, “7.7 veces los recursos destinados a la Sedesol y tres veces los de la SEP”, lo cual se traduce en la cifra de cerca de 890 millones de pesos, que además no son, evidentemente, suficientes para su erradicación.

Pero no parece que un solo centavo de ese dinero esté bien invertido. No es racional que se nombre como titular de una institución responsable de vigilar que no existan actos corruptos a un amigo del presidente, y que al final de una supuesta investigación, éste resulte exculpado o inocente en el tema de la Casa Blanca. Eso es una broma.

En México la corrupción genera miles de problemas, muchos de los cuales están a la vista: un sistema de justicia y de seguridad pública penoso, en donde los pobres van derecho a la cárcel en las mismas condiciones en que un influyente y adinerado criminal sale libre o incluso nunca pisa la prisión.

Miles de contratos, muy pocos de los cuales trascienden a la opinión pública, se concretan bajo condiciones sospechosas, chuecas. Miles de funcionarios públicos trabajan para sus propios intereses, no para los de la gente que acaso votó por ellos.

Y la tramitología, la burocracia, nos desgasta y nos hace perder el tiempo, hasta el grado de que pareciera que la corrupción es el único camino pagar por saltar tantos requisitos para todo, sea para sacar un pasaporte, o para poder poner un negocio. O para que habiendo sido detenido alguien inocente, pueda salir libre, porque en México hay que demostrar la inocencia, y no como debería ser, por ley, que eres inocente hasta que no se compruebe lo contrario.

Mucha gente está asqueada del mar de corrupción en el que nadamos en México, y optan en irse a vivir al extranjero, si es que cuentan con la posibilidad de hacerlo. Si te detiene un policía en la calle, va a querer dinero para dejarte ir. Los agentes de investigación de las procuradurías, además de prepotentes, son corruptos y hemos sabido de casos en que son detenidos por los mismos delitos que se supone están combatiendo. Me reservo ahondar en ejemplos al respecto por ahora, aunque sobran.

El caso de Arturo Escobar y sus operaciones electorales en el Partido Verde, son un ejemplo más de corrupción tolerada por el gobierno y sus instituciones. Vale más conservar libre a un operador que les ayudó a mantener la mayoría en el Congreso, que investigarlo y sancionarlo, e incluso desaparecer el registro de ese partido por la reiterada comisión de irregularidades, a los ojos de todos.

La inseguridad es otra expresión más de la corrupción. No es combatida la inseguridad, los asesinatos, robos, extorsiones, secuestros, fraudes, violaciones, son cosas cotidianas, y no son investigadas y capturados los responsables, más que en un muy bajo porcentaje, y esto es un gran estímulo para que los criminales sigan perjudicando a la gente honrada, que vive asfixiada sin la ayuda de gobiernos serios y responsables que vean por ella.

En estas condiciones llegamos a la mitad del sexenio. Y nada advierte que pueda haber un cambio de rumbo por parte del gobierno federal. Se necesita que todos despertemos y que pensemos bien el sentido de nuestros votos en 2016, para que no se sigan perpetuando las cadenas de corrupción y grave impunidad que por ahora nos tienen bajo su yugo. Es la hora de luchar.

@raultortolero1

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1 comentario

  1. VICTOR M. GRANADOS el

    YO SI CREO EN MÉXICO, EN QUIENES NO CREO ES EN QUIENES NOS GOBIERNAN.

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