web analytics
Martes 21 de Noviembre de 2017

Marcelino Perelló y la libertad de expresión

0

Estoy molesto con mi sociedad, mi gobierno y las autoridades de la UNAM. ¿Quieren saber por qué?

Es muy sencillo: porque mi sociedad, mi gobierno y las autoridades de la UNAM no han comprendido cuál es el alcance de la libertad de expresión dentro de las sociedades democráticas. Así de simple.

Ya todos ustedes saben que las obtusas autoridades de la UNAM cancelaron el programa Sentido Contrario, conducido por el polémico ex dirigente del 68, Marcelino Perelló, sólo porque éste expresó ideas que resultaron falsas para la comunidad científica y la ciencia jurídica, e incómodas para la mitología feminista (esto es lo de menos, porque las mitologías no nos deben merecer mayor consideración).

Muy cierto es que Marcelino Perelló dijo muchas cosas sin sustento científico y sin la más mínima investigación. Desplegó información falsa y pésimos argumentos, claro está. Muy notorio resultó su desconocimiento sobre algunos temas de corte jurídico (sí existe violación sin “verga”).

Perelló también se atrevió a decir que, según la “literatura especializada” (¿?), hay mujeres que sólo sienten orgasmos cuando son violadas, sin jamás exhibir ni mencionar sus referencias documentales. Una afirmación tan controversial bien merece, al menos, un par de referencias bibliográficas serias.

Sí, es cierto, Marcelino Perelló dijo muchas estupideces en su emisión del 28 de marzo de 2017: emisión que ha sido reproducida ad nauseam a lo largo de los días más recientes.

Pero si lo anterior es molesto, no menos molesto resulta el que las autoridades universitarias se atrevieran a censurar los puntos de vista de su conductor y profesor Marcelino Perelló en vez de contra-argumentarlos, tal como correspondería en un sistema democrático, en un sistema de libre discusión de las ideas, en un sistema de debate público, en un sistema de confrontación de pareceres, en un sistema de tesis y antítesis, en un sistema propio del pensamiento moderno.

Quienes creemos en el proyecto de la Modernidad sabemos que en éste NO HAY ESPACIO PARA LA CENSURA, así de simple. Hay espacio para las discusiones inteligentes que busquen la verdad o, al menos, la construcción de acuerdos útiles para los interlocutores. Y, por ello, se está obligado a probar todo lo que se afirma. Y, sin la exhibición de pruebas, no existe seriedad en la discusión. Punto.

¿Alguien por allí dice algo incómodo, errado, incoherente o estúpido? ¡Perfecto! Pues quien no esté de acuerdo con lo dicho por ese “alguien”, tiene todo el derecho de exhibir y de criticar sus carencias lógicas y empíricas. Así de simple. Las pruebas siempre por delante.

Las ideas se combaten con ideas, los argumentos con argumentos. Es parte esencial de la sociedad moderna. En contraste, la censura no es parte del proyecto de la Modernidad.

Si la ciencia es uno de los pilares de la Modernidad, los discursos deben ser calificados, ante todo, como “verdaderos” o “falsos”. Y si un discurso suena lógico pero carece de suficiente base probatoria, debe colocarse en el cajón de las hipótesis mientras se avanza en las investigaciones que se encarguen de aceptarlo o rechazarlo.

Pero en el caso de Perelló, las autoridades universitarias decidieron aplicar un golpe de tajo, al más puro estilo de los sistemas totalitarios. ¿Ése es el “espíritu universitario” del que se ufana la UNAM?

Lo idóneo hubiera sido que las autoridades, hoy tan indignadas, hubieren reconvenido públicamente al conductor exhibiendo sus insuficiencias intelectuales. Lo idóneo hubiera sido deslindarse de lo dicho por el conductor, demostrando la falsedad o incoherencia de sus enunciados. Y, claro, siempre dándole al conductor la oportunidad de defenderse o auto-corregirse.

Pero no fue así. El comunicado a través del cual las autoridades abordaron inicialmente el asunto, da pena ajena. Aquí lo tienen:

https://twitter.com/RadioUNAM/status/850421256805523456/photo/1

Y da pena ajena porque, pese a ser un acto de autoridad, la decisión a la que alude dicho comunicado no está fundada ni motivada, como exige la propia Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Y, además, decide la cancelación del programa radiofónico apelando a la retórica inconsistente de la mitología feminista (“lenguaje misógino y sexista”), y diciendo que las expresiones del conductor atentan contra el “espíritu” de la emisora y de la propia UNAM, esto “al normalizar la violencia y oponerse al concepto de equidad e igualdad de género”.

¡Ah, cuántas veces hemos oído esa misma cantaleta!

Más bien hay que decir, con base en ese comunicado, que el cese del programa violó la más elemental legalidad, por no haber sido fundado ni motivado. ¿Ése es el “espíritu” de la UNAM?

También hay que decir que, sobre todo en los medios públicos, las puertas para la discusión deben estar permanentemente abiertas. No debe haber temas prohibidos ni encorsetados. Y si se debe armar la polémica, que se arme: argumentos y contra-argumentos, réplicas y contra-réplicas, acotaciones y correcciones. No se puede permitir la cerrazón en un “centro del saber”. ¿Ése es el “espíritu” de la UNAM?

¡Y lo peor! ¡Ahora resulta que nadie se puede oponer al “concepto de equidad e igualdad de género”!

¡Vaya, eso sí que es violencia ideológica y política! ¡La misma violencia que han utilizado regímenes totalitarios, como el fascista, el nazi, el estalinista, el maoísta y el castrista!

¡Ahora resulta que, en la UNAM, hay ideas intocables! ¡Órale!

¿De veras ése es el “espíritu” de la UNAM?

Algo huele feo en la UNAM, y no es precisamente la colección de yerros cometidos por Marcelino Perelló: es el espíritu totalitario que se está colando en las aulas, los pasillos y las oficinas directivas; es el espíritu feminista de la censura, la cerrazón, la imposición de dogmas y la represión del pensamiento libre.

Compartir.

Deja un comentario