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Jueves 13 de Diciembre de 2018

La tragedia de los desaparecidos

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Marissa Rivera.

La impotencia y el horror erizan la piel al ver las fotografías. 

Ropa de mujer, hombre, niños y hasta de bebés. Pequeños zapatos de quienes, seguramente, aún no aprendían a caminar y terminaron en una fosa, entre decenas de cuerpos. Quizá familias completas, asesinadas y enterradas para ocultar el crimen. 

Hace unos días, la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas publicó el catálogo de las prendas encontradas en las fosas clandestinas en Veracruz, donde se han localizado los restos de más de 170 personas. 

Imágenes perturbadoras para quienes buscan a un ser querido que desapareció. Historias de horror que se cuentan por miles en México.

Hoy se cumplen cuatro años de la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Isidro Burgos”, en Ayotzinapa, Guerrero. Llegamos al cuarto aniversario con una endeble “verdad histórica”, que familiares y sociedad rechazan. 

Con 43 familias que aún buscan a sus hijos y con la promesa del nuevo gobierno de crear una Comisión de la Verdad que se encargue del caso.  

A cuatro años de la tragedia, los padres de los 43 jóvenes continúan con la exigencia de verdad y justicia. 

Hoy marcharán, una vez más. La resistencia por la justicia, con la frase que taladra los oídos de las autoridades: ¡vivos se los llevaron, vivos los queremos! 

Esa justicia que claman las familias de más de 35 mil desaparecidos, según cifras oficiales. En las que casi la mitad son jóvenes entre 15 y 29 años. Otras cifras señalan hasta 60 mil los desaparecidos. Números inciertos de una verdad que aterra. 

Expertos en el tema de desapariciones forzadas aseguran que en el 99 por ciento de los casos no hay búsqueda. Son las familias quienes se encargan de hacerlo, porque al Estado no le interesa. 

En México las desapariciones ocurrían sin siquiera verdades históricas, mucho menos había justicia. Pero en la última década estos crímenes han aumentado sin visos de erradicación. Una crisis en derechos humanos. 

El horror crece y no hay quien lo detenga. No sólo son cientos de fosas clandestinas, sino también los tráileres frigoríficos rodantes en seis ciudades del país, los que dan cuenta de la magnitud del problema. 

La próxima administración no la tiene fácil. Familiares de las víctimas se han negado al perdón y olvido. Ellos quieren justicia y paz. 

En un país como México en el que la desaparición de personas comienza a ser cotidiana, se necesita una estrategia contundente contra el crimen organizado y castigos ejemplares a las autoridades que incurran en acción u omisión. 

La violencia y el horror nos han ganado terreno. En lugar de acostumbrarnos a la desgracia, acostumbrémonos a exigir justicia y resultados.

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