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Viernes 19 de Octubre de 2018

Y… México llama a cuentas a Maduro

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Rubén Cortés.

Es problema interno de Venezuela, que su presidente use un supuesto atentado en su contra como pretexto para retirar el pasaporte a 45 periodistas críticos, y encarcelar a 28 opositores, incluidos un diputado y un coronel retirado. Los venezolanos deben resolver ese asunto.

Es problema interno de Venezuela la falta de talento de su presidente: de manera pueril, subió tres rayas a la tensión de sus ya de por sí escuálidas relaciones con el mundo libre, acusando a México, Colombia y Chile de participar en el supuesto ataque con un dron, el pasado 4 de agosto.

En cambio, su señalamiento se convierte en un problema de política exterior para México. Así que bien hizo nuestro gobierno, ayer, en citar a la embajadora de Venezuela, María Lourdes Urbaneja Durant, para asegurarle por escrito su enérgico rechazo a las acusaciones de Caracas.

Fue más contundente, sin embargo, la posición de Colombia, que defendió en Naciones Unidas que el mundo necesita imponer un “cerco diplomático” a Venezuela para poner fin a la “dictadura”, mediante  la denuncia y aplicación de todas las sanciones necesarias.

En comparación, la postura mexicana no deja de seguir la pauta de la Doctrina Estrada que, en este momento del mundo, es sinónimo de un confort diplomático disonante con un país con una democracia pujante y una economía abierta que está entre las 15 primeras del mundo.

Porque la “no intervención” que propugna la Doctrina Estrada sólo nos sirve para tener una política exterior abúlica y regida por la ley del menor esfuerzo, mientras por otra parte abrimos las puertas del país a cuanto organismo internacional quiere verificar derechos humanos, elecciones…

Por lo mismo, debemos criticar dictaduras, violaciones de los derechos humanos, irrespeto a resultados electorales, intervenciones militares, crímenes de lesa humanidad…

De hecho, nuestro próximo gobierno debería de mantener con Venezuela una firme colaboración diplomática para conseguir, con pacifismo y respeto, que la dictadura de Maduro deje de perseguir a los opositores y ponga fin a la crisis política, humanitaria y migratoria que genera.

Aunque a raíz del reciente asesinato de 40 opositores, durante manifestaciones en las calles, el hoy presidente electo manifestó su posición en una entrevista con Grupo Imagen, al recomendar a los opositores no caer “en la trampa de la violencia”.

No denunció la represión del Ejército ni de la policía política, pero sí se refirió al dictador al considerar que “un dirigente puede poner en riesgo su vida, me duele que se sacrifique a la gente. El poder no justifica la pérdida de una sola vida”.

Pero, admitir dolor por el sacrificio de la gente, es un paso. Ya como presidente, son de esperar otros pasos.

Para que el pueblo venezolano no esté solo.

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