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Miércoles 26 de Abril de 2017

Un paso adelante para dar dos atrás

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Por Rubén Cortés.

Es turbadora la conclusión que se lee en un documento interno de la Comisión Nacional de Seguridad filtrado ayer a destajo, acerca de los saqueos a tiendas perpetrados por una mayoría que aunque no tiene coche se molestó por el incremento del precio a la gasolina:

De acuerdo a los sucesos presentados, al menos siete estados presentan un alto nivel de riesgo para la comisión de nuevas conductas antisociales y delictivas, por lo que dichos estados se encuentran posicionados en un alto nivel de vulnerabilidad criminal, delictivo y victimológico”.

Es decir: no sólo va perdiendo, sino que seguirá perdiendo esa gran mayoría de la población que paga impuestos, va a trabajar todos los días (aumenten o no el precio de la gasolina, baje o suba el valor del peso) porque nadie le va a regalar nada.

Peor todavía, porque el pronóstico de los encargados de asegurar la seguridad nacional inquieta más al leer también que:

Por lo que el aumento de estas conductas pueden presentar un mayor aumento en las distintas entidades, generando un alto nivel de vulnerabilidad para cometer conductas antisociales en contra de cualquier integrante de la sociedad”.

Más alarmante resulta el hecho de que la determinación de liberar el precio de la gasolina llega con una década de retraso, pero ningún gobierno la tomó para no pagar los costos políticos. Sin olvidar que si el gobierno actual lo hizo fue porque se le acabaron todos los trucos para dilatar la decisión.

Es una decisión que ningún gobierno en este país habría tomado para no pagar costos políticos. Si el actual la tomó fue porque, entre la cadena de corrupción y la baja en los precios del petróleo, para mantener el precio habría tenido que gastar 200 mil millones de pesos que ni en sueños tiene.

En el asunto de la gasolina resultó siempre más cómodo subsidiar, aprovechando que el país producía más petróleo y vendía el barril a más de 110 dólares, por lo que los gobierno tenían excedentes de dinero en sus arcas.

Sin embargo, la comodidad de comprar paz social con gasolina barata resultó, primero, un crimen, porque aquellos excedentes de dinero debieron ser usados en el gasto social; y segundo, porque significó sembrar una bomba de tiempo que iba a estallar si algún día la gasolina dejaba de ser subsidiada.

El resultado es que la decisión correspondió a un gobierno que afronta su quinto año de ejercicio con un desgaste notable en su imagen pública y con una escasa capacidad para confrontar los usuales hechos políticos que deterioran la imagen de los gobernantes.

Y, para colmo de males lo hizo en un momento poco oportuno.

En política le llaman mal timing.

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