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Jueves 23 de Noviembre de 2017

Los Problemas Prácticos de la Educación

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Por Jorge Miguel Ramírez Pérez

Iniciaron las clases y la tradición sigue sentando reales por encima de la racionalidad. México sigue padeciendo prácticas en el sistema de educación, que por costumbre cimentan inercias, de las que nadie se pregunta el porqué, pero que paradójicamente todos sospechan que están mal.

Y me refiero a varios asuntos cotidianos, entre ellos: los gastos excesivos de los útiles escolares que abonan equivocadamente la creencia en lo profundo, de que a mayor cantidad de cuadernos, lápices, carpetas, hojas y gomas, mayor será el conocimiento que se obtenga.

También se cree, que la abundancia de esos artículos, ratifica el interés de los padres porque sus hijos no sean sobajados y relegados socialmente. Todos suponen que si no cumplen sus hijos trayendo hasta los gadgets mas insignificantes, serán exhibidos, y los padres también serán vistos como incapaces de costear dichos objetos.

Como decía, nadie cuestiona que cada alumno tenga que llevar en muchos casos, medio millar de hojas blancas, como si fueran a llenar un manuscrito a publicarse; aparte de las libretas y cuadernos que la mayoría de las veces, quedan cuando mucho  utilizadas a la mitad.

Si con los gastos equivalentes en material, se midiera el avance de la educación no sólo en las escuelas privadas que se llevan la delantera en el tema, si no también en muchas escuelas públicas, que entran a esa competencia; México, estaría por lo menos en el lugar catorce o quince de educación en el mundo, semejante a su grado de producción y potencial económico y no en el lugar ochenta y tantos, como está en la realidad.

Además de eso a los niños se les hace cargar como tamemes, todos los útiles para satisfacer el antojo de los profesores que no siguen con puntualidad un plan. Para que según el tiempo, el humor y las circunstancias vayan improvisando los profesores sus exigencias de una u otra libreta, para lo cual las quieren a la vista todas.

Se trata de desalentar a los educandos, haciéndolos competir con las chucherías de útiles y además con las cargas forzadas de la casa a la escuela y viceversa, usen o no el tilichero.

Porque en la casa los atiborran para hacer tareas para aborrecer a la enseñanza y que el trabajo de los niños que es jugar quede relegado o suprimido, porque el juego es equivalente al trabajo en los infantes.

En los países avanzados en la escuela elemental casi no se exigen tareas, porque los maestros asumen su responsabilidad y trabajo y no la delegan en otros, como aquí que se la endosan a los padres, que son obligados con las famosas tareas a cumplir de maestros de sus hijos, porque por docenas de pretextos sus hijos no fueron enseñados.

Los maestros no tienen tiempo dicen de cumplir con los programas, aunque piden material como si se cumplieran. Pero es cierto, con vacaciones anuales tan extensas, puentes  y juntas y recontra juntas de planeación y “nuevos” programas, no pueden, ni quieren enseñar…

Esos son los problemas de la educación: cambios por cambiar; tanto de programas que no pudieron ser suficientemente evaluados, como de métodos para justificar los innumerables asesores adscritos a las dependencias.

Porque en cada sexenio, los funcionarios descalifican todo lo hecho con anterioridad y hacen como si partieran de cero.

Lo peor con cada cambio de titular, se sigue ese penoso trayecto: rechazar todo lo hecho e impulsar alguna seudo innovación para lo cual se tiene que tirar hasta la papelería oficial para sustituir logos y siglas que distingan, apenas en eso, la gestión que se pretende excepcional.

Así, la realidad muestra que no hay que extrañarse del desperdicio de las listas enormes de los útiles escolares, si toda la política educativa tiene como insignia: “úsese y tírese”.

El sistema educativo sigue dando tumbos, aunque todos los que llegan a ser secretarios, quieren ser presidentes.

Porque además ese cargo que debería ser de un profesional del desarrollo y aprovechamiento académico con dotes de organizador, se ha convertido en un mero trampolín político, que no tiene ninguna relación con tratar de desenmarañar el caos educativo.

Porque asuntos que hay que resolver ya, siguen diferidos.

Pasan los gobiernos y siguen otros y las plazas de profesores centralizadas siguen en manos de los sindicatos. Los verdaderos mentores de los poblados distantes de las grandes ciudades, siguen trasladándose en aventones diariamente o durmiendo en tejabanes rústicos, y seguirá así a marchas forzados todo el sistema educativo, hasta  que los padres tomen su responsabilidad y exijan cuentas claras de todo hasta del material que se dice se usa por los niños.

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