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Miércoles 19 de Diciembre de 2018

El camino de la Marina a la Guardia Nacional

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Ethel Riquelme Fernández.

A la Armada de México le costó más de 30 años alcanzar el nivel de reconocimiento y confiabilidad que lo ubican en la tercera mejor institución del país, sólo por debajo de la familia y la Iglesia, según Parametría de Paco Abundis. La decisión presidencial de apoyarse en sus filas “más limpias o menos sucias” la puso en reflectores. Sin embargo, la suerte ha cambiado, la Semar apunta o a la Guardia Nacional o a la sombra ante un nuevo favorito del Presidente López Obrador: el Ejército Mexicano.

La preferencia de los últimos tres presidentes de la República hacia la Armada de México, la de Peña que pasó de preferencia a apego y dependencia; la de Calderón que se fundó en las pruebas que involucraban a personal militar en acciones del crimen organizado; y las razones de presión que tuvo Vicente Fox por parte de las instancias de seguridad y defensa de los Estados Unidos para mirar hacia la Marina por primera vez como una opción de inteligencia, no han dado sólo luminarias y foco a la Secretaría de Marina, también presupuesto, autorizaciones de misiones en el extranjero para capacitación, preparación entrenamiento, quedarse con la facultad de seguridad en los puertos, reforzar sus astilleros para construcción, donaciones y un largo etcétera.

Y es que desde los múltiples testigos protegidos en la época de Rafael Caro Quintero, hasta los que aparecían en las agendas y directorios del Cartel de Juárez, la deserción de militares con altísimo entrenamiento para irse a las filas de El Pacífico o la alta afiliación castrense con la que empezaron Los Zetas en Tamaulipas, el Ejército ha tenido motivos de sobra para la vergüenza pública y sus mandos lo han lamentado promoviendo cambios nuevos mecanismos de control e inspección.

La decisión civil de elegir a la Marina para llevar a cabo operaciones de inteligencia durante los últimos tres sexenios, y su éxito para perseguir incluso a elementos de instancias federales, estatales y municipales, involucradas en delitos, han despertado contra la Marina un verdadero frente de oposición en las áreas de seguridad.

Mandos del Consejo Nacional de Seguridad se han quejado a todo pulmón de la forma autónoma en que opera la Marina, “compartimentada” (le llama la Semar) en donde no da más información a sus compañeros de armas, sobre acciones operativas que la estrictamente necesaria y competente a las actividades que realizará cada cuerpo.

Sin embargo, muy bueno fuera que las disputas entre corporaciones sean por ganas de ser partícipes y reconocidos por el país, obvio no. Es el dinero.

Los recursos asignados al Ejército y a la Fuerza Aérea tuvieron un incremento de 33.23% entre el 2013 y el 2018, y de 43.17% el de la Semar: una ofensa para la Sedena y un atractivo para el Ejército Mexicano que fácilmente puede revertir ahora, con el apoyo de la deferencia que le rinde el nuevo Presidente.

Además, la Armada de México parece preparada para ocupar nuevamente el sitio secundario que tenía antes de 1944, al lograr la separación de la Secretaría de Guerra y Marina y su autonomía del Ejército Mexicano, primero porque el discurso del nuevo Secretario Naval, Rafael Ojeda Durán durante el desfile de salutación a las fuerzas armadas, el pasado lunes 3 de diciembre, revela que no habrá exigencia alguna a AMLO a fin de que la Marina cumpla una misión como la que la catapultó en la credibilidad social, y se vio también a lo largo del recorrido que el mandatario nunca hizo contacto verbal con el Secretario de Marina.

Segundo, porque hasta donde ha trascendido por parte del mismo AMLO, el almirante Ojeda no era conocido previamente por el actual Presidente de la República, sino una recomendación de sus amigos del Ejército con lo cual ya habría un compromiso implícito del titular de la Semar, y, tercero, porque en la construcción del presupuesto que se alista a debatir en las próximas horas en la Cámara de Diputado, la Marina no ha sido convidada.

Y una institución militar sin recursos es mucho más susceptible de aceptar, por necesidad y urgencia, empujar a la mayoría de sus elementos a la Guardia Nacional.

Ethel Riquelme Fernández es periodista con más de 30 años de trayectoria, especializada en fuerzas armadas y procesos legislativos. ethelriquelme@gmail.com

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