web analytics
Domingo 17 de Diciembre de 2017

19 de septiembre… ¡México de pie!

0

Profesor UAM-Xochimilco y UPN-Ajusco

Como si se tratara de una broma de mal gusto, justo un 19 de septiembre, justo después de un simulacro, la tierra se volvió a sacudir para dejar un ambiente de zozobra y miedo en todos nosotros. Como hace 32 años, la naturaleza nos mostró su lado más peligroso para el hombre.

Y, de inmediato, al igual que hace 32 años, muchos mexicanos sacamos del fondo de nuestros corazones el espíritu de solidaridad que nos suele caracterizar ante las tragedias nacionales. Así como nos gusta echar desmadre en momentos festivos, también nos gusta tender nuestras manos en momentos críticos. Un solo México, tanto para el relajo popular como para el compromiso social.

Afortunadamente, todavía somos un pueblo con una gran reserva de sentimientos nobles, un pueblo con muchas ganas de ayudar. No hemos perdido nuestra capacidad de solidarizarnos con quienes son heridos por las fuerzas de la naturaleza. Damos cobijo a quien lo necesita.

De veras que ha sido muy conmovedora la capacidad de movilización del pueblo de México, cada quien haciendo lo que debe, lo que puede o lo que quiere, pero siempre con miras a sumar esfuerzos. Días, horas o minutos de asistencia al prójimo: todo es bien recibido. Nada sobra.

Personalmente, y con mucho orgullo, me sumé a las brigadas civiles de apoyo, para hacer lo que pudiera hacer, al lado de muchos amigos, vecinos y familiares. Jornadas largas y extenuantes, pero muy satisfactorias. Maravilloso rescatar gente con vida y, cuando esto no era posible, al menos sacar los cuerpos de las personas fallecidas para que sus familiares pudieran rendirles los honores funerarios correspondientes.

¡Qué bello ver a tanta gente movilizada para ayudar a quien lo necesitara!

Excepciones las ha habido, como quienes, aprovechando la situación de emergencia, han dado rienda suelta a la delincuencia oportunista o al agandalle. Pero ni esto ha logrado opacar la dura coraza del pueblo de México. Aunque abollada, nuestra armadura sigue fuerte y lustrosa.

Sin duda estamos mejor habilitados para enfrentar esta clase de fenómenos. Y sin duda, también, que los avances tecnológicos y las redes sociales nos permitieron actuar con más celeridad y coordinación. Queda claro que el pasado sismo ha sido el sismo de las redes sociales.

Quienes vivimos el terremoto de 1985, todavía nos acordamos de los muy largos días que pasaron para que se normalizara el servicio telefónico (seis días en promedio), el servicio de energía eléctrica (nulo o intermitente durante quince días al menos), el servicio de agua potable (irregular y de dudosa calidad), y el servicio de transporte público (por semanas, básicamente sólo existió la Ruta 100).

¡Qué difícil organizarnos como sociedad en tales circunstancias!

De hecho, en el Distrito Federal, tras el terremoto de 1985, el gobierno prácticamente desapareció por unos cuantos días. Y las únicas fuentes de información al alcance de todos fueron los noticieros radiofónicos, siempre y cuando uno tuviera un aparato receptor con pilas suficientes. ¿Cuántas horas pasamos muchos de nosotros en torno a un radio compartido? ¿Cuántas horas más alumbrándonos con velas y lámparas de baterías? Aquello parecía un retorno a los años cuarenta del siglo XX, en varias áreas del Distrito Federal.

Por fortuna, aprendimos la lección. Dura lección y, hay que decirlo, aprendida a medias aún. Porque aunque estamos más preparados sigue habiendo necesidad de ajustar algunas tuercas.

Con respecto al temblor del 19 de septiembre de 2017, la reacción institucional y social fue diferenciada: pronta y eficaz en algunos casos, torpe y tardía en otros.

Aplaudible la pronta reacción de la Presidencia de la República: acertada la decisión, por parte de Enrique Peña Nieto, de regresar de inmediato a la Ciudad de México, y de mandar al Ejército y a la Marina a las calles. La presencia de las Fuerzas Armadas en las zonas de desastre siempre reconforta a la población.

En cambio, mal, muy mal, la reacción del Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, quien, fiel a su espíritu de burócrata gris, marcó su distancia con respecto a la gente doliente y a las zonas siniestradas. ¿Dónde se metió Mancera? Pue se recluyó en el Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicación y Contacto Ciudadano de la Ciudad de México, mejor conocido como el C5, con su gabinete legal y ampliado, sin darse un tiempo para recorrer las zonas siniestradas y para acercarse a la gente afectada. ¿Miedo a una reacción adversa por parte de la gente?

Vean la diferencia: Peña se arriesgó en Oaxaca y Chiapas, mientras Mancera no lo hizo en la ciudad que dice gobernar. Incluso por propia conveniencia, es fundamental que un gobernante exhiba algo de sensibilidad in situ, cara a cara. Es importante que, en el marco de una tragedia social, un gobernante lance a toda la población un mensaje de solidaridad, de apoyo, de ayuda, de comprensión. La psicopolítica mediática es esencial en casos como el del temblor del pasado martes.

Y claro que se corren riesgos: ahí están los potajes amargos que tuvieron que tragarse Miguel Ángel Osorio Chong, Secretario de Gobernación, y Avelino Méndez, Jefe Delegacional en Xochimilco. Pero un gobernante es un gobernante. En fin, el miedo no anda en burro, queda claro.

Para colmo, Mancera salió a decir que no dejaría la Jefatura de Gobierno en tanto no hubiera tranquilidad y sosiego en la Ciudad de México. Pero, por favor, ¿a qué general se le puede ocurrir dejar a su ejército a media batalla? Dejar la Jefatura de Gobierno en las actuales circunstancias mataría, de entrada, sus aspiraciones presidenciales.

Nos queda claro que, en efecto y como él mismo lo ha dicho a través de sus carteles alusivos a su Quinto Informe de Gobierno, Mancera no hace política. Claro, no la conoce.

Por otro lado, el Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC) dejó ver errores e insuficiencias, comenzando por la provisión de enseres para las labores de búsqueda, rescate y ayuda: para cuando llegaron los funcionarios de protección civil a varios de los sitios dañados, la gente ya había repartido cubrebocas, ya se había hecho de palas y picos, y ya había comenzado a remover escombros con sus propias cubetas y guantes de carnaza.

Dio la impresión de que existe descoordinación entre los tres niveles de gobierno al interior del SINAPROC. Vaya, hasta en lo más mínimo: todo mundo esperaba que, en la versión digital del Atlas de Riesgo, uno pudiera ver, en tiempo real y de forma actualizada, la lista de los lugares siniestrados, claramente georreferenciados y con un relación de los requerimientos materiales y humanos, para su fácil consulta. Esto nos hubiera ayudado a ayudar.

Ahí hay tareas pendientes.

Por cierto, ¿qué esperan el Presidente de la República y el Congreso de la Unión para legislar en materia de Guardia Nacional? Acabamos de comprobar lo útil que sería un cuerpo de civiles con formación militar, con capacitación en primeros auxilios, con conocimientos para encarar situaciones de emergencia, etc.

El SINAPROC se vería muy beneficiado y fortalecido con la creación de la Guardia Nacional. ¿Qué esperan, señores políticos?

Y, también en relación con el SINAPROC, queda claro que nos faltan rescatistas altamente capacitados y expertos en tecnología de punta, especialmente para la identificación, ubicación y extracción de las víctimas que quedan atrapadas entre los escombros.

¡Han pasado 32 años y constatamos que, por ejemplo, los rescatistas japoneses lograron más que los mexicanos y en menos tiempo!

Ahí hay otra tarea pendiente.

Una más guarda relación con el funcionamiento deficiente de los canales de recepción y distribución de los apoyos (víveres, ropa, medicinas, etc.) para las víctimas. El primer eslabón está bien cubierto: el centro de acopio… ¿y luego? Entonces empiezan los problemas: los políticos y gobiernos que se quieren pasar de vivos, generando mucha desconfianza en la gente, por ejemplo.

Se vale, claro está, la distribución directa de los apoyos a las víctimas, sin intermediarios gubernamentales. Pero esto puede generar atenciones diferenciadas hacia las víctimas: para algunos mucho y, para otros, nada. ¿Cómo le hacemos para que todas las víctimas reciban lo que les hace falta? Es un asunto netamente administrativo. ¡Tremenda tarea que requiere atención inmediata!

También es necesario replantear el tema de las vías de accesibilidad: algunas comunidades rurales o semiurbanas recibieron ayudas tardías, justo por problemas relativos a las vías de comunicación (p.e. Xochimilco). Tierra, agua y aire… cada medio tiene sus propias formas de acceso. Es algo que todavía no hemos entendido del todo.

Por cierto… ¡felicidades a todos los motociclistas que abrieron las rutas de auxilio hacia el sur de la Ciudad de México! Quedó plenamente demostrada la utilidad de las motocicletas. Tomémoslo en cuenta para el futuro inmediato.

¿Qué más podemos decir? Muchas cosas, pero basta por hoy.

Para finalizar, los invito a que sigamos ayudando, porque esto todavía no acaba. Con lo que puedan y hasta donde pueden.

Esperemos seguir viendo rostros sudorosos y entusiastas para hacer que nuestro hermoso México se mantenga de pie, para hacer que nuestro México se ponga derechito después del tremendo zangoloteo que nos pegó la tierra.

¡Viva México, cabrones! ¡Ánimo!

Compartir.

Deja un comentario