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Lunes 10 de Diciembre de 2018

Un periodista provocador

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Por Rubén Cortés.

Con la muerte de Tom Wolfe (antier, en su piso 14 de Manhattan) muere El periodista liberal en inglés, así como en español lo es Vargas Llosa. Wolfe acuñó en los sesentas la expresión “izquierda exquisita”.

Fue el primer intelectual estadounidense en criticar a la izquierda, cuando Mailer, Waldo Frank, Sontag, Gingsberg, Charles Wright, Leonard Bernstein… babeaban por Fidel y los Panteras Negras.

Nunca se acomplejó al afirmar que es en Estados Unidos, el símbolo del capitalismo, donde se cumplieron los sueños de los premarxistas y socialistas utópicos del siglo XIX: Owen, Saint-Simon, Fourier, Flora Tristan, Cabet…

Los sueños de que un obrero tuviese libertad política y privada y ganase un salario que le permitiera irse de vacaciones al Caribe, un país que acogiera a muchedumbres de toda las razas, religiones y nacionalidades, y pudieran desarrollar allí su potencial humano a su gusto.

Wolfe balconeó a la izquierda alejada de la gente común, cultivada de manera autorreferencial en sus depas, tomando vino, “luchando” desde restaurantes, yéndose de “fin”… que después fue llamada izquierda de caviar o progre.

Y una intelectualidad sometida al populismo, aplastada por la corrección política, que “tiende puentes” con cualquiera que gane las elecciones: una izquierda y unos intelectuales exquisitos, progres, de caviar, de Caramel Macchiato.

Autor de novelas imprescindibles (La Hoguera de las vanidades, Soy Charlotte Simmons, Todo un hombre, Bloody Miami…), Wolfe queda, sin minimizar su trabajo literario, como un grandísimo periodista que… escribía novelas.

Y no por ser creador del Nuevo Periodismo. Porque no es cierto: Wolfe sólo agarró la veta de un texto de Gay Talese sobre Joe Louis y acuñó el nombre, así como Fannia Records nombró “salsa” a la música de Benny Moré y Enrique Jorrín, que tocaban Rubén Blades y Willie Colón.

Lo que llamó Wolfe “nuevo periodismo”, lo habían escrito ya José Martí (sus crónicas desde Nueva York), Martín Luis Guzmán (El águila y la serpiente), y antes Daniel Defoe (El año de la peste).

Hay un libro básico de Wolfe: El periodismo canalla y otros artículos (Punto de lectura): esclarecedor, desde la resurrección de Darwin el siglo pasado hasta la recuperación de Marx, Freud, el hallazgo de Oswald O. Wilson.

El renovado abrazo de la izquierda a Marx y que la clase social determina el destino del ser humano; de los metafísicos inclinados por Freud y su hipótesis de que tu manera de ver la vida depende del pezón que mamaste de bebé.

Y Wilson, con su teoría de que al nacer, nuestro cerebro es un negativo de fotografía a la espera de ser revelado. Es posible revelarlo bien o mal, pero nunca se hallará algo que no esté previamente impreso en la película.

 Ese periodista provocador, esencial, ha muerto.

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