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Lunes 24 de Septiembre de 2018

Despilfarro y cinismo que ofenden

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Por Patricia Betaza

Las ochos columnas del periódico Reforma de este domingo exhibieron, una vez más, los excesos del buen gusto del líder petrolero Carlos Romero Deschamps. La  investigación periodística  revela que compró, en Las Brisas de Acapulco, la casa Teifaros por la que se pedían 4. 5 millones de dólares y, según la escritura, se pagaron 2 millones 480 mil dólares. ¡Una verdadera ganga!

Pero conociendo la “exquisitez” de Romero Deschamps –que ya se ha notado en su afición a los relojes, los viajes de sus hijos en aviones privados, etc.–, la casa, con una vista espectacular a la Bahía de Acapulco, está siendo remodelada.

Romero Deschamps es líder sindical de los petroleros desde hace 25 años y, además, ha brincado de diputado a senador en un largo lapso. Nadie sabe exactamente cuánto gana, pero sí cómo gasta.

Hasta el momento de redactar este artículo no ha habido desmentido sobre la revelación del Reforma.

Eso en cuanto a Romero Deschamps, pero en la semana también fue exhibido el buen gusto de  la senadora con licencia Layda Sansores, ahora candidata de Morena a la Alcaldía de Álvaro Obregón. El noticiero Punto de Partida, de Denise Maerker, presentó un investigación de Fátima Monterrosa que reveló que la política facturó, a nombre del Senado, 700 mil pesos en gastos personales. Gastos personales como tintes, desodorantes y despensa.

Ya la habíamos fotografiado saliendo repleta de regalos de las noches Palacio, en octubre del 2016. No podía con tanto paquete que tuvo que ser ayudada por sus colaboradores. Hicieron malabares para meter los regalos  en la cajuela del vehículo. No sabemos, eso sí, si algunos de esos regalos fueron facturados con cargo al Senado. Por las marcas de las bolsas intuimos que tiene buenos gustos y  que es espléndida.

Sí, ya sé. No es lo mismo ser exhibido por la compra de un casa de más de dos millones y medio de dólares que por hacer compras y cargarlas al Senado por 700 mil pesos. La diferencia es grande, lo que no cambia son los excesos de la clase política. Esta clase política que nos lastima a cada rato. Porque en un país con millones de pobres, estas exhibiciones francamente ofenden. Y más ofende el saber que no pasa nada. Que, inmersos en una polarización sin precedentes, los políticos defienden a sus amigos o huestes y hay hasta quienes dicen que es parte de la “guerra sucia”.

Y cuando se revelan estos recientes casos de despilfarro leo, en contraste, que está a punto de entrar en prisión –si no es que alguna argucia legal lo evita- el cuñado real de España, Iñaki Urdangarín. El ex deportista y “gloria nacional” se aprovechó de su condición de entonces yerno del rey -ahora cuñado- para obtener  contratos al por mayor y beneficiar sus bolsillos. Corrupción, pues. Todo esto dentro del famoso caso Noos. Hasta la hermana del rey tuvo que comparecer. La sentencia dictada es de 5 años y 10 meses de cárcel para Urdangarín.

La corrupción efectivamente es un fenómeno universal. Sólo que allá, en el Viejo Continente, como vemos sí se castiga. Urdangarín está a punto de pasar una temporada tras las rejas y aquí, en México, lo de siempre: no pasa de convertirse en escándalo mediático por unos días para terminar en la nada. ¡Cuánto cinismo y cuánta impunidad! No nos quejemos del enojo social.

 

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