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Miércoles 12 de Diciembre de 2018

Partidos Políticos en quiebra y a la deriva

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Por Luis Octavio Murat Macías

Se terminó el Mundial de Fútbol y con frecuencia se escucha “¿Y ahora qué hacemos?”.

Pues, la vida continúa, quedan recuerdos buenos y malos, agradables o agrios de una Fiesta Mundial que duro 38 días, reuniendo, sin distinción, a diferentes razas, nacionalidades e ideologías en la bella Rusia. Las multitudes presenciaron juegos que provocan pasiones, alegrías, armonías y lágrimas.

Ojalá que la cordialidad entre los pueblos fuera por siempre así. Desgraciadamente eso es imposible y sólo quedan las memorias de los días felices; de los estadios llenos de gente animando a sus equipos; de palcos ocupados por jefes de estado como la señora Kolinda Grabar-Kitarovi?, presidenta de Croacia, Vladimir Putin, presidente de Rusia, Giovanni Infantino, presidente de FIFA, Emmanuel Macron, presidente de Francia, Nicolas Sarközy, ex presidente galo, el Emir de Catar, Jeque El Tamim bin Hamad Al Thani, próximo anfitrión del Mundial de fútbol, y varios personajes más que disfrutaron el gran espectáculo.

Dicho lo anterior, regresemos a la realidad política de nuestro país.

En el tablero del ajedrez político las fichas se empiezan a mover, por ejemplo, en el PRI, ahora en quiebra, pues no hay dinero para pagar la nómina de este mes, Ulises Ruiz, dirigente de la corriente Democracia Interna, convocó a su partido a perfilarse hacia una amplia apertura democrática, a fin de recuperar los espacios perdidos en la reciente justa electoral y, de esa forma, continuar desempeñando el papel que corresponde a una pieza importante de esa máquina llamada sistema político mexicano.

Sin embargo, para que las piezas del motor funcionen hace falta el aceite que las lubrique con el respeto que como aditivo las dirigencias le deben a las decisiones y preferencias de las masas que integran a las instituciones políticas.

Si no es así, la democracia desaparece para dar paso a la imposición y arrogancia de las élites partidistas y a las decisiones de la cúpula presidencial.

Con base en lo anterior, la reconstrucción, la rectificación, la creación de nuevas y mejores instituciones políticas, son retos obligados para que el sistema político se siga apoyando sobre sólidas bases democráticas.

En ese sentido, el movimiento de piezas se inició en el PRI con la renuncia de René Juárez Cisneros quien se dedicará a las tareas legislativas. Claudia Ruiz Massieu lo sustituye, pero la dirigente cuenta con un plazo de 60 días para convocar a la Asamblea Nacional en la que se tomarán decisiones que refresquen y den nuevas formas a una estructura que envejeció hasta oxidarse. Así quedó el partido que fue derrotado debido a las ambiciones personales de los tecnócratas que lo llevaron a la más estrepitosa derrota electoral de su historia.

Del resto de los partidos que conservan su registro ante el INE, sólo se saben declaraciones aisladas como sucede en el PAN, institución que juega con los tiempos para hacer los cambios de los liderazgos a nivel federal y estatal, pero en concreto nada todavía.

Por lo que respecta al PRD, que cambió de sede en Tabasco al no tener dinero para pagar los 35 mil pesos de renta, declaró que apoyará todas las iniciativas que el próximo Presidente de la República envíe a las cámaras legislativas, es decir, lo que Andrés López diga y ordene.

En cuanto a Movimiento Ciudadano, Dante Delgado, a diferencia del PRD, declaró que su partido no será aplaudidor de Andrés López, ni se alineará con el gobierno.

De los partidos pequeños, parece que no han digerido el trago amargo de la derrota que casi los desapareció, Nueva Alianza y Encuentro Social, partidos que perdieron su registro al no alcanzar el 3% de la votación nacional.

Pero en esta cruda realidad, que sorprende por los cambios que a diario se anuncian, la lucha debe continuar aunque las derrotas duelan, pero cierto es, también, que lamiendo heridas y emitiendo quejidos no se avanza ni se fortalece una efectiva oposición política, la cual está obligada a construir los equilibrios que la democracia requiere.

Es, pues, momento de usar el juicio, de poner coto al descenso de la militancia, a la ausencia de actividad militante y al debilitamiento de las organizaciones políticas. Son tiempos de contener la desintegración parcial de los cuadros y el éxodo de los militantes.

Los partidos históricos deben recordar que su vida política se construyó con la fuerza del pensamiento y las acciones políticas que posibilitaron los ideales de participación en la vida política del país.

Los otros, los partidos fugaces que, como hongos brotan en época de lluvias, deben desaparecer. Su costo es muy alto (2 mil millones de pesos) y el papel de comparsas, o de mercaderes, no los vale.

En los últimos 27 años México ha visto actuar a 14 partidos políticos sin pena ni gloria.

En consecuencia, toca a los partidos históricos aprovechar las condiciones y facilidades que la República brinda para continuar fortaleciendo como oposición la democracia mexicana que, irónicamente, le ha entregado inmenso poder a un solo hombre.

@luis_murat

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