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Domingo 18 de Noviembre de 2018

Que cada nación cargue con su población

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Carlos Arturo Baños Lemoine.

Desde siempre, uno de los temas que más me apasiona dentro de las ciencias sociales es la Teoría del Estado. Mucho la he estudiado y mucho la he enseñado. Simplemente, me apasiona.

Me sigue pareciendo formidable la Escuela Alemana sobre la Teoría del Estado, a la que pertenecen, entre otros, Georg Jellinek (1851-1911), Max Weber (1864-1920), Hermann Heller (1891-1933) y Hans Kelsen (1881-1973). De hecho, la Teoría del Estado que domina en los territorios bajo influencia histórica de Francia y de España sigue siendo la teoría de la Escuela Alemana.

De acuerdo con tal tradición de pensamiento, el Estado es la comunidad política (o población) que, de manera continua o permanente, se asienta de modo exclusivo sobre un territorio, al tiempo que se subordina a las mismas autoridades gubernativas.

Por ello, tarea fundamental de todo Estado es hacerse cargo de su propia población: cada nación, su población. Resulta patético, pues, que la población de un Estado le exija a otro Estado lo que su propio Estado no le ha dado… ¡simplemente patético!

Si ustedes se fijan, mis apreciables lectores, la gran crisis de migración que está viviendo el mundo entero en la actualidad se debe, sobre todo, a que muchos Estados están incumpliendo sus obligaciones con respecto a su propia población. Así de simple.

Tensión en la frontera sur de México

Muchas personas están saliendo de sus Estados de origen porque éstos son incapaces de hacer respetar los derechos fundamentales, y porque también son incapaces de responder a las necesidades y a las expectativas de su población. Lo peor de todo esto, es que tales personas incluso les exigen a otros Estados los bienes y los servicios que no les han dado sus Estados de origen.

El mundo se está volviendo loco porque en las naciones pudientes, centrales, imperiales, hegemónicas o más desarrolladas, está creciendo el rechazo a los mares de gente que están llegando a sus territorios procedentes de muchos “Estado fallidos”; mares de gente que, incluso, les “exigen” a los “Estados de acogida” que los traten mejor que sus países de origen.

Por supuesto que se ha abusado de la ayuda internacional: miles y miles de personas se dicen perseguidos políticos, o población altamente vulnerable, con tal de ser acogidos por un Estado aunque sea medianamente estable, por un Estado que sea un poco mejor que el Estado que “los ha expulsado”.

Y por supuesto que los “Estados de acogida” aceptan mantener a buena cantidad de “extraños” dentro de sus fronteras, a objeto de sacarles el mayor provecho posible, sobre todo dentro de su aparato económico: tontos no son, pues.

Y es así que, hoy por hoy, nos hemos vuelto testigos de un juego muy perverso entre las naciones: muchos “Estados fallidos” están haciéndose pendejos con respecto a las obligaciones que tienen de cara a sus propias poblaciones¡total siempre habrá “Estados de acogida” que los saquen de la bronca! Y, por el otro lado, tenemos “Estados de acogida” que, previo escándalo mediático, aceptan población inmigrante ilegal a conveniencia porque, de entrada, se trata de mano de obra barata y manejable.

Y por supuesto que este circuito perverso da pie a la aparición de muchos abusos, por todas partes, así como a tensiones diplomáticas y a una fuerte presencia del crimen organizado transnacional, uno de los grandes flagelos de nuestros días.

Frontera México-Guatemala

Por ello, al menos nosotros no debemos quedarnos con la postura lacrimógena y “humanista” de la diplomacia “políticamente correcta” que, desde ayer, muchos medios e individuos están desplegando con respecto a la Caravana Migrante de centroamericanos rumbo a EEUU, caravana que está generando tensión en la frontera sur de México.

Incluso a mí me parece que eso de la Caravana Migrante está siendo orquestado: manos aviesas quieren aprovechar la tensa coyuntura de las próximas elecciones en EEUU y de la transición presidencial en México, por decir lo menos, porque también están presentes las elecciones de Brasil, la continua represión en Nicaragua y la crisis de los alimentos en Venezuela. Ya irá fluyendo la información al respecto.

Por vía de mientras, sólo recordemos que, de inicio, cada Estado debe hacerse cargo de su población (cada nación, su población), y los flujos migratorios pueden ser benéficos o contraproducentes según los acuerdos que existan entre los Estados nacionales que saquen o reciban población extranjera.

Lo execrable es, sin duda, que existan Estados que no hagan gran cosa para evitar que su gente emigre, que su gente salga, a sabiendas de que siempre habrá un “Estado de acogida” que los saque de la bronca.

Facebook: Carlos Arturo Baños Lemoine

Twitter: @BanosLemoine

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