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Sábado 21 de Julio de 2018

El estallido

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Por Carlos J. Pérez García

Hablaba yo aquí, hace una semana, de la ineludible actualidad del cambio (“verdadero”, claro)… Un cambio imparable que no deberá ser tan disparatado y que, además de rebasar a López Obrador, “no está para desviarse o retardarse”.

Miren, los fuertes movimientos y desplazamientos de origen volcánico o tectónico producen impactos que, de inicio, resultan traumáticos e incluso pueden ser muy destructivos. A partir de ellos se tienden a generar transformaciones que, ya en la metáfora política y económica, suelen rebasar a las personas y los partidos.

En la revista Nexos este mes, Jesús Silva-Herzog publica el excelente ensayo “Sobre un volcán”. Lo tomo aquí como eje de este artículo pues nos da ideas relevantes en torno a lo que está pasando en México, y recoge puntos con los que este escribidor ha coincidido a lo largo de años. Igual, entremezclo comentarios míos que pretenden complementar ese lúcido texto.

Nuestro sagaz articulista liberal inicia este trabajo con referencias a Alexis de Tocqueville, el gran político, sociólogo e historiador de la Francia del siglo XIX. Destaca su discurso como diputado de la Asamblea en enero de 1848.

Fíjense, al ser un observador convertido en político, Alexis de Tocqueville “reconocía la legitimidad de la indignación pero temía las consecuencias del encono”. No preveía un simple cambio de gobierno sino “un sacudimiento telúrico” con causas más políticas que económicas y más morales que políticas, pues los hombres pierden el poder porque “se han hecho indignos de ejercerlo”.

Para él “los grandes saltos de la historia no se originan en la miserias sino en el agravio. Las revoluciones no son súbitos estallidos justicieros, son efecto del poder vuelto ‘indecencia’”. Es la corrupción lo que hace insostenible cualquier arreglo de gobierno, señalaba, ya que carcome lo elemental. Por su indiferencia, su egoísmo y sus vicios, la clase en el poder se volvió indigna e incapaz de gobernar.

Cuando reina la corrupción “el espacio público desaparece”, y además denunciaba la degradación, la anulación de la política y el despotismo que no atendía el interés general. Esos días, Karl Marx se refería al poder desvergonzado, ya fuera propio de la política o “su perversión más grotesca” para Tocqueville. Concluía éste que Francia dormía sobre un volcán.

Bueno, ahora Silva-Herzog señala que en México ninguna elección había anticipado un cambio tan profundo… “el más hondo que ha vivido la política mexicana en varias generaciones”. La exasperación se desborda, agrego yo, lo que confirma una transformación que aún no termina de definirse. En mi opinión, don AMLO es aquí un mal pretexto que ha buscado el poder por muchos años.

Aburre, es cierto, que como hace décadas la contienda parezca resuelta desde el arranque, aunque Meade y Anaya luchan en forma desesperada para que no sea así. Aspiran a “la utilidad del voto” anti-lopezobradorista pero sin lograr deslindarse del pasado o de la corrupción.

Este año las coaliciones electorales funden las izquierdas y las derechas sin mayor pudor. Incluso más que izquierdas, en Morena cabe todo sin requisitos éticos ni ideológicos, y nuestro sistema de partidos ha entrado en agonía. No pocos lo festejarán, pero la democracia requiere de partidos sólidos y bien conectados con la sociedad, como vías o contrapesos que puedan contener excesos y desviaciones.

El cuestionado partido de EPN se podría ver marginado en un cambio que no surge porque lo haya mencionado AMLO estos días, sino porque es ya imprescindible. Nunca, en su larga historia, el PRI se había encaminado a una elección tan adversa. La opción de la continuidad parece indefendible, pero creo que el priismo tendría algún papel en una transición.

El PAN igual acabaría dividido y debilitado, mientras Morena va a ocupar espacios y se abre a socios muy diversos. Pero, ojo, cuando se quiere incluir todo, es posible que no se defina nada.

Por su parte, el crimen habrá votado e intimidado con balas. Un gran estallido oxigenaría la política, si bien tantos petardos podrían ser tóxicos. A falta de resultados, la epopeya se tendería a sostener con eslóganes.

Eso sí, cuando un presidente autoritario se sitúe en contra de la educación de los niños, estaría afectando el futuro de todos. Si se coloca también contra las fuerzas de la economía, dañaría el crecimiento económico, el empleo productivo, el abasto básico y la eficacia ante la pobreza o la desigualdad.

Al parecer va a quedar atrás lo que México logró con sus esquemas liberales de apertura al mundo, de premio al mérito o de aliento a la competencia. Vendrían ahora la melancolía de la autosuficiencia, la tutela del Estado, la polaridad frente al pluralismo y, claro, el Pueblo en lugar de la sociedad civil.

Después de la soberbia, el cinismo, la insensibilidad y la ostentación, cualquier gesto de austeridad y honestidad será bien recibido aunque no nos dé los recursos prometidos. Jesús Silva-Herzog igual prevé que los grandes designios de un cambio se vean frenados por “las incompetencias de un equipo de novatos y trasnochados”.

Aun con su acento distributivo, quieren ellos absorber prácticamente todo como síntesis de la nación, y se anticipa “una presidencia seductora, fuerte, ambiciosa, torpe y enmarañada”, con respaldo popular y sin restricciones de reglas ni de hábitos. ¡Cuidado!

Que el liberalismo sea democrático y la democracia sea liberal, son los deseos de Jesús Silva-Herzog. Y yo no creo que un conservadurismo de derecha fuera lo mejor para detener el populismo reaccionario. Ojalá que una centro-izquierda progresista pudiera hacerlo, sin moralismos o polarizaciones ni absurdos regresos al pasado.

En fin, oigan, sesudos analistas calculan que en unos 18 a 24 meses del nuevo gobierno sería evidente su fracaso con respecto a las promesas y esperanzas que habrá generado. Ya en el poder, AMLO le echaría la culpa a todas las mafias del mundo… y luego, la verdad, no tengo idea de qué pueda suceder.

¿Acaso un presidente iluminado va a escuchar a gente más capaz y menos obtusa que él? Por ahora dudo que los indecentes que lleguen le hagan caso a los “decentes”, pero espero equivocarme.

* INCREÍBLE LA VICTORIA DE México sobre el actual campeón, pero esa hazaña excepcional no nos convierte en candidatos a ganar la Copa del Mundo. De hecho, Alemania se mantiene entre los favoritos, y más nos vale ser realistas y ubicarnos a fin de consumar un buen papel.

Para los mexicanos, lo fundamental es la actitud y el ánimo no sólo en el fútbol sino en general.

cpgeneral@gmail.com

@cpgarciera

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