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Viernes 19 de Octubre de 2018

¡Es la desigualdad, estúpido!

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Patricia Betaza.
 
Para entender por qué la llegada de un personaje como Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y del resurgimiento de grupos extremos de derecha y de izquierda en el mundo habrá que ver el documental Salvando al Capitalismo, basado en el libro del economista, profesor  y exsecretario del Trabajo  de Estados Unidos, Robert Reich.
 
Reich entrevista a ciudadanos, empresarios, congresistas, financieros y funcionarios para exponer todos los componentes de ese llamado capitalismo salvaje que tanto ha profundizado la desigualdad en el mundo. 
 
Quien fuera secretario del Trabajo del expresidente Clinton pertenece a una influyente corriente de pensadores –Thomas Piketty , Joseph Stiglitz y Paul Krugman– que han asumido una posición crítica a ese modelo económico que ha permitido concentrar el dinero en las élites, mientras que las clases medias pierden cada vez más el poder adquisitivo, protección social, empleo, pero sobre todo la esperanza de que sus hijos puedan a aspirar a una vida mejor. Ni hablar de los sectores más pobres y desfavorecidos.
 
Según Reich desde la época de Clinton ya se veían venir señales de descontento social que se fue profundizando poco a poco hasta estallar en la crisis hipotecaria del 2008 con la quiebra de Lehman Brothers. Miles de estadounidenses no pudieron seguir pagando sus hipotecas porque no tenían los suficientes ingresos pero los bancos omisos siguieron dando a lo loco millones de créditos. Llegó la intervención del gobierno para evitar lo que hubiera significado una quiebra de todo el sistema financiero. 
 
Para Reich la alianza entre el gran capital y el gobierno ha sido una especie de mancuerna diabólica que  siempre termina cobijando a las élites. Son los cabilderos de las grandes multinacionales los que apoyan y mueven candidatos y leyes siempre para favorecer y proteger a los grandes corporativos.
 
Es sabido que el uno por ciento de los más ricos concentra en muchos países la mayor parte de la riqueza nacional. Si esa desigualdad se profundizó en Estados Unidos no cuesta trabajo imaginar lo que ocurre en países latinoamericanos. 
 
Como el nombre de Salvando el Capitalismo lo refiere, Reich no pretende que desaparezca, sino que cambie para que no sean siempre las élites las que se favorezcan sino las mayorías. En pocas palabras limitar sus excesos. En el documental Reich exhibe el cinismo de los cabilderos, los altos directivos que ganan millones, pero también la desesperanza y penurias  de los agricultores del medio oeste de los Estados Unidos o de una empleada de un Mc Donalds.

De ahí, esa desigualdad, de ese descontento social, de ese resentimiento construyó Trump su capital político.Y vaya que el populismo tiene terreno fértil en el mundo porque la  herida de la desigualdad es profunda y sangrante. De ahí que con frases efectistas, que prometen resolver problemas con varitas mágicas y señalando enemigos, sea más fácil atraer a un electorado iracundo. 

 Así que ¡Es la desigualdad Estúpido!” – cambiando la famosa frase de “Es la Economía Estúpido”  de Clinton. Porque es ahí en esa disparidad entre los que tienen mucho y los que tienen nada o los que están en constante pauperización es dónde se anida el principal alimento de los populistas. Salvando el Capitalismo un excelente e imperdible documental para poder entender la irrupción de personajes nefastos a la escena pública. Pero además propone métodos para reformarlo, hacer un capitalismo diríamos, más humano, menos depredador.

@patybetaza

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