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Martes 13 de Noviembre de 2018

Jalisco ¿sí se raja?

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Ah-Muán Iruegas.

Es de fama hemisférica la frase casi cinematográfica de que “¡Jalisco no se raja!” (es decir “no se arredra”), y se acostumbra pronunciarla con incuestionable aplomo. Pero aquí trataremos de demostrar que Jalisco, evidentemente se ha rajado.

El “tour” de cadáveres que deambulaban en camiones cargueros por las municipalidades jaliscienses, no es sino la más reciente prueba documentada de que el otrora colorido estado de Jalisco, efectivamente presenta algo más que una rajadura en su agreste territorio.

Sin embargo, ya anteriormente ha habido datos fehacientes de lo que afirmo. Las balaceras tomadas en video por aterrorizados transeúntes de la tierra jalisciense, me llevaron hace meses a considerar escribir un texto con el mismo título que éste. Pero algo me engañó y me hizo creer que Jalisco no se rajaba.

No obstante, el ya célebre episodio de los tráileres mortuorios, ha cobrado fama internacional y sin lugar a dudas demuestra que Jalisco “siempre sí” se rajó…

Lo anterior, sin ser un engaño, es completamente insuficiente. La terrorífica escena del equipo de cadáveres ambulantes no tiene parangón. Es incluso “inmortalizable a través de Netflix” y desde aquí se le augura a la correspondiente historia, un gran éxito en pantallas chicas y grandes. La escena no tiene desperdicio y tiene futuro, a mi extraviado parecer, tanto en el arte dramático como en la plástica, la novela, el cine y en el extremo, la danza…

Danzas igualmente horribles ya han merecido la atención de los artistas, como la mil veces interpretada Danse Macabre del compositor Camille Saint-Saëns. Muchos otros artistas han recreado esa alegoría, que busca expresar la fragilidad de la vida y la vanidad de los supuestos goces y placeres de este mundo.

Pero lo de Jalisco parece de otro planeta; está más allá de la órbita que mis ojos quieren recorrer. Y sin embargo…

El gran problema –y me excuso por ser redundante– es que tal problema es tan pero tan grande, que rebasa las fronteras de Jalisco. Lo que está ocurriendo en Jalisco, mancha y ensombrece a todo México. No es solo un problema de esa entidad, aunque haya ocurrido en ese desgraciado Estado, que tenemos la desgracia de exhibir, en este desgraciado país.

Esto hiede. Y hablo con independencia del olor de los cadáveres. La propia existencia de los afamados pasajeros del referido “tráiler” merecería ya la intervención de autoridades internacionales como ocurrió en Guatemala con su CICIG, ya que ni las autoridades estatales ni las nacionales pudieron hacer gran cosa para impedir el terrorífico incidente –y menos las municipales–.

Los surrealistas europeos acostumbraban jugar entre ellos, un entretenimiento denominado “cadáver exquisito”, que consistía en que un artista escribía la primera línea de una poesía. El segundo “jugador” componía la segunda línea del poema, y así sucesivamente hasta terminar la obra.

Ahora, el gobernador del Jalisco, los presidentes municipales y el presidente Enrique Peña, pueden jugar a que Peña pone un cadáver en un camión, el gobernador pone otro cadáver en su camión y así sucesivamente. El primero en llenar camión, gana.

La prueba de que todo México –y no solo Jalisco– está protagonizando una danza macabra, consiste en que en una peculiar muestra de cultura originalmente jalisciense, y en uno de los lugares donde más tequila se bebe en el mundo –la Plaza Garibaldi de la capital azteca– un grupo de sicarios vestidos de (¡oh, nooo!) mariachis, fueron a ejecutar a no sé qué miembro de un grupo de delincuentes.

En la colonia San Rafael de esta capital, donde yo viví siendo niño, junto a la Universidad del Valle de México, hace poco llegó un joven a un restaurante a gritar que, a partir de ese momento, el lugar era “territorio del Cártel Jalisco”.

Con Peña o sin Peña, con Obrador o sin Obrador, con Aristóteles Sandoval y con Enrique Alfaro, o sin ellos, Jalisco y México se raja y se raja. Y todos esos personajes, a mi parecer simplemente “¡se están haciendo los muertos!” (mexicanismo por “están disimulando”).

Desde luego que Jalisco se ha rajado, y los contornos de esa rajadura son los trayectos de los camiones recorriendo la entidad, en una escena al mismo tiempo vergonzosa y horrenda, que parece salida de un filme de horror, de bajo presupuesto. Se oyen alaridos de ultratumba de Juan José Arreola, que reclama con grave indignación, el hurto de su Estado (y a los buenos escritores mexicanos que habitan hoy Jalisco, como Juan Ignacio Varela, les aconsejo que escriban una sátira de El guardagujas al respecto).

Nos están robando el país entero. No es sólo Jalisco; es todo México el que se ha rajado con semejante espectáculo, una escena inefable, imposible de describirse con simples palabras…

 

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