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Jueves 19 de Octubre de 2017

Por fin lo entendimos

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Por. Emiliano Maldonado Zúñiga

Se acabó. Dejamos de ser receptores de historias, de mitos; los jóvenes, ahora, podemos dar testimonio también. Mis papás, tus papás, mis abuelos y los tuyos, nuestros maestros, relataron incansablemente la trágica mañana del 19 de septiembre de 1985. La historia del papel aterrizó coincidentemente en la realidad 32 años después. Se repitió con inigualable precisión, devastador, como si fuera obra del destino. Sucedió. Y así, sin avisos ni advertencias, la vida nos cambió.

Las memorias lejanas de otros se hicieron cercanas. La experiencia es nuestra, de los jóvenes. Por fin lo entendimos. Nadie más volverá a contarnos que los edificios crujieron, y que sus pilares se sacudieron con vehemencia, luchando para mantenerse de pie, aunque algunos sin lograrlo. Una ciudad entera vibró. Se detuvo el tiempo entre
lágrimas, el terreno se hizo “zona cero”.

En medio de la incertidumbre, del suspenso, despertó una sociedad mexicana pocas veces vista volcada en su ayuda, emprendiendo el rescate de la metrópoli. Sin hacer distinción y sin importar condición, nada fue indivisión y todo fue unión. Por más que la naturaleza mostró un poder desgarrador, el amor humano ha sido más poderoso; un amor
que, en todas sus manifestaciones, emociona y teje lazos entre los de nuestra especie; un amor del que aprendimos que no debe guardarse para mañana, porque puede que, para algunos, no exista ese día.

Hemos dado una lección al mundo y vamos a ser más fuertes de lo que fuimos antes, porque entendimos que los simulacros no son juego, que la vida es el valor superior y presupuesto de todo, que la sangre y nuestra condición de humanos nos unen. Por fin lo entendimos. Es cierto: se movió el suelo, pero el alma de México vuela por los cielos.

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