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Lunes 24 de Septiembre de 2018

Natalie Portman, la perfecta hipócrita

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Por Carlos Arturo Baños Lemoine.

Profesor UAM-Xochimilco y UPN-Ajusco

En 1994 se estrenó la película Léon. El profesional, escrita y dirigida por el francés Luc Besson. En México esta cinta se dio a conocer como El perfecto asesino. La película fue todo un éxito. Sus principales protagonistas fueron Jean Reno, Gary Oldman y Natalie Portman. De hecho, esta película fue el debut cinematográfico de Portman.

Gracias a El perfecto asesino, Natalie Portman saltó a la fama. Ella hace el papel de una adolescente llamada Mathilda, que forma parte de una familia bastante disfuncional de Nueva York. La chamaca queda huérfana y desamparada después de que unos policías corruptos asesinan a toda su familia.

Jean Reno hace el papel de un asesino a sueldo, de un matón por encargo, sin vínculos emocionales. Es una máquina de matar que se contrata por dinero y que actúa sin remordimientos. Su nombre en la película es Leone Montana o Léon.

Por azares del destino, Léon protege a Mathilda de los policías que a la vez son delincuentes, y poco a poco va surgiendo una relación emocional entre ambos. Una relación rara y difusa que casi siempre es paterno-filial, pero que en ocasiones deja entrever un mutuo interés erótico, ya que Mathilda es una teenager atractiva que, a su vez, se siente atraída por el perfecto asesino.

Hay una escena, de hecho, que fue censurada y que presenta a Mathilda como una puberta caliente y excitada, dispuesta a perder su virginidad con Léon, quien se niega a esta posibilidad dados ciertos antecedentes traumáticos ocurridos en su adolescencia. Mathilda finge comprenderlo y continúan su relación paterno-filial. Por si no han visto esta escena censurada, se las comparto:

https://www.youtube.com/watch?v=1WgDY50KOg8

Luc Besson trabaja magistralmente la idea de la lolita que se enamora del monstruo, de la lolita que seduce al monstruo, de la lolita que apacigua al monstruo, de la lolita que se compadece del monstruo, de la lolita que se transforma en la hijastra del monstruo, de la lolita que sublima su amor por el monstruo. Muy buen trabajo de Besson, sin duda.

Se trata de un incesto pedofílico imaginario, pero siempre potencial. Y, para fortuna de las “buenas conciencias”, Léon muere mientras cumple con la venganza que le ha encomendado su hijastra-amante. Léon mata a los policías corruptos que han dejado huérfana a Mathilda, y con los policías prevaricadores también se mueren las ganas sexuales entre Mathilda y Léon.

Bueno, así fue como despegó a la fama Natalie Portman. Gracias a ese papel se posicionó muy bien y desde entonces no ha parado de ganar fama y dinero en el negocio de las películas del ahora “aborrecible y corrupto” Hollywood.

Pues bien, en un gesto de suprema hipocresía, Natalie Portman ahora se queja de la “sexualización” de la que fue “objeto” en El perfecto asesino y de la “sexualización” a la que son “sometidas” las actrices gringas. Obvio, ya se trepó al tren del #MeToo y del Time’s Up, estas campañas mediáticas de la paranoia feminista en el ámbito farandulero.

Natalie Portman incluso ha dicho que ha sido objeto de “terrorismo sexual” (al feminazismo le sobra imaginación e inventiva), esto por haber tenido que soportar a un fan obsesionado y deseoso de tener sexo con ella tan pronto cumpliera la mayoría de edad.

En el marco de la reciente Marcha de las Mujeres (domingo 21 de enero), Portman dijo lo siguiente: “Críticos de cine hablaban de mis pechos. Entendí muy rápidamente, a pesar de tener 13 años, que si me expresaba sexualmente, me iba a sentir insegura y los hombres se iban a sentir con derecho de discutir y objetivar mi cuerpo, para mi gran disconformidad (…). Con 13 años, el mensaje de nuestra cultura fue claro: sentí la necesidad de tapar mi cuerpo, inhibir mis emociones y mi trabajo para enviar el mensaje al mundo de que era alguien que merecía respeto y seguridad”.

Como conocemos la “carrera artística” de Natalie Portman, sabemos muy bien que, contra lo dicho por ella misma, siempre ha usado su cuerpo sexualizado, objetivado, cosificado y mercantilizado para avanzar en su “carrera”.

Una gran hipócrita resultó ser esta “actriz”, porque todos sabemos que, a lo largo de toda su “carrera”, lo que ha hecho de forma constante ha sido sacarle provecho a su cuerpo estético, ha sido ejercer de forma sistemática el Nalga Power, es decir, el poder de seducción, excitación e influencia inherente a un cuerpo estéticamente agraciado, esto de conformidad con cánones de belleza ampliamente aceptados, reproducidos, reforzados y deseados dentro de una sociedad.

Portman no ha entendido que no es necesario hacer porno o hacer desnudos para ejercer el Nalga Power.

¿En cuál de sus películas, Natalie Portman hace gala de sus capacidades actorales por encima de su físico estéticamente agraciado y estereotípicamente mercantilizable? ¿Serían ustedes tan amables de mencionarme al menos una, por favor?

A mí no me viene ninguna a la cabeza.

Me parece que en algunas de sus películas podemos disfrutar de cierta calidad interpretativa de su parte, como en Los fantasmas de Goya (2006), Las hermanas Bolena (2008) y El cisne negro (2010). Pero aún en estos casos, la belleza física de Natalie Portman se sobrepone a todo.

La gran constante de todas sus participaciones fílmicas son: la “cosificación”, la “sexualización” y la “mercantilización”… ¡justo esas cosas que hoy tanto critica, reprueba y aborrece, caray!

¿Cómo se llama eso? Claro, se llama hipocresía, incoherencia e incongruencia, todas las reprobables posturas de las que adolece la inmensa mayoría de las actricillas que hoy en día se han montado en la “cacería de brujas” del feminismo farandulero.

Por supuesto que, ante todo, Natalie Portman acusa y culpa a Hollywood. Nunca le he escuchado algún reproche contra su madre o su padre: ¿puede una adolescente de 13 años contratarse en Hollywood sin la autorización de su madre o de su padre? ¿Por qué Natalie no nos habla de la forma en la que muchas madres y muchos padres manejan “actoralmente” a sus hijas o hijos?

Y, claro, al igual que el resto de las actricillas del #MeToo y del Time’s Up, la misma Portman se vuelve una furibunda activista contra el “acoso sexual” hollywoodense sólo después de que ha conseguido fama y fortuna por décadas gracias a sus “papeles cosificantes, sexualizantes y mercantilizantes”… ¡Pero qué cosa tan conveniente! ¿No creen ustedes?

Definitivamente yo me quedo con mi hipótesis de siempre: detrás de esas ventajosas e indemostradas acusaciones de “acoso sexual”, lo que de veras existe es una resignificación autocomplaciente, victimista y chantajista de viejos actos de prostitución o de influyentismo.

Por lo visto, Natalie Portman está ensayando su próximo papel, para cerrar el círculo que empezó en 1994: pasará de ser la niña cachonda de El perfecto asesino a una activista de doble cara en La perfecta hipócrita.

¿Cuánto más, Hollywood, cuánto más tendremos que soportar toda esta basura paranoide feminista?

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