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Domingo 18 de Noviembre de 2018

La indiferencia a los jóvenes rurales

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Marissa Rivera.

En México, hay 31 millones de jóvenes de entre 15 y 29 años de edad. De ellos, 14 millones viven en zonas rurales, donde seis de cada 10 son pobres y el 20 por ciento vive en extrema pobreza.

En el sector rural las oportunidades para los jóvenes son minúsculas, en comparación con lo que tienen acceso quienes viven en zonas urbanas.

El caso de las mujeres es más complicado, la brecha es aún más desfavorable para ellas.

Ante esa adversidad, hace unos días, integrantes del próximo gabinete de Andrés Manuel López Obrador, se reunieron con miembros del “Grupo Diálogo Rural México”, para hablar sobre los pendientes que hay con ellos.

Por ejemplo, un joven rural de 22 años, tiene hasta cuatro años menos de escolaridad que un urbano (Rimisp 2018). Así la desigualdad.

La juventud rural representa entre el 50 y 60 por ciento de la población joven en 17 estados del país. Imagine usted la importancia de este grupo poblacional.

En la reunión, los investigadores advirtieron a Alejandro Encinas, quien será el responsable de “Jóvenes Construyendo el Futuro”, uno de los 25 programas estratégicos que operarán en el próximo gobierno, que la inclusión económica y social de los jóvenes rurales es fundamental para la pacificación de México.

No es ninguna novedad que la marginalización de su territorio ha provocado la vulnerabilidad de esos jóvenes. Su proclividad a la pobreza los ha convertido en presas fáciles del crimen organizado. Ya sabemos de eso.

Uno de los programas de la próxima administración es el de “Becas para la capacitación en el trabajo, con el método de aprender haciendo”

Pretende atender a 2 millones 300 mil jóvenes plenamente identificados como desocupados y disponibles para laborar. Y tendrá un presupuesto público de 110 mil millones de pesos. Otorgará salarios mensuales durante un año a los jóvenes aprendices.

La meta es que el 70 por ciento de los jóvenes puedan colocarse en el sector privado, un 10 por ciento se ubique en asociaciones civiles y el 20 por ciento restante labore en programas e instancias del sector público.

Los especialistas han advertido la necesidad de que el programa tenga perspectiva de género; que se prevenga el riesgo de los estudiantes a dejar la escuela por entrar al esquema de capacitación; que se defina con flexibilidad los rangos de edades en el medio rural, pues son diferentes a los del ámbito urbano; que se analice la tendencia de los jóvenes a rechazar las labores agrícolas por ser trabajos demandantes y con poca remuneración.

La creciente vulnerabilidad y marginación de los jóvenes que viven en comunidades rurales son principalmente por la ausencia de políticas públicas que se adecuen a su realidad.

Estudios demuestran que ellos son el grupo joven del país que más problemas tiene en términos de inclusión económica, social y educativa.

Atenderlos sería un paso enorme para terminar con generaciones que han sido olvidadas, así como disminuir la migración juvenil y erradicar su participación en actividades criminales.

El presidente electo ha planteado entre sus prioridades considerar a los jóvenes. Ojalá que quienes viven en comunidades rurales, ahora sí sean tomados en cuenta. Sería inadmisible que quedaran fuera de los beneficios que se han ofrecido.

A eso se han comprometido, es momento de darles la oportunidad que les han insinuado, pero que nunca les ha llegado.

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