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Sábado 23 de Junio de 2018

Despachadores de gasolina, trabajadores invisibles

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Por José C. Serrano

El oficio de despachador de gasolina no es fácil, es una de tantas actividades invisibles que mantienen marchando al país. Automovilistas particulares y operadores del transporte público deben, en su trayecto cotidiano, hacer una parada obligada en la gasolinería de su confianza, o en la que le queda de paso rumbo al trabajo o al hogar.

Los requisitos para trabajar como despachador de gasolina son mínimos, una carta de no antecedentes penales y el certificado de secundaria. No hay jornadas de capacitación para ellos, van aprendiendo lo básico sobre la marcha. Lo esencial es manejar bien la bomba y saber cobrar.

Por décadas estos trabajadores no han gozado de la prestación social del salario mínimo. El sustento que llevan a sus casas lo consiguen de las propinas que les dejan los clientes. De esos magros ingresos tienen que pagar un “derecho de piso” de 50 pesos diarios para que los dejen trabajar. Además, tienen que vender dos periféricos (aceites o aditivos), como mínimo, y si no los venden los pagan de su bolsa. Se ven obligados a llevarse estos productos para rematarlos en el barrio o la colonia donde viven.

Al día reciben un promedio de 200 pesos de propinas. Esa fortuna merma, porque tienen que pagar uniformes, gorras y botas. La ganancia líquida queda en 100 pesos por un turno de siete horas. Estos trabajadores invisibles están expuestos a serios contratiempos: asaltos, lesiones y, lo más grave, los daños a la salud.

Un estudio realizado hace varios años por la Asociación Mexicana de Química Clínica determinó que existe riesgo en la salud de los despachadores de gasolina, porque se han encontrado niveles de plomo y manganeso por encima de lo normal en el torrente sanguíneo. El estudio elaborado manifiesta que en mujeres este daño por la inhalación de gases puede traer problemas reproductivos.

El plomo puede ingresar al organismo por vía digestiva o bien, por vía respiratoria, dicho ingreso da lugar a intoxicación aguda, o bien, puede acumularse de manera crónica en dientes, huesos y en el sistema hematopoyético (de hematopoyesis: proceso de formación de las células sanguíneas). Se le asocia a la alteración en el desarrollo del sistema nervioso central; además se ha observado que la diferencia de hierro y calcio aumentan la absorción a nivel intestinal.

Otro metal de gran interés por el efecto tóxico que genera es el manganeso, considerado como un nutriente esencial por su participación en las reacciones de oxidorreducción (descomposición de la glucosa) en el hígado.

La exposición laboral a concentraciones altas de manganeso puede causar enfermendad neurológica, expresada en cefalea, cansancio, irritabilidad, disfunción motora, rigidez muscular, alteraciones de la marcha (marcha de gallo), inexpresividad facial y temblores finos.

El jueves 17 de mayo reciente, los medios de información publicaron la noticia de que la Organización Nacional de Expendedores de Petróleo (Onexpo) y la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) firmaron un convenio para incorporar al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) a 400 mil despachadores de gasolina.

El titular de la STPS, Roberto Campa Cifrián, explicó que “ese acuerdo obliga a las empresas a dar a sus trabajadores un salario base más prestaciones de ley, así como seguridad y salud en el trabajo”. La firma del documento impulsó la revisión de las condiciones de trabajo en los expendios de gasolina, aplicándoles el protocolo de inspección de seguridad, higiene, capacitación y adiestramiento para estaciones de servicio.

Otra consecuencia favorable de la firma de este convenio, es la inscripción de los trabajadores en el IMSS, con lo que se busca igualar y mejorar las condiciones de la seguridad social de quienes atienden las gasolinerías. Los hombres y mujeres llevan bajo el uniforme verde una gama de historias vinculadas a muchos años de explotación, y en su espalda, las siglas de una empresa (Pemex) que ha generado fortunas incuantificables para sus directivos y los líderes sindicales insaciables.

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