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Jueves 13 de Diciembre de 2018

Karla Souza: “violación” sin pruebas y con morbo

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Por Carlos Arturo Baños Lemoine

Profesor UAM-Xochimilco y UPN-Ajusco

El escándalo vende y vende muy bien. Y vende mejor cuando se monta en la actual paranoia colectiva de la mitología feminista, que gravita en torno a las iniciativas #MeToo y Time’s Up, con sede en EEUU.

Ya está en curso el nuevo capítulo de la larga serie de acusaciones de contenido sexual dentro del mundo del espectáculo de aquí, de allá y de acullá. Y es en México en donde se colocó el estudio de grabación para el nuevo capítulo del consabido culebrón.

Tal parece que el guión es el mismo para todos los lugares: donde hay un set de filmación, una cámara y múltiples reflectores, parece más que obligado contar historias de abusos, acosos y violaciones sexuales. El escándalo vende y vende muy bien, porque activa el morbo de la gente y desactiva su inteligencia.

Luces, cámara y… ¡acción!

Y empieza el relato lacrimógeno y victimista que busca impactar a un teleauditorio mentalmente débil y proclive a aceptar casi cualquier cosa, aunque la narrativa no se acompañe de prueba categórica alguna. Muchísima gente cree que las lágrimas eximen al acusador de la carga de la prueba, violándose así principios elementales de la Lógica y del Derecho. No puede ser de otro modo: el feminismo pertenece a las corrientes irracionalistas de la filosofía. (Y hasta cuesta trabajo considerarlo dentro de la filosofía).

Fiel a su estilo periodístico morboso, Carmen Aristegui vuelve a la carga con su ánimo de “justiciera popular” y comenzó una serie de entrevistas en torno a supuestos casos de acoso, abuso y violación sexuales dentro de la farándula mexicana. El escándalo vende y vende mucho, no lo olviden, mis amigos.

Al parecer la serie ésa se llama Mujeres que rompen el silencio y se estará transmitiendo a través de CNN en Español. Aquí está un fragmento del asunto referido:

http://cnnespanol.cnn.com/video/me-too-mujeres-actrices-acoso-sexual-denuncia-violacion-intvw-karla-souza-aristegui/

Cualquier persona con un cerebro estándar puede darse cuenta con enorme facilidad de que Karla Souza, la entrevistada que “rompe el silencio”, no aporta ninguna prueba fehaciente, dura, contundente o demoledora de sus dichos. Asimismo, jamás dice quién es el supuesto violador. Así que sólo se trata de palabras echadas al viento. ¿Por qué entonces Aristegui le da tanta importancia al asunto?

Y eso no es todo. El propio relato de Karla Souza aporta datos suficientes como para cuestionarla, como para dudar de la veracidad de sus dichos. Así es, son sus propias palabras las que nos pueden permitir cuestionarla a fondo, cosa que Aristegui nunca hace. Hay muchas cosas de la narración que simplemente no le cuadran a la “víctima de violación”.

Pero la “periodista” simplemente le pone el micrófono enfrente a la supuesta víctima para que ésta se explaye a sus anchas. ¿Hay un acto de creencia previa o de predisposición favorable por parte de la “periodista”? ¿Se trata de una entrevista a modo como las que le ha realizado a Andrés Manuel López Obrador? Así parece, porque todo buen periodista tiene que cuestionar al menos los puntos más débiles de las cosas que se le narran.

El mejor periodismo es el que sabe reservarse buenas dosis de escepticismo.

¿Qué tuvimos entonces? ¿Qué fue lo que vimos en la pantalla? Un nuevo relato victimista sin pruebas y un periodismo acrítico. Aristegui se comporta como una propagandista de la causa feminista más que como una periodista. Cada quien.

Pero allí no quedó la cosa. Como ustedes pueden constatar, Aristegui afirma que su equipo de CNN ha solicitado la opinión de los supuestos agresores sexuales, cuando éstos resultaban identificables a partir de un ejercicio de inferencia. Hasta allí el programa de Aristegui.

¿Qué pasó después? No lo sabemos a ciencia cierta. Lo único cierto es que trascendió, por múltiples vías, que el supuesto violador de Karla Souza habría sido el director Gustavo Loza, con quien Souza trabajó en ese bodrio fílmico llamado ¿Y qué culpa tiene el niño? (2016). Una verdadera basura de película: la típica comedia estúpida mexicana.

La jauría mediática y la irracionalidad de las masas comenzó a hacer el resto, al grado tal de que Televisa emitió un comunicado a través del cual anuncia que, a raíz de las “denuncias públicas” hechas por Karla Souza, como empresa decide “romper de manera inmediata toda relación laboral con el señor Gustavo Loza”. Así, de forma unilateral y sin mediación de prueba alguna. Así se movió Televisa, dejándose influir por relatos sin sustento ni material probatorio.

Aquí está el momento en el que Denise Maerker lee el comunicado de la empresa Televisa durante su espacio noticioso en el Canal 2:

https://www.youtube.com/watch?v=SS-PsCduORY

De nueva cuenta tuvimos constancia de un deficiente ejercicio periodístico, esta vez por parte de Denise Maerker, quien ni por asomo cuestionó el contenido del comunicado que ella misma leyó a través de su espacio. Maerker fungió como vocera de Televisa más que como periodista. Cada quien.

¿En qué momento alguien ha considerado los derechos del señor Gustavo Loza?

Esos derechos han sido pisoteados… ¡porque ni siquiera la misma Karla Souza lo mencionó con nombre y apellido! Vaya, ni siquiera esta “actriz” ha interpuesto querella alguna por el delito de violación en contra del susodicho.

¿Ahora ven, mis amables lectores, cómo va avanzando y cómo funciona la Inquisición Feminista?

Gracias a la contaminación mental que la mitología feminista ha llevado a cabo en las instituciones públicas y en la cultura de masas, los varones ahora no cuentan con un derecho elemental: la presunción de inocencia.

Ahora, gracias a las “inferencias periodísticas” (Aristegui) y a las “investigaciones preliminares empresariales” (Televisa-Maerker), cualquier varón, dentro o fuera del mundo del espectáculo, puede verse afectado en su patrimonio, en sus contratos mercantiles o laborales, en su honra, en sus relaciones familiares, en su tranquilidad, en su salud, etc.

Gracias a la mitología feminista, ahora para los varones aplica la “presunción de culpabilidad”, como en el caso judicial de Axel Arenas y como en el actual caso mediático de Gustavo Loza.

¿Ésa es la clase de sociedad que queremos? ¿Ése es el tipo de periodismo que necesita este país? ¿Ésas son las empresas que requerimos en México?

Por lo visto, seguiremos teniendo que soportar la paranoia feminista en los medios de comunicación, en las instituciones públicas y en la cultura de masas. Sí, esa paranoia feminista que no es más que un monumento a la irracionalidad.

Contra dicha irracionalidad, en este espacio seguiremos estimulando y defendiendo la Lógica y el Derecho Moderno. Y si alguien resulta responsable de cualquier conducta delictiva, por supuesto que debe ser sancionado penalmente. Claro, una vez que sea juzgado sin menoscabo alguno de los principios básicos del Derecho Penal, especialmente en todo cuanto atañe a la presunción de inocencia, la carga de la prueba, el ser vencido en juicio y la duda razonable.

Para concluir, vale la pena recordar que, recientemente (miércoles 14 de febrero), en la Ciudad de México se vinculó a proceso a un sacerdote católico por el presunto delito de “abuso sexual agravado”, supuestamente cometido en contra de una menor de edad.

Sin prejuzgar sobre el resultado del juicio, vale la pena resaltar que la acción policial, ministerial y judicial fue posible gracias a la inmediatez de la interposición de la querella: la niña habló del asunto con su madre el mismo día en el que supuestamente ocurrió el hecho delictivo. Ya veremos lo que dice la justicia.

Lo importante es constatar que una niña de menos de doce años de edad procedió como se debe proceder, mientras Karla Souza habla sin pruebas y varios años después sobre su supuesta violación.

Sí, se trata de la misma Karla Souza que, al parecer, no sabe que las puertas de las habitaciones de los hoteles no se abren si quien está adentro no lo permite.

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