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Martes 26 de Septiembre de 2017

La naturaleza de las alianzas y porqué AMLO se puede aliar con el poder

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Por Jorge Miguel Ramírez Pérez

“las políticas socialistas, una vez pasado el momento de la retórica, sólo benefician a los poderosos, siempre cómodos viviendo cerca de los políticos y al calor del inmenso maná de dinero público”

Jorge Soley Climent

Cuando las alianzas no coinciden desde el punto de vista ideológico porque ese factor no es tomado en cuenta bajo ninguna circunstancia, como es el caso del PAN y el PRD, que en el pasado eran aparentemente irreconciliables; o el PRI de hoy y las huestes residuales de Elba Esther en el PANAL; o del Morena con el PT, partido concesionado a Raúl Salinas, en la persona de su testaferro Alberto Anaya; o con ideas difusas y confusas como las del Movimiento Ciudadano, Encuentro Social o el propio PVEM, manejado por depredadores del medio ambiente; necesariamente tienen que tener otra amalgama; ya sea porque no se habla de ideas al aliarse, o sencillamente, los que las arman, no tienen ideas.

Y si tampoco tienen programas comunes, porque los que los tienen, están en bandos distintos como el PAN y el PRI, que quieren que México se inscriba en la economía-mundo; o el Morena y el PRD, que también comparten una profunda división, a la vez que su coincidencia es, dicen, por un mundo utópicamente igualitario. Menos se puede decir de los demás, que ni siquiera tienen experiencia de gobierno, ni buena, ni mala, perdón mala sí, con Velasco el chiapaneco que dice representar al PVEM.

Entonces se trata sencillamente de unas jugadas para sentarse en el trono de los endeudamientos: la presidencia de México, que es y será, el motivo único, no solo el principal, para hacerse compañeros de viaje, los que van a destinos opuestos.

Simplificando: no hay tal “proyecto de nación” en disputa. Ni “primero el programa y luego el nombre”, ni “repúblicas amorosas”; sino simple y llanamente haber que triquiñuelas se hacen, para hacerse del poder del despilfarro a manos llenas con todo y parientes, que se dedican en cuerpo y alma a quedarse con el dinero de las contribuciones de los ciudadanos, de manera impune. Eso es lo que han hecho todos. No hay razón para que sea diferente.

Dicho esto, que difícilmente alguien podría refutar, no queda mas que saber quienes sí son los reales aliados, no los de las alianzas partidistas de los que quieren el poder; sino los amarres de los que ya tienen el poder y están a punto de perderlo; y que tienen todas las cartas, para jugar por el lado que ellos quieran, menos por el que les represente una mínima posibilidad de riesgo de llevarlos a juicio y posteriormente encarcelarlos; aunque los delitos contra la nación, en la practica, no son considerados graves.

De todas maneras nadie se correría el riesgo de averiguarlo en el camino. Habría que preguntarle a Calles, que sucedió con el muy recomendado de su hijo Rodolfo, su amigo Lázaro Cárdenas.

Los hechos nos ayudan a desvelar la incógnita.

Porque si los del poder difunden diariamente la tesis de que AMLO es imbatible, que va a ganar, le pongan enfrente a quien le pongan; valdría la pena analizar mas allá de los cartabones anquilosados; ¿cuáles son las verdaderas alianzas? porque los que juegan fuerte, son los que traen el plan y no hay otro, sobre el que operar a favor o en contra.

Porque eso de pensar que los del poder son de un partido y no de otro, es perderse en la confusión. Lo que si es una verdad para ellos, es que los desastres electorales del año pasado dejaron temblando a sus siglas, sin fuerza; y este año se atrincheraron en el Estado de México, con el apoyo del Morena que no impugnó realmente. La libraron.

Y si a eso le añadimos que los operadores en la cámara de diputados: Rocío Nahle y César Camacho, de Obrador y del grupo Atlacomulco respectivamente, optaron hace dos semanas por aliarse a plena luz, para combatir a sus opositores; no queda duda por donde andan sus jefes, en un romance subrepticio, que no dan a conocer, pero que igual se trata de un matrimonio desigual o de un amasiato soterrado. Habría que esperar a que se den los tiempos, para que le hagan como Javier Duarte, cambiar de burro a la mitad del pantano.

Porque mi estimado lector a nadie en sus cabales les puede hacer sentido, lo que se llama neta, que un de la Madrid de Turismo, un Narro de Salud u otro de ese escaso peso político, en verdad pueda ser apoyado por el poder, mas allá de la apariencia para hacer de la pelea un tongo y llevarse las apuestas.

Porque los del poder no juegan a perder, sino a sorprender, hasta con un perturbado e ignorante, pero que tienen en la bolsa de los compromisos.

Son la patronal morenista, con prestanombres como Romo y toda la parafernalia. Los que están atrás del dizque proyecto popular, que tienen por objeto facilitar las cosas para que los que tienen miedo, de lo que le hicieron a los mexicanos en seis años, no se preocupen porque como lo dijo ya Obrador, “ni a los expresidentes les voy hacer nada, porque no se puede…” y le falto completar que no iba a escupir para arriba.

¡Y la Aristegui lo escuchó, atónita!

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