web analytics
Sábado 22 de Septiembre de 2018

La pugna por los cargos es imparable. Presiones en Morelos

0

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

Esta semana de la Independencia nos trae gratas experiencias y nos hace disfrutar de manera colectiva la bendición de vivir en México. Sentirnos parte de una nación con valores que todavía se defienden, y tradiciones culturales que siguen vigentes, y que identifican a este país aferrado a permanecer cohesionado. Se celebra -por supuesto centralmente- el relato del grito de Hidalgo para intentar desprenderse de lo que consideraba el sacerdote, que era el mal gobierno, después surgió la idea completa de independizarse.

Lo que no se menciona en las historias oficiales es el motor principal de ese movimiento que devino en la independencia. y que magistralmente Armando Ayala Anguiano en su obra amena, accesible y veraz, México de carne y hueso, expone tal cual; como un interés primordial de los independizadores el colocarse en el gobierno colonial, que no le daba oportunidades ni siquiera a los españoles nacidos aquí; sino a los que habían visto la primera luz en la península ibérica. Eso afirma Ayala, agarrar hueso fue el leitmotiv.

Esa queja de oportunidades laborales en la Colonia que se volvió un incendio, no desestima en nada lo logrado por los primeros que se enfrentaron a una administración, que ya no tenía la legitimidad suficiente, porque la presencia de los Bonaparte en la vida de España trastocaba los sustentos ideológicos para seguir al frente, de esta enorme región colonizada como era la Nueva España.

Unos como Allende, Aldama y los que dirigían, querían ascender, pero los desconocidos que se fueron tras ellos a las armas querían trabajos en la burocracia, chambas, pues. Posiciones que suponían desplegaba toda la honra, la riqueza, el mando y la distinción de manera desproporcionada. La imaginación de la gloria era mucho más fuerte que las realidades para lograrla.

Y así sigue la historia de México, que es también un relato cuyo hilo conductor es la pugna por los cargos públicos, que la mayoría imaginan excepcionales en beneficios y poco reparan en las responsabilidades que entrañan.

Lo que pasa hoy en México dibuja esas realidades que siguen siendo la motivación para creer que el spoil system es decir el de “reparto de botín” debe ser el método, por supuesto premoderno, de hacerse de un cargo público.

A Max Weber debemos didácticamente esa distinción de sistemas de integración del personal público, o se opta por repartirse los cargos por la cercanía al líder y a la facción; o se toma en cuenta el profesionalismo y la experiencia para servir a los contribuyentes. Dos enfoque distintos, uno cavernario propio de los ejércitos bárbaros y, el otro, decía el pensador alemán: racional.

Se necesitan características profesionales y experiencia para acceder a un cargo y sacar adelante la encomienda.

No basta haber sido entusiasta seguidor del jefe en las etapas de la búsqueda del voto, en la que se despliega el entusiasmo y el optimismo; sino tener aptitudes acreditadas para no empezar la historia del servicio público cada seis años.

Por eso estamos como estamos, tratando de aprender echando a perder. Los improvisados alegan lealtad, incluso fidelidad, como si el único requisito para trabajar en el gobierno fuera poseer un espíritu adorador de los jefes y no un compromiso sencillamente eficaz y eficiente.

Por eso no se ha visto bien el reclamo y la actitud de la jefa de Morena, la señora Polevnski, hacia el gobernador electo de Morelos, Cuauhtémoc Blanco, porque refleja la mala idea que los cargos son para los cuates y que se deben repartir como cuota. Según ella, el senador Rabidranath Salazar “se sacrificó” para que Blanco llegara, y en se tipo de razonamiento basó su querella.

Pero eso no fue es así, y Salazar ya desmintió a la líder, aparte de lo que el propio Cuauhtémoc Blanco le puntualizó, marcando su desconocimiento del Estado de Morelos y, además, en un tono de respeto que sorprendió a muchos que reconocieron su correcta expresión en tiempos en los que la descalificación abunda.

Porque independientemente de las capacidades que cada quien tenga, ésas se verán en los hechos de gobierno y en los equipos que se integran. El pueblo le dio el voto al ex jugador.

Indiscutiblemente el “factor popularidad” fue determinante y nadie de Morena, tenía como superarlo, no fue un acto de bonhomía, sino una realidad de la marca “popularidad”, como fue esa misma marca, la que le dio también a López Obrador ventajas sobre sus contendientes.

En su ira, Yeidkol Polenvsky usó de adjetivos discriminatorios: le dijo “españolete” a Sanz, un colaborador de Blanco, a quien señaló como el consejero que influyó para que no se le obsequiara a Morena en pleno la mitad de los cargos; y de que intentaba hacerse de una bancada con los morenistas de Morelos, que lógicamente ven utilidad en jalar con su gobernador.

Yeidkol ha cambiado ahora que las circunstancias le favorecen y se volvió absolutista… literalmente.

Pero no es el único caso, el fenómeno de la lucha de oficinas se llama Morena vs. Morena, es la película que deben dejar de escenificar en el país, si quieren gobernar…

Compartir.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.