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Jueves 23 de Noviembre de 2017

Después de la tempestad, viene lo peor

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Por Marissa Rivera

Ya son cinco días de emergencia, hay comunidades a las que aún no les llega la ayuda, no tienen comida ni agua, van casi 100 muertos, miles de viviendas dañadas, cientos totalmente destruidas y miles de familias que perdieron lo poco que tenían en Chiapas y Oaxaca.

Esos son los datos generales de una tragedia que apenas comienza.

El terremoto del 7 de  septiembre dejó miedo, desolación, rabia, impotencia y muchas preguntas. ¿Por qué otra vez a los más pobres?  Oaxaca y Chiapas son los estados con las peores cifras de pobreza, educación y acceso a la salud. Poblaciones que son visibles solamente en tiempos electorales.

Es verdad, las desgracias naturales no avisan. Pero los encargados de la prevención ¿qué hicieron previo a la catástrofe? ¿Protección civil en estos estados había hecho su tarea? O así como hay muchas carencias, ¿tampoco tienen ni protección civil ni cultura de la prevención?

O una vez más estamos frente al acecho de la corrupción.

Duele ver a millones de mexicanos que cayeron en desgracia y que muy probablemente hubiera sido menos letal, si en los gobiernos estatales y municipales, cada quien hiciera el trabajo que le corresponde. Pero, no, no lo hicieron y ese “dejar de hacer” siempre genera suspicacias en el terreno donde más le duele a México, en la corrupción.

Pero la nobleza del pueblo, que no de los políticos y funcionarios, siempre está ahí. Solidarios, hermanos, de apoyo cuando se requiere, incluso, exponiendo sus vidas cuando las de otros están en peligro. Ese México solidario que conocemos con mayor puntualidad desde el terremoto de 1985, ese, no ha tenido límites.

A pesar del recelo y la desconfianza que ha generado la corrupción, ahí está la participación de los ciudadanos quienes inmediatamente acudieron a los centros de acopio para ayudar a sus compatriotas.

De repente, todo mundo, tenía un centro de acopio. Eso no es malo, al contrario, eso es estar más cerca del ciudadano que quiere ayudar.

Pero, ya estamos curtidos. Ya no nos engañan tan fácil. Y se los puedo apostar, con la potencia de las redes sociales, no tardaremos en enterarnos de gente mezquina que se guardó víveres que eran para los damnificados.    

Todo mundo quiere apoyar, pero también todo mundo puede lucrar. Y aunque sean los menos, lo hacen de la manera más descarada.

Ya vimos cómo gente en el kilómetro 242 de la Puebla-Córdoba saqueó un tráiler que se volcó con ayuda para damnificados de Juchitán, Oaxaca.

Ya vimos como gente del alcalde electo de Veracruz, Fernando Yunes, llevó ayuda a diversas comunidades haciendo proselitismo político.

Ya vimos cómo la “pasarela priista” se extendió a las zonas en desgracia. Presidenciables o no, han sido llamados a desfilar, perdón a coordinar los trabajos de evaluación de daños, reconstrucción y apoyo a los millones de damnificados.

Lo que falta por ver, es a dónde y cómo se destinarán los recursos que el Estado tiene para estas emergencias.

Ahí es donde debemos estar concentrados. Comenzó la carrera electoral, son 3 mil 416 cargos de elección popular. La tentación es muy grande y las mañas de algunos, son todavía más grandes.

Chiapas y Tabasco renovarán gubernaturas, diputados y ayuntamientos. Oaxaca elegirá diputados y ayuntamientos, y Veracruz, gobernador y diputados.

No es raro, lamentablemente, pero así como comienza la desgracia, comienza la “raja política”. La deleznable actitud de muchos, de lucrar con el dolor y la desgracia.

No han sido pocos los políticos y funcionarios quienes comenzaron a repartir despensas y a hacer promesas. Se acerca el 2018 y cualquier escenario es bueno. En la desgracia, los apoyos se agradecen más.  

En estas situaciones y conociendo el descaro de muchos, los apoyos deberían, como siempre, ser canalizados por el Ejército y la Cruz Roja. Ellos no tienen aspiraciones políticas. Y no actúan como algunos políticos ruines.  

¿Qué sigue para los que perdieron todo? Por lo pronto comida, agua, un albergue, ropa, promesas y hasta beneficios fiscales. En seguida vendrán las campañas y quizá los políticos que están, hoy, allí, se olviden de ellos. Porque ya lo hemos visto, pasa la desgracia, se relaja el ambiente y viene lo peor, el olvido.

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