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Sábado 15 de Diciembre de 2018

Contra la corrupción, puras estupideces por parte de AMLO

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Por Carlos Arturo Baños Lemoine*

Uno sabe que las cosas en el mundo de la política están de la fregada cuando el puntero en las encuestas, AMLO, sólo es capaz de proponer puras estupideces con respecto al combate a la corrupción, que, dicho sea de paso, ha sido su principal bandera en todas sus postulaciones presidenciales.

Dejemos la chacota a un lado: sabemos que es de risa loca ver a AMLO, una y otra vez, decir que todos los males del país van a resolverse “con honestidad y combatiendo la corrupción”.

Estas palabras se han convertido en su mantra político. Ya sólo falta que nos diga que también el cáncer se curará “con honestidad y combatiendo la corrupción”. No me extrañaría esto, toda vez que hay fanáticos evangélicos, como él, que creen curar enfermedades graves mediante la sola imposición de las manos.

Hace un par de días, durante su gira por Acaquilpan, Estado de México, el candidato presidencial de la Coalición “Juntos Haremos Historia” volvió a exhibir su notoria y fanática estupidez; esto al aseverar que el “buen ejemplo” es el principal factor para acabar con la corrupción. ¡Así como lo leen, mis amables lectores!

¡Ah, su oligofrénica idea de que todo mundo seguirá su buen ejemplo de “santo varón” para acabar con el “demonio de la corrupción”!

¡Bah, puras estupideces de inspiración evangélica!

Yo seguiré insistiendo en que la religión vuelve idiota a la gente, haciéndole perder el sentido de la realidad y de la cordura. No podemos acometer los problemas terrenales con vaciladas “espirituales”, como lo pretende hacer AMLO.

¿Se imaginan ustedes al Papa diciéndonos que, con su buen ejemplo y su oración, dejará de haber curas fastidiando sexualmente a los infantes? ¡Sólo un imbécil podría creer esto!

No, no y mil veces no. Estamos hablando de la administración pública moderna. Esto quiere decir que cualquiera política pública de combate a la corrupción supone una serie racional, realista y sensata de reformas a un sistema complejo; sistema que incluye marcos legales, instituciones públicas, instrumentos programáticos y medidas técnico-tecnológicas tendientes a evitar que hasta el más ratero de los rateros pueda hincarle el diente al presupuesto público.

No es con “buenos ejemplos” ni con “oraciones” como se acaba con la corrupción, por favor. Sigamos insistiendo que, quien postule o crea esto, es un pobre imbécil.

Cuando en los EEUU la gente de veras se hartó de la corrupción policíaca, presionó sistemática y racionalmente al gobierno para que éste colocara videocámaras en todas las patrullas. A través de esta medida técnico-tecnológica, la corrupción se hizo muy difícil (por no decir “imposible”), lo mismo para los oficiales que para los ciudadanos.

Las videocámaras no sólo inhibieron la corrupción: también han sido esenciales para resolver varios casos judiciales. ¡Carajo, hasta han servido para producir exitosos programas de televisión!

Éste es un claro ejemplo de que los “buenos ejemplos” y las “oraciones” sirven para pura chingada. Lo de veras útil para el orden público y el bien de la república es la convergencia de leyes, instituciones, programas, técnicas y tecnologías sustentados en la ciencia. ¡Punto, coño, se acabó!

En el campo del realismo y de la racionalidad de la administración pública moderna, ¿qué han propuesto, en concreto, AMLO y su fanaticada de MORENA? Respuesta tajante: ¡absolutamente nada!

¡Estamos jodidos, mexicanos, estamos jodidos, porque ese mequetrefe puede ser el próximo Presidente de México!

*Profesor de la UAM-Xochimilco y de la UPN-Ajusco

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