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Sábado 21 de Julio de 2018

Mejora tu resiliencia en tiempos difíciles

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Por Derrick Carpenter / Trad. Alfonso López Collada

Desde un desastre natural hasta la muerte de un ser querido, todos pasamos por adversidades y tiempos difíciles. Mejorar tu resiliencia te permite elevar tu resiliencia, tu capacidad de enfrentar y superar el infortunio.

Quienes sobreviven a desastres naturales, o son víctimas de abuso y descuido, los soldados que han visto lo peor de la guerra de cerca o personalmente, conocen el dolor de primera mano. En la vida no hacen falta más adversidades. Ya sea un contratiempo menor o un trauma mayor, todos pasamos y soportamos dificultades a lo largo de nuestra vida. Pero la diferencia que nos separa no sólo consiste en la forma que toman las contrariedades, sino también cómo respondemos cuando tocan a nuestra puerta. A ti, ¿te agobia tu suerte aparentemente desafortunada en la vida o asumes valiente tu lucha?

La Real Academia define la “resiliencia” como la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos. Es la mucha o poca capacidad que tenemos para hacer frente a la adversidad, aprovechar los retos y convertir las contrariedades en fuerza y prosperidad.

Tener resiliencia no significa no luchar, no equivocarse ni necesitar pedir ayuda. Al revés: la gente resiliente es la que insiste cuando las cosas se ponen feas o difíciles, la que aprende de sus propios obstáculos, tropiezos y contratiempos. Y sí, la que sabe apoyarse en los demás.

La adversidad deja huella, pero su lado trágico de puede ser reducido a un mínimo manejable, porque es bien sabido que podemos crecer incluso cuando nos llega una tragedia.

El desarrollo postraumático –que frecuentemente puede ocurrir junto con el estrés postraumático– es un conjunto de cambios positivos que resultan de una experiencia traumática, y pueden aparecer junto con una valoración más profunda de la vida, un sentido reforzado de las propias capacidades y vínculos mucho más sólidos con los demás.

Ya sean tus luchas traumáticas o simples contrariedades, en ambos casos las herramientas de la resiliencia te ayudarán a obtener un mayor control sobre tu propio destino y a cultivar el hábito del cambio positivo. La próxima vez que la adversidad toque a tu puerta prueba estos cuatro remedios para no caer en la desesperación.

Reconsidera lo que interpretas

La gente resiliente halla el modo para explicar sus situaciones con un enfoque más positivo, sin dejar de ver la realidad. Imagínate un noticiero de televisión en el que entrevistan a víctimas de un desastre natural como el volcán de Guatemala o el temblor del año pasado en la Ciudad de México. Unos lamentan “Jamás recobraremos nuestras vidas”. Otros encuentran el rayito de esperanza: “Fue lo peor que me ha pasado, pero también de lo mejor. Esta comunidad se unió y mostró su fortaleza en muchísimas formas de lo más increíbles” (aprendieron a no quedar atrapados en sus emociones negativas).

Tenemos la habilidad de decidir cómo interpretar las adversidades que encaramos. Por sí mismas no son positivas, pero cuando hacemos un esfuerzo para encontrar el valor que encierra lo que nos topamos y preservamos a través de la adversidad, desarrollamos un enfoque de mayor gratitud ante la vida.

El sufrimiento que nos asusta, muchas veces viene a ser el mismo elemento con el que la vida manufactura la sabiduría ganada a pulso. Cuando todo lo ves negativo, amplía tu perspectiva preguntándote: “¿Qué beneficio estoy teniendo como resultado de esta adversidad?”.

Identifica lo que puedes controlar

La gente optimista está entre la más resiliente de nosotros, y tienen éxito por su virtud de enfocar su atención en cómo pueden mejorar sus situaciones. Cuando se enfrentan a un desafío, los pensadores pesimistas tienden más a cegarse ante las oportunidades de actuar y hacer cambios positivos. En resumen, adoptan una mentalidad de víctimas.

La persona optimista mantiene una visión más clara del control que tiene. Un ejemplo útil es el reporte del periodista Jim Collins que entrevistó al Almirante estadounidense James Stockdale, luego de permanecer ocho años como prisionero en la guerra de Vietnam durante ocho años.

El autor Jim Collins acuñó el término “La Paradoja Stockdale” basado en la larga entrevista que hizo al Almirante sobre su vivencia. El prisionero tenía a la vez una evaluación cruda y objetiva de la realidad (“Es horrible ser prisionero de guerra”), y una confianza y una fe que impulsaban su esperanza (“Todo mejorará, sí puedo hacerla”).

A pesar de estar aislado, Stockdale y sus compañeros de otras celdas desarrollaron un sistema de golpes con el que se comunicaban entre ellos. El optimista realista identifica puntos de control y los aprovecha. La resiliencia, por definición, consiste en que demos un paso al frente aunque haya circunstancias terribles, y al buscar con ojos críticos algo que sí podamos controlar, establecemos nuestro camino personal.

Cuando te sorprendas sintiéndote atorado o hundido en la adversidad, encuentra algo sobre lo que sí tengas control y actúa basándote en eso.

Busca apoyo

Hay muchas imágenes de auto-resiliencia en nuestra cultura, héroes anónimos cuya fuerza de voluntad personal les da suficiente fuerza para superar cualquier obstáculo. Superhéroes (versión mexicana) como El Santo, Juan Camaney, Juana Gallo, el Charro Negro… ¡esos ídolos se equivocan!

Si bien la fuerza personal importa mucho, en el fondo es el sentido de comunidad y las relaciones con los demás lo que permite la verdadera resiliencia.

Varios estudios aplicados a infantes que atravesaban por sufrimientos significativos, encontraron que aquellos en cuya vida había un adulto que les aportara estabilidad y apoyo, tenían muchas mayores posibilidades de desempeñarse bien que los pequeños que no lo tenían.

La habilidad para relacionarse y para procesar las propias luchas en el contexto de una relación sana, amortigua muchos de los efectos negativos potenciales de un trauma infantil.

Y los beneficios de las relaciones llegan hasta la edad adulta. Considera a Stockdale y sus compañeros de prisión, que crearon ese sistema de comunicación que les permitió refugiarse en un estado mental de “estamos juntos en esto”.

Saber que hay alguien más a quien le importamos es invaluable cuando nos amenaza la cuenta regresiva. Acércate a tus relaciones más importantes en las buenas épocas, para que vayas generando la confianza y la intimidad que hará que esos vínculos estén bien fuertes cuando llegue la adversidad.

Acepta el desafío y asume el fracaso

A muchos nos cuesta aceptar el fracaso. Preferiríamos alejarnos de algo y lavarnos las manos antes que arriesgarnos a hacer el papel de idiotas. Pero cuando adoptamos una perspectiva de que el reto apropiado puede fortalecernos como personas y que aprenderemos tanto del éxito como de las fallas, estamos ejercitando nuestros músculos de la resiliencia.

No quiere decir que debas buscar la adversidad, sobre todo no las adversidades graves que vienen con efectos secundarios. Pero si encuentras retos pequeños, controlables para auto-desafiarte regularmente, como si fuera entrenamiento, entonces estarás edificando tu confianza y tu carácter.

Toma la clase que te ha estado interesando las últimas semanas, escribe, platica o lee sobre ese tema que te llama con voz suave. Haz la llamada que has estado evitando aunque sabes que debes hacerla. Ve recorriendo tus límites poco a poco y adoptando una actitud de exploración y curiosidad, aunque lo que persigues choque y se extinga.

Cuando aprendamos a identificarnos con el proceso de intentar más que en los resultados que produzcamos, habremos logrado asumir un enfoque de vida basado en la resiliencia.

 

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