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Jueves 18 de Octubre de 2018

Se va PRO-MÉXICO

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Jorge Miguel Ramírez Pérez.

El desprestigio de la administración que termina es tal, que a todo, necesariamente, se le ve ineficacia y maña. El juicio de la historia siempre tarda y lo que arroje este régimen que agoniza, no sabemos qué tan malo pueda haber sido, porque lo malo como lo bueno también cuenta.

Creo que en el gobierno federal –paulatinamente- se fue perdiendo la “austeridad republicana” de un Adolfo Ruiz Cortines, que hizo de esa meta una devoción personal, a la frivolidad de hoy de aparecer en las páginas de la alta sociedad, como la revista española ¡Hola! hay un abismo.

El mantenerse en una forma conservadora de vivir era un recurso idealizado, mas por los funcionarios astutos cuyo objetivo de imagen pública era el de fingirse pobres; muchos tenían, a propósito, luidos los sacos de los trajes, o como le hacía Lombardo Toledano que siempre vestía de negro, del que se decía tenía docenas similares.

La austeridad republicana fue perdiendo adeptos reales y fingidos, pasó de moda y el ideario hankista el súmmum de la entronización del abuso, hoy comúnmente llamado gandallismo, se plasmó en la frase lapidaria que aseveraba que “un político pobre es un pobre político”.

Bajo esa cínica filosofía de vida, se dio un giro y surgió así la nueva secta de los competidores de la dolce vita, Polo Ramírez Limón con su colección de marcas como: Lamborghini y Bugatti; el Negro Durazo con los cofres de centenarios, relojes de oro y partenones. Los depósitos en el extranjero que dejaron de ser privilegio de expresidentes, para convertirse en algo común de burócratas de medio pelo, hasta familiares de otros más encumbrados; casas en Houston y Miami, se volvieron comunes a los funcionarios que sin recato las tienen o en España, donde adquirieron “pisos”.

Porque desde que se empezó a explotar el maravilloso Cantarell, México y sus funcionarios pasaron a formar entre los ricos del orbe, de los que se daban el lujo de hasta “cerrar” antros y restaurantes en el extranjero, a cuenta de la presunción de malgastar las divisas.

En ese clima de boato, de vinos y rosas hasta de la vida loca, en esa era de hacer añicos las divisas nació Pro-México, como una necesidad de informar y promover los negocios externos y traer inversión, pero a la vez fomentar la atención VIP de funcionarios y amigos del régimen. Una extensión del poder apantallador de la burocracia de arriba. Es decir surgió el fideicomiso promotor de eventos comerciales internacionales en medio del despilfarro, en el 2007, antes de la gran crisis internacional del 2008.

Los vi en el Foro Mundial del Agua en Zaragoza, descontrolados, descoordinados y sin datos de lo que había que hacer, de por sí nadie traía propuestas con excepción de la que armamos en Sinaloa, de Fábricas del Agua, que por cierto Peña, premió años después. Pero volviendo a Pro-México, estaban más interesados de que funcionara la presentación del pabellón de México, que era un video en el techo… ¡hágame el favor!

Dicen los funcionarios de esa entidad que quiere desaparecer Obrador, que ellos son los que han conseguido el 40% de los inversionistas. Está por verse, más bien ya esa percepción no podrá probarse, porque fuera de repetir presentaciones de cerveza, licores y artesanía en diversas ferias internacionales, definitivamente no pueden acreditar que ellos con sus habilidades hayan sido los factores para traer los negocios que han llegado al país.

De hecho cuando el 80% de las exportaciones son a Estados Unidos, las demás oficinas no pueden demostrar algo más que el uno por ciento de esos montos de operaciones exportables.

Y tiene razón López Obrador que aunque exagera al decir que: “no hacen nada”, en la realidad no es mucho lo que parece se hace en ese terreno, sobre todo considerando la relación costo-beneficio de esos empleados, que se conocen todos los antros de las ciudades donde promueven el comercio con México.

Pero me parece que se debe retener a los pocos que sí trabajan y conocen el proceso de promoción, que a lo más debe ser uno, en una que otra oficina externa. A esos profesionales del comercio internacional, se les puede integrar de manera selectiva para apoyar a los embajadores que sí tienen trabajo de sobra, porque no todos están en esa dinámica, son pocos, los demás están en la dolce vita de perfil bajo.

Así que la medida parece racionalizadora y congruente, falta saber si en unos meses no se les ocurre a los nuevos también, tener a su agencia de viajes VIP, pero con otro nombre.

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