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Domingo 30 de Abril de 2017

“El Bronco” y “las panzonas”

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  Profesor UAM-Xochimilco y UPN-Ajusco

  El lunes 13 de junio, el Gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón, alias “El Bronco”, dijo unas palabras que causaron revuelo y polémica entre las “buenas conciencias” del país, encabezadas por el Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES) y la Cámara de Diputados. Ya saben, instituciones públicas que creen tener una elevada “autoridad moral”.

Refiriéndose a las adolescentes que quedan embarazadas por el ejercicio irresponsable de su sexualidad, “El Bronco” les dijo a las madres y a los padres de familia que: “a las niñas gordas no las quiere nadie”. El gobernador neoleonés dijo, en términos llanos y populares, una cosa muy cierta, pero sumamente incómoda, y ya saben ustedes: la verdad no peca, pero incomoda.

“El Bronco” expresó simple y llanamente, en términos rancheros, muy a su estilo, la enorme molestia que genera en las familias y en la sociedad entera el fenómeno de las adolescentes-madres. Y quien diga lo contrario está mintiendo, sólo para pasar como “hermana de la caridad”.

A las madres y los padres de familia no les hace ninguna gracia que sus hijas, que incluso no pueden ni con sus propias vidas, traigan una nueva vida al mundo. Una nueva vida que, obviamente, tendrán que cargar sobre sus espaldas los abuelos de la “criaturita”, con todo lo que ello supone. Sinceramente, no veo cómo los abuelos puedan estar a gusto ante una situación así, menos aún con los tiempos críticos que se viven y se seguirán viviendo en materia económica.

Las adolescentes-madres alimentan el círculo vicioso de la pobreza, la marginación, el atraso y la disfuncionalidad familiar, sobre todo cuando forman parte de familias generacionalmente carentes de recursos económicos y de estabilidad emocional. Y, por lo general, el fenómeno de las adolescentes-madres suele pasar en esta clase de familias, porque las familias pudientes mandan a sus hijas a abortar a la Ciudad de México o a EEUU. Y si son familias muy conservadoras con cuantiosos recursos, de seguro tendrán mucho dinero para pagar un ejército de nanas que se encargue del cuidado (que no de la educación) de la criatura, mientras la “nena” se sigue yendo “de antro” todos los fines de semana, como si nada hubiera pasado.

Pero las adolescentes-madres también generan molestia en la sociedad en general, porque sabemos que, de inmediato, cualquier político populista pasa a encajarles a los contribuyentes la financiación de programas sociales de ayuda y apoyo a las madres adolescentes, a las madres solteras, a las madres abandonadas, etc. Políticos al estilo Andrés Manuel López Obrador (de MORENA) o “El Niño Verde” (del PVEM). Total, siempre es bueno quedar bien con las masas irresponsables a costa del erario público. Financiar errores ajenos siempre genera buenos dividendos electorales.

“El Bronco” dijo una gran verdad, le pese a quien le pese. Quizá le hizo falta, únicamente, haber sido más específico en la expresión. Algo así como: “A nadie le agrada el fenómeno de las adolescentes-madres, comenzando por ellas mismas”.

No nos engañemos como sociedad. No cometamos nunca este error. A nivel individual, familiar y social, el fenómeno de las “chamacas panzonas” resulta muy desagradable y reprobable, por donde se le observe. Y espero que a mí las “buenas conciencias” no me intenten fastidiar con su moralina lingüística, porque el términos “chamacas panzonas” es de uso coloquial.

“¡Ay, comadre, esta recabrona chamaca ya me salió panzona!”. ¿Alguien de ustedes ha escuchado a alguna madre típica mexicana diciendo algo así como: “¡Verá usted, comadre, pues resulta que mi hija ha resultado accidentalmente preñada de un preparatoriano y no sabe usted lo dichosos que estamos!”?

Recién en marzo de este mismo año, el demógrafo Carlos Welti, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, habló de una verdadera “epidemia de embarazos adolescentes”: al año, el 20% de los nacimientos en nuestro país son de mujeres menores de 19 años, lo que equivale a algo así como 400 mil nuevas personas, que demandarán todos los bienes y servicios que precisa un ser humano común y corriente.

¿A qué persona medianamente inteligente y sensata esta situación le puede resultar agradable y deseable para nuestro país? El embarazo adolescente es un terrible y pesado problema nacional, que ya nos está acarreando efectos perniciosos.

Y, por cierto, ¿qué están haciendo el Instituto Nacional de las Mujeres y la Cámara de Diputados para frenar este flagelo social? Les voy a decir qué: el INMUJERES participa activamente en la Estrategia Nacional para la Prevención de Embarazo Adolescente (ENAPEA), que, aunque atinada, es limitadísima; mientras que la Cámara de Diputados reformó (en abril de 2015) el Código Civil Federal, a objeto de prohibir la celebración del matrimonio antes de los 18 años de edad, como si esta medida sirviera como “método anticonceptivo”.

Pero ninguna de estas dos instituciones públicas, que sostenemos con nuestros impuestos, ha propuesto o promovido la legalización del aborto universal y gratuito a nivel federal, porque ambas instituciones, pese a formar parte de un Estado Laico, siguen sometidas a los dictados de la mitología judeocristiana. ¡Y esto sí que es para indignarse, más incluso que las palabras del Gobernador de Nuevo León!

Debemos dejar de ser una sociedad hipócrita y poco inteligente. Somos una sociedad no quiere reconocer la enorme fuerza sexo-erótica de nuestros adolescentes. Una sociedad que se niega a aceptar que sus jóvenes tienen relaciones sexuales desde los 13, 14 y 15 años de edad.

Estamos cerrando los ojos ante una situación crudísima y lo estamos pagando muy caro. Aceptemos, de una vez por todas, que nuestros chavos están teniendo sexo, porque les gusta sentir sabroso, nada más. Para que no arruinen sus vidas, la anticoncepción, en todos sus niveles, resulta esencial.

Así que debemos sugerirles a las “buenas conciencias” de la nación, especialmente al INMUJERES y a la Cámara de Diputados, que no se distraigan en bobadas y se vayan a la esencia de las cosas.

Y ojalá “El Bronco” se aviente el tiro y promueva la legalización del aborto en Nuevo León. Y, pues sí, es cierto que todavía hay mucho conservadurismo en Nuevo León, pero por eso al Jaime le dicen “El Bronco”… ¿o no?

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