web analytics
Sábado 21 de Julio de 2018

“Escorts de importación”

0

Por José C. Serrano

Marcela Lagarde y de los Ríos, etnóloga y doctora en antropología, académica e investigadora en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), es autora del libro Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas, cuya cuarta edición salió a la luz pública en el año de 2005.

En la introducción, la autora plantea que “si la mujer es naturaleza, su historia es la historia de su cuerpo, pero de un cuerpo del cual ella no es dueña porque sólo existe como objeto para otros, o en función de otros, y en torno al cual se centra una vida que es la historia de una expropiación. ¿Se trata del cuerpo natural, o del cuerpo históricamente determinado?”

En el capítulo XI del texto, LAS PUTAS, la autora expone que “puta es un concepto genérico que designa a las mujeres definidas por el erotismo, en una cultura que lo ha construido como tabú para ellas. El interdicto confiere la carga negativa y la desvalorización con que se aprecia a las putas… La prohibición del erotismo a las mujeres buenas crea la codicia de los hombres y la envidia de las mujeres, en torno a las mujeres que lo encarnan. Ideológicamente se identifica puta con prostituta, pero putas son además, las amantes, las queridas, las edecanes, las modelos, las vedettes, las exóticas, las encueratrices, las fáciles, las insaciables…”

A las prostitutas se las llama mujerzuelas, malas mujeres, mujeres públicas, mundanas, pecadoras, galantes, perdidas, de la noche, del talón, de la vida alegre, callejeras, golfas, huilas, taconeras, arrabaleras, ficheras, coimas, rameras, meretrices, hetairas, zorras, pirujas. Ellas venden su cuerpo. Se consiguen con unos cuantos pesos o con billete grande, depende de la zona donde trabajen o de la tarifa que les impone el proxeneta que las explota.

En los días recientes han circulado noticias vinculadas a operativos llevados a cabo por elementos de la Secretaría de Seguridad Pública y de la Procuraduría General de Justicia, ambas adscritas al Gobierno de la Ciudad de México. El desplazamiento de los cuerpos policiales ha sido motivado por denuncias anónimas sobre probable trata de personas que se sospecha tiene lugar en diversos rumbos de la metrópoli.

Uno de los casos más sonados ha sido el rescate de cerca de 20 personas, mayoritariamente de procedencia extranjera, predominando venezolanas y colombianas. Tras las indagatorias de la autoridad ministerial ha sido posible vincular a proceso, por el delito de trata a una mujer identificada como Evelyn “N”, quien se dice administradora del portal Zona Divas, un sitio de ralaciones públicas y de contacto entre los clientes y las zuripantas. Dicho portal era sólo la fachada de un negocio criminal. Evelyn “N” está de regreso en el penal de Santa Martha Acatitla.

Esta práctica ilícita no es privativa de la capital del país. Con sus variantes ha proliferado por doquier en la geografía nacional. Los traficantes de seres humanos disfrazan sus prostíbulos como clínicas de masajes, estéticas, gimnasios, centros podológicos, discotecas, bares, etcétera.

El negocio de los lenones, que mantienen en condiciones esclavizantes a sus víctimas, les deja ganancias equiparables a las que se llevan los narcotraficantes; como éstos, cuentan con redes no sólo nacionales, sino internacionales de contactos que les acercan la “mercancía” a precios muy convenientes para sus intereses.

Las mujeres venezolanas y colombianas se caracterizan por su belleza, cualidad que las hecho ganadoras en certámenes internacionales en los que se califica esa distinción. ¿Será esa condición la que las motiva para viajar a otros países para colocarse como escorts (damas de compañía)? ¿Será que quienes las enganchan les pintan un México como el que venden los voceros de los poderosos de este país?

Lagarde y de los Ríos menciona en su libro que: “A pesar de que la prostituta vende su actividad erótica por tiempo determinado, ella sigue siendo prostituta fuera del tiempo de trabajo: la prostitución no es solamente un trabajo o un conjunto de actividades, tampoco es sólo una conducta o una forma de comportamiento, es un modo de vida”.

La terrible experiencia por la que han pasado las escorts de importación, probablemente las motive a convencer a otras mujeres jóvenes de que abandonen la burbuja fantástica en la que la publicidad engañosa las coloca.

Compartir.

Deja un comentario