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Lunes 18 de Diciembre de 2017

Recaptura del Chapo Guzmán: ¿Misión cumplida?

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Raúl Tortolero

La recaptura de Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, alias el “Chapo” Guzmán, no puede considerarse como ninguna “misión cumplida”, pese a que así lo haya querido vender el presidente Enrique Peña Nieto, en su cuenta de Twitter, este viernes 8 de enero.

Ese día, a las 12:19 horas, Peña tuiteó: “Misión cumplida: lo tenemos. Quiero informar a los mexicanos que Joaquín Guzmán Loera ha sido detenido”. Tras eso, reinó un ánimo triunfalista en el gobierno federal, se vieron abrazos, se escucharon aplausos, sobraron felicitaciones y sonrisas. Pero… ¿Cuál es la “misión” que ya podemos considerar como “cumplida”?

¿Será que acaso la “misión” del gobierno federal es sólo recapturar capos que hayan escapado de las porosas cárceles de su propio sistema penal? Un sistema penitenciario súper corrupto, y con más huecos legales y físicos para escurrirse que un queso gruyer, que primero permitió que se fugaran…

No tiene lógica la idea. ¿Por qué tanta celebración, si es patético que un preso haya podido corromper a muchos y contar con su complicidad para construir un túnel de cerca de mil 500 metros de largo, sin que supuestamente nadie se haya dado cuenta, y luego escaparse por él?

El bochorno de esa fuga de ninguna manera se ve borrado por la recaptura del Chapo. Y la recaptura tampoco modifica en lo más mínimo la situación del crimen organizado en el país. Es apenas la mínima corrección del penoso desastre que representó la huída del Chapo, que nos hizo ser vistos a nivel internacional como un país corrupto y de instituciones débiles y nada serias.

¿Por qué no? Porque el negocio trasnacional del narcotráfico sigue tan campante como siempre. Ya hay muchos nuevos líderes del cártel de Sinaloa y de otros cárteles también, que pueden sustituir a los que caigan presos, así sean una leyenda, de manera que la demanda de drogas en Estados Unidos, sobre todo, pero también en decenas de otros países más, incluyendo México, claro, sea totalmente saciada.

Ya pasaron tres años de la administración peñista y no vemos una estrategia clara, bien planteada, y mucho menos puesta en marcha, para desmontar las estructuras financieras, operativas, armadas, que permiten que esa gran embarcación criminal continúe navegando a todo vapor.

Nadie ha tocado los bienes del Chapo y de su cártel. Prueba de eso es que en la reciente entrevista que le concede el sinaloense al actor norteamericano Sean Penn, el primero se jacta de contar con una flota de aviones, submarinos, barcos y camiones… Esto lo declaró el 28 de septiembre, cuando tuvo lugar el encuentro entre el capo más buscado del mundo, Sean Penn y la actriz Kate del Castillo.

Es decir, lo declaró meses después de haberse fugado del penal de supuesta máxima seguridad del Altiplano, el pasado 12 de julio de 2015. Pasó medio año y el señor Guzmán sigue contando con una flota completa de transportes que funcionan en aire, agua y tierra, para mover sus mercancías, sin que el gobierno haga nada. ¿Eso es misión cumplida?

Además, el Chapo, si bien es la más conocida y representativa cabeza del cártel de Sinaloa, no es la única en esa agrupación, que genera ingresos anuales por 3 mil millones de dólares, según un cálculo hecho por el diario New York Times en 2012. Hay más líderes, entre los cuales destaca el Mayo Zambada, de perfil más discreto, pero no de menor importancia.

El cártel de Sinaloa da trabajo a miles de mexicanos en todo nuestro país, y a cientos de extranjeros en los países donde opera, que han sido calculados en al menos 50, en todos los continentes.

En México, para que pudiera hablarse de una “misión cumplida”, habría primero que desmantelar por completo todas las estructuras de este cártel, pero esto pasa necesariamente por generar miles y miles de empleos, desde los niveles campesinos, propiciando cultivos alternos pero igualmente lucrativos que los de mariguana y opio, hasta los más altos niveles de profesionistas, creando opciones legales realistas para quienes hoy en día se han puesto al servicio de esa causa antisocial.

No basta, entonces, con una captura -o aún una recaptura- de nadie para dejar atrás la violencia asociada al narcotráfico, y mucho menos para resolver la pobreza que tradicionalmente ha orillado a tanta gente a optar por el camino de la ilegalidad. No hay empleo, y no hay empleo bien pagado. El crimen pese al carácter antisocial que comporta siempre, ha cubierto –así sea falsa y eventualmente- la necesidad de dinero de muchos mexicanos. Y el gobierno no ha tenido los tamaños para entenderlo y tampoco para resolverlo.

La glorificación de la droga y de sus capos

La educación es el otro gran elemento que no se está tomando en cuenta cuando se presume una “misión cumplida”. La falta de acceso a la educación en todo el país, así como el estancamiento de los niveles de calidad de la misma, provocan un serio problema transgeneracional, que este gobierno tampoco está sabiendo acotar.

Y ya no hablemos de que, a nivel cultural, el gobierno está perdiendo totalmente la batalla contra el narco. Esto salta a la vista. Hay muchísima más cultura que glorifica y presenta con glamour a los narcos, que a las fuerzas del orden, que trabajan por la ciudadanía.

Hay miles de corridos que narran las hazañas de los narcos, hay series de televisión, películas, videos, que presentan como positivas las acciones y las vidas de los narcos. El propio Chapo, según refieren las autoridades a raíz de su recaptura, estaba planeando una película biográfica, que no dudamos se estrene pronto, producida tal vez por los actores con los que se reunió hace meses.

Pero no vemos canciones, corridos, películas o series que presenten el heroísmo de las fuerzas armadas, de las policías, de los agentes de investigación, del Ejército y de la Marina. La guerra cultural y de propaganda, la sigue perdiendo el gobierno, la sigue perdiendo el Estado mexicano en su conjunto. Por lo tanto, los patrones de conducta que son más promovidos masivamente son los de los delincuentes, y serán entonces los más imitados. A esto llamo ir perdiendo la batalla.

Y esto en mucho se debe al descrédito que hay en México por las instituciones. No vende una película que presente como héroes a los policías, por ejemplo, porque son de los personajes más corruptos y devaluados, y la gente no les tiene confianza. Muchos de ellos se han pasado del lado de la delincuencia, y si vamos a hacer películas de malos, la gente prefiere a los narcos, siempre que se le vendan como los Robin Hoods contemporáneos.

Sean Penn en la Rolling Stone

Llamó la atención que, en estrictos términos de impacto mediático, primero la noticia de la recaptura pareció positiva (y hasta capaz de hacer revivir las aspiraciones presidenciales del secretario Osorio Chong). También fue útil para tapar –momentáneamente- el aumento del precio del dólar a más de 18 pesos, y la nueva caída del precio del petróleo.

Pero al día siguiente, muchas portadas ya no parecieron tan halagadoras al gobierno. Porque no fueron dedicadas a resaltar los esfuerzos de inteligencia y de coordinación de las instituciones de justicia y seguridad mexicanas para lograr atrapar de nuevo al Chapo, sino dedicadas al polémico Sean Penn y a Kate del Castillo, por su visita y entrevista al jefe del cártel de Sinaloa. Esto opacó los brillos de la recaptura, y fue algo adverso al gobierno, porque evidenció que dos actores por sí solos fueron capaces de ubicar y hasta reunirse con el capo, mientras que el Estado Mexicano no pudo, sino hasta meses después…

La crónica de Sean Penn, ese actor que ama aparecer fotografiado junto a los enemigos de los Estados Unidos, de su libertad, de su democracia (ejemplos de esto: Hugo Chávez, cuando era el dictador de Venezuela) escribió una larga y detallada relatoría de su viaje y encuentro con el principal traficante de drogas del mundo en la revista Rolling Stone, pero no revela nada que valga la pena, y tampoco, ni tibiamente, toma partido ni a favor ni en contra de la libertad de consumo o producción de sustancia alguna…

Hay quienes se preguntan si incurrieron en un delito Sean Penn y Kate del Castillo al visitar al Chapo. No parece ser así. Entrevistar a quien sea no es un delito, sino el uso de la libertad de expresión, y el ejercicio periodístico.

Pero -se ha contrapuesto-, Kate no es periodista, ni tampoco lo es Sean Penn. No lo son de profesión, pero aquel que escribe un texto periodístico en un medio de comunicación, en este caso la conocida revista estadounidense Rolling Stone, debe gozar de los mismos derechos que un periodista de formación.

Por último, una prueba más -y acaso la más contundente de todas-, de que no hay ninguna “misión cumplida”, será la pronta extradición del Chapo Guzmán a los Estados Unidos. Esto reconfirmará que México cuenta con un sistema de justicia penal tan corrupto y poco viable, tan desordenado e injusto, tan pobre y deficiente, que no es capaz siquiera de mantener presos a quienes deben estar presos. Y por ello hay que recurrir a Estados Unidos, para que ellos puedan hacerse cargo de nuestros capos y darles un castigo en sus tierras.

Entonces, si no hay un desmantelamiento estructural de las finanzas de los cárteles en México, de sus cuentas bancarias, de sus propiedades, ni de sus empresas de lavado, ni de su personal contable, campesino, armado, de transporte, pero tampoco las instituciones de inteligencia aportan datos que lleven a detenciones serias y sistemáticas, ni hay un sistema penal eficaz… ¿Cuál es la misión cumplida de la que habla el gobierno federal?

Es la hora de luchar.

@raultortolero1

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2 comentarios

  1. Sí el dinero para la realización de la película hubiese o llega a salir del Chapo (aún desde prisión), me atrevo a presumir que es lavado de dinero, y por ello los actores referidos,que parecen ser parte de los promotores de tal filme, deben ser investigados sobre tales propósitos, ¿no lo cree? Y sí, no es misión cumplida, pero si un triste éxito para EPN, aunque tanto nos moleste este indigno gobierno.

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