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viernes, abril 19

CNTE: Tácticas Golpistas

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Los últimos días se han registrado diversos enfrentamientos entre la policía y los profesores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), con movilizaciones en Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán y notablemente la Ciudad de México. La estrategia de los maestros está encaminada a echar abajo la reforma educativa de Enrique Peña. Pero la táctica de los maestros se acerca al golpismo.

Golpe de Estado es un término equívoco. Se supone que es un acto realizado por órganos del propio Estado, para reforzar su poder; implica un cambio de gobierno, en violación a la Constitución. La forma más común es la del golpe militar, es decir la toma del poder por parte del ejército.

En nuestro país, el último golpe de Estado que dio el ejército mexicano fue el derrocamiento y asesinato de Francisco I. Madero, asesorados los militares mexicanos por personal de la Embajada de los Estados Unidos. Acierta el New York Times del pasado 26 de mayo, en un artículo donde denuncia que el Ejército mexicano mata más personas de las que hiere -lo cual implica ejecuciones extrajudiciales.  Pero yerra el periódico más influyente del mundo, cuando afirma que México “a diferencia de otras naciones latinoamericanas, nunca ha sufrido un golpe de estado”.

El golpe de Estado contra Madero lo dio el Ejército mexicano –una parte de él. Lo hicieron militares mexicanos con financiamiento extranjero, pues hay testimonio de que algunos golpistas –si no mal recuerdo se trataba de Victoriano Huerta– aparecieron con fajos de billetes y repartían generosas propinas al salir de visitar al embajador estadounidense y antes del día del golpe de Estado contra Madero.

En teoría, el golpe también lo puede dar el propio jefe del Estado, para acrecentar o hacer absoluto su poder. Lo hizo Napoleón Bonaparte el día “18 Brumario” (la revolución francesa cambió los nombres de los meses y fechas) y lo repitió su sobrino Luis, décadas después. Uno de los mejores análisis políticos de la historia, lo elaboró Carlos Marx a propósito de éste último, en el famoso texto El 18 Brumario de Luis Bonaparte.

Siempre que se cuente con la suficiente fuerza, se puede tumbar o derrocar a un gobierno. Lo más “fácil” es el golpe militar, pues los ejércitos tienen la fuerza para deponer a su jefe -el presidente. En los años setentas, la mitad del mundo tenía gobiernos surgidos de golpes de Estado.

Ahora la figura está en desuso, relativamente. La forma política dominante en la actualidad, es la democracia, que requiere del Estado de Derecho y excluye los golpes de Estado. Los supuestos “golpes de estado judiciales” o parlamentarios, de los que se queja últimamente la izquierda latinoamericana (se lo aplicaron a Dilma Roussef en Brasil y está surgiendo otro en Venezuela), no son más que maniobras políticas legaloides que operan dentro del régimen democrático, o al menos republicano. Pues dentro de la ley, también se puede deponer a un presidente.

En el caso de la CNTE, de ninguna manera los profesores pueden pretender sustituir al gobierno –eso es algo irrealizable. Pero, como se dijo arriba, los maestros de la CNTE sí están utilizando algunas tácticas golpistas.

Sin embargo, en la CNTE hay en realidad una variedad de tácticas. Algunas de sus acciones tiene un cierto tono propagandístico, como cuando atacan, apedrean o prenden fuego a las oficinas estatales (ya ocurrió en Chilpancingo, Guerrero), etcétera. Eso expresa un hartazgo y ánimo de venganza social; mal humor social, refiere el aséptico presidente Peña. Pero ese tipo de tácticas han sido calificadas como algo muy ingenuo, por uno de los principales analistas del golpismo a nivel mundial: Curzio Malaparte.

Curzio Malaparte –es un seudónimo- sostiene en su libro Técnica del Golpe de Estado, disponible gratuitamente por internet, la tesis de que precisamente existe una cierta técnica para derrocar a cualquier gobierno, independientemente de las condiciones particulares de un determinado país.

Malaparte sostiene que para conquistar el poder, los golpistas no deben solamente ocupar las sedes del poder político (las cámaras legislativas, el palacio nacional, etc.).

Lo importante, según el autor, es adueñarse de los centros técnicos de poder: la TV, la radio, las centrales y cables eléctricos, los ferrocarriles, los puentes y caminos principales… Yo añadiría la provisión de agua y servicio de teléfonos fijos, así como el ataque a sitios web del gobierno, mediante “hackers”. Eso es lo que permite derrocar a un gobernante, pues de este modo se le impide funcionar a cualquier gobierno.

En el caso mexicano, es notable que la CNTE se está acercando a las tácticas golpistas efectivas. El jueves pasado, en Oaxaca los profesores bloquearon el aeropuerto, acordonaron el instituto estatal de educación, retuvieron unidades motorizadas y retiraron propaganda política.

En Guerrero, ocuparon un tramo de la llamada Autopista del Sol. Se cruzaron allí las agendas, pues se comenzó a protestar por el despido de profesores y las desapariciones de Ayotzinapa.

Dos días después, el sábado, fueron bloqueadas en Chiapas estaciones de radio y TV -las cuales se acostumbran ocupar durante los golpes de Estado.

Es decir, hay en la CNTE una mezcla de tácticas golpistas efectivas, con simples tácticas propagandísticas. Las oficinas en realidad no son más que “un montón de escritorios viejos”; las oficinas sólo son el conducto del poder, pero no son los centros de poder real. El poder no está allí.

Malaparte aborda también la forma del golpe de Estado que tiene menos posibilidades de triunfo: la insurrección o levantamiento popular. Reitera que el poder se consigue controlando los centros técnicos y tecnológicos, así como los servicios públicos. Y la CNTE ya lo ha estado haciendo; quizá deliberadamente, quizá de modo un tanto casual.

El autor estudia la propuesta de León Trotsky, que en síntesis consistía en: ocupar las ciudades, apoderarse de los puntos estratégicos y así derrocar al gobierno. Eso requiere grupos de asalto y no movilizaciones masivas. “Poca gente, las masas no nos sirven de nada; una pequeña tropa basta –dijo Trotsky, según Malaparte- el pueblo entero es demasiado para la insurrección.”

El acordonamiento del aeropuerto de Oaxaca, la toma de la Autopista del Sol, el estrangulamiento de las entradas a las diversas ciudades, el bloqueo de estaciones de radio y TV: todo eso sí afecta el funcionamiento normal de una sociedad y obstruye el ejercicio del poder. Por ello, podemos considerar que esas tácticas pueden legítimamente denominarse al menos tácticas “proto-golpistas”.

Otras tácticas que están utilizando los profesores no son propiamente golpistas, pero sí efectivas. Se han unido los maestros con los padres y familiares de los 43 normalistas desaparecidos de la Escuela Normal de Ayotzinapa, Guerrero.

Unificar sus demandas con otros grupos, puede aumentar exponencialmente la fuerza de los maestros. Si se unen a los familiares de los normalistas, los profesores por principio de cuentas, se legitiman. Pues los están aceptando e indirectamente legitimando unas víctimas de fama mundial: los padres de los normalistas desaparecidos.

Ahora bien, si se unen a otro grupo recientemente volcado a la protesta, pueden convertir su movimiento en una rebelión nacional. Me refiero a los estudiantes de las escuelas vocacionales del Instituto Politécnico Nacional.

El movimiento estudiantil en el “Poli” recientemente estuvo en auge; tiene entre sus miembros a los más arrojados del sector estudiantil: los estudiantes de bachillerato. El gobierno los ha ignorado olímpicamente, pues los grupos “porriles” en muchas escuelas politécnicas no han sido eliminados y el gobierno peñista sólo prometió hacerlo –hace dos años. Por tanto, no es dialogando con el gobierno como los estudiantes lograrán liberarse de los “porros” que tolera y a veces manda el propio gobierno.

Si los estudiantes politécnicos se unen a los profesores y al resto de los estudiantes del país, pueden incluso intentar derrocar al gobierno –al menos teóricamente, es factible hacerlo.

Unificar las demandas es lo que más teme el gobierno. Una vez escuché a un funcionario gubernamental decirlo (un amigo de mi padre: Luis Ortiz Monasterio). Por lo tanto, eso es precisamente lo que hará la CNTE, pues es lo que más daño le hará al gobierno federal. Unificar las demandas: agregar las demandas de los multicitados normalistas, pedir la supresión de los “grupos porriles”, la defensa de la educación pública, la admisión a licenciatura de los estudiantes de bachillerato y en general la supresión de la reforma educativa. Eso es un paquete potente, acaso explosivo.

La unificación es posible, pues tanto los profesores de la CNTE, como los estudiantes politécnicos y los normalistas, son víctimas del ataque gubernamental. Es decir, tienen un enemigo común. ¿Percibirá la CNTE esa “extraña coincidencia”?