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Jueves 18 de Octubre de 2018

Los pitos de Mancera y la costosa mitología feminista

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Carlos Arturo Baños Lemoine.

El pasado lunes 17 de septiembre, el portal Plumas Atómicas publicó un reportaje intitulado “Dos años y 11 millones después, los silbatos antiacoso no se han usado ni una vez”.

La conclusión del reportaje es contundente y demoledora, aunque también esperable: a dos años de su entrada en vigor, y tras una erogación acumulada de 11 millones de pesos, los dichosos silbatos antiacoso no se han usado ni una vez.

En esos términos respondió el Sistema de Transporte Colectivo Metro a una solicitud de información realizada por el periódico Reforma, misma en la que se basó Plumas Atómicas para hacer su reportaje.

Todavía recordamos esa escena ridícula en donde Miguel Ángel Mancera, el entonces pésimo gobernante de la Ciudad de México y hoy senador de la República, presentaba los silbatitos, soplándole a uno y gritando muy emocionado “¡Por las mujeres!”…

De hecho, yo escribí aquí mismo, en El Arsenal, un artículo al respecto: “Soplar pitos”, la nueva ocurrencia de Mancera (27-mayo-2016), ya que dicha política había sido anunciada meses antes por el entonces Jefe de Gobierno como parte de otra vacilada: la deplorable, insulsa e ineficaz estrategia “30-100”, dizque para combatir la violencia hacia las mujeres, sobre todo en los espacios públicos. Ya está acabando el sexenio mancerista y ya sabemos que esa estrategia fue un fracaso.

Lo que entonces pronostiqué se ha cumplido: los pitos de Mancera sólo han servido para desperdiciar dinero público, justo para lo que han servido prácticamente todas las políticas implementadas dizque para erradicar “la violencia contra las mujeres”.

Y no puede ser de otra manera, ya que todas esas políticas se han diseñado con base en la mitología feminista que, justo por ser una mitología, conlleva ideas falsas, irreales, absurdas, fantásticas…

Lo que se construye sobre la irracionalidad sólo puede generar resultados irracionales. Y desde que la “perspectiva de género” (feminismo disfrazado) entró a contaminar la administración pública mexicana, sólo desperdicio de recursos hemos padecido.

Miguel Ángel Mancera en 2016

Ya también, en otras ocasiones, en este mismo espacio he referido un artículo de la compañera periodista Nancy Flores, de la revista Contralínea (abril 2017) que demuestra que el excesivo gasto público en la “política de género” ha servido para nada:

https://www.contralinea.com.mx/archivo-revista/2017/04/09/aumenta-desigualdad-de-genero-pese-a-gasto-de-177-mil-millones/

Insistamos: no puede obtenerse beneficio alguno de políticas públicas diseñadas con base en ideas irracionales, como las que nutren y sostienen a la mitología feminista.

Las únicas que han sacado provecho de ese presupuesto público son las personalidades y las sectas feministas que, desde las ONGs, los puestos burocráticos, y los espacios académicos y periodísticos, han efectuado los repetitivos y nauseabundos cursos, talleres, diplomados, ciclos de conferencias, conversatorios, trípticos, asesorías, posgrados, panfletos, diagnósticos, encuentros, manuales, publicaciones, portales, congresos y consultorías de lo que sea, agregándole siempre “con perspectiva de género” (feminismo disfrazado).

Ya saben, se trata de eventos y espacios en donde se repite sin cesar, cual mantra de lavado cerebral (sectarismo al fin y al cabo), aquello de que las mujeres han sido “históricamente oprimidas y discriminadas por el sistema patriarcal, machista, misógino, falocrático, androcéntrico y bla bla bla”… La cantaleta engaña-bobos de siempre. Sólo gente brutalmente ignorante de la historia de la evolución humana puede sostener algo así.

Esas personalidades y esas sectas feministas por supuesto que sí han hinchado sus carteras y sus cuentas bancarias, todo a costa del erario público y con base en su discursito falso, grotesco, victimista y chantajista.

Lo hemos dicho muchas veces y lo seguiremos haciendo: las sectas feministas tienen vocación parasitaria. Se han dedicado, de forma sistemática, a esquilmar al erario público tanto como a las fundaciones filantrópicas del capitalismo patriarcal.

Los inútiles pitos de Mancera: un ejemplo más de la esencia parasitaria de la mitología feminista. Lo peor: este parasitismo se paga con recursos públicos.

Para terminar: ojalá las autoridades del STC-Metro pongan mayor atención en la violencia que, demostradamente, más afecta a las mujeres en ese medio de transporte colectivo… ¡las madrizas que se paran las propias mujeres entre sí en los vagones exclusivos para mujeres!

¡Qué madrizas se ponen las mujeres entre sí, de veras! ¡Ni en la Arena Coliseo se ve eso!

Bueno, tanto así que muchas mujeres prefieren viajar en los vagones mixtos, donde la mayoría de los varones las trata con respeto y hasta les hacen “huequito” para que quepan.

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