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Jueves 19 de Abril de 2018

Iguales

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Por Pablo Marentes.

En la declaración unánime que aprobaron  el 4 de julio de 1776 los trece estados unidos de América para disolver los lazos que los mantenían unidos a Inglaterra, y asumir entre las demás potencias de la tierra “las mismas condiciones que les propicie mantenerse separados y en igualdad de circunstancias –como lo fundamentan las Leyes de la Naturaleza en acatamiento a la naturaleza de Dios– para concertar nuevos compromisos políticos que su independencia les propicie” y “ justificar las causas que les impelen a efectuar su separación, los trece estados “sostienen como verdades evidentes que todos los hombres son iguales, que su Creador les concedió derechos inalienables  que se sostienen por sí mismos, entre los cuales está “el reconocimiento de que todos los hombres fueron creados iguales y que su Creador los dotó de ciertos derechos inalienables como son la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad.  Que para garantizar esos derechos, los hombres instituyen Gobiernos de los que se derivan poderes justos que comparten y disfrutan los gobernados…” 

Antes de seguir, permítaseme aclarar que las anteriores líneas proceden de mi traducción directa de los primeros párrafos del documento redactado por Jefferson.  A pesar de la contundente declaración fundamental de que “todos los hombres fueron creados iguales”, Thomas Jefferson, el reconocido redactor de la contundente declaración de Independencia de los Estados Unidos de América, violó su declaración en contra de la esclavitud en el nuevo estado.  Así lo documenta el historiador Henry Wiencek en su extenso artículo biográfico que le publica la revista del museo Smithsonian de Washington: el Smithsonian Magazine de octubre de 2012. Es un revelador documento.

La declaración de independencia fue dada a conocer el 4 de julio de 1776. Pero a partir de 1790, señala Wiencek, no pronuncia una sola palabra en relación a la esclavitud.  “Asume un profundo silencio.  Poco tiempo después, su   posición y actitud emancipadoras ya no existen. Cesaron por entero.  Jefferson calla, por completo.  Y hace lo contrario a su declaración. Y actúa en contra de ella al comienzo de la década de 1790.  En su hermosísima residencia construida en una loma de Monticello, disfruta de una extensa servidumbre que le atiende sin reparar si es mañana, tarde noche o madrugada.  Jefferson tiene a sus esclavos en guardia y desplegando una extraordinaria habilidad de servicios para complacer a decenas de invitados.

Los enseñó a mantener impecables los adornos, las maderas, las bodegas, los cubiertos y los “linos” de las camas, y los cojines.  Y también los hace colaborar en jornadas eternas en su fábrica de varillas y tornillos que se encuentra escondida atrás del cerro, de Monticello.

De quienes han violado la constitución o han mentido durante su ejercicio presidencial, mucho se puede hablar y documentar.   Han sido casi todos.  Uno sólo de los 45 presidentes ha sido sometido a juicio de residencia, por imputaciones de mala conducta con sus colaboradores, o violaciones a leyes vigentes. El inmenso poder que ejercen trasciende cualquier norma de conducta, cualquier acuerdo, cualquier tratado. La violación de acuerdos, internos y exteriores, es una característica de conducta de la mayoría de las personas que han ocupado la oficina oval.  No hay jefe de estado que actúe con tal impunidad.  El poder del presidente estadounidense rebasa cualquier norma disciplinaria.  Trump es un reincidente cotidiano.

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