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martes, abril 23

¿Y por qué Camila estaba sola?

Carlos Arturo Baños Lemoine.

El cierre del 2018 también tuvo su toque de tragedia: una niña de nueve años, de nombre Camila, fue encontrada muerta y con signos de violación sexual a unos cuantos metros de su casa, en la Colonia Poder Popular del Municipio Valle de Chalco, en el Estado de México, justo la noche del 31 de diciembre.

A la fecha, ya se encuentra detenido y bajo proceso penal el presunto violador y asesino de la menor, un sujeto identificado como Marciano “N”, quien supuestamente fungía como vigilante de la colonia. Hasta el momento, el único indicio fuerte que tiene la Procuraduría de Justicia del Estado de México, es que el cuerpo de Camila fue encontrado en la casucha que ocupaba el vigilante.

Debemos saber muy pronto si Marciano “N” es el responsable penal de la violación y muerte de Camila: las periciales médicas serán esenciales para este asunto. Por el momento, Marciano “N” se halla en calidad de imputado/procesado, nada más.

Dejemos, pues, que la justicia siga su camino y estemos atentos al resultado de las indagatorias: no podemos proceder como las jaurías que, ciegas y rabiosas, se desatan buscando hacer justicia por propia mano a partir de simples arranques de histeria colectiva. En México, por desgracia, ya llevamos varios casos de linchamiento y, en algunos de ellos, resulta que la gente linchada era inocente.

Debemos hacer todo lo posible para salir de los estadios de barbarie y de salvajismo que tanto nos han afectado como sociedad.

Lo que a mí me llama la atención del caso de Camila es que, de nueva cuenta, se demuestra que resultan totalmente inútiles, y hasta contraproducentes, las medidas estúpidas inspiradas en la mitología feminista. ¿Sabían ustedes, mis apreciables lectores, que el Municipio Valle de Chalco (Edomex) ya contaba con doble “alerta de género”?

Recordemos que esa vacilada feminista de la “alerta de género” es una medida, a todas luces irracional, contenida en ese bodrio jurídico llamado Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (2007): así es, ni modo, hay leyes que se han escrito con las patas, cual si se tratase de ensayos “chairos” sustentados en las peores versiones de la filosofía postmoderna. Y, tras escribirse con las patas, luego se votan sin el cerebro.

Recordemos que estamos viviendo una época en donde la mitología feminista ha logrado contaminar buena parte de las instancias gubernamentales, con la complicidad de los políticos que buscan el aplauso fácil y, por ello, asumen sin chistar todas las ocurrencias de lo “políticamente correcto”. Nuestros tiempos lo son de decadencia, no lo olviden.

De conformidad con el artículo 22 de la ley mencionada, la “alerta de género” es: “Es el conjunto de acciones gubernamentales de emergencia para enfrentar y erradicar la violencia feminicida en un territorio determinado, ya sea ejercida por individuos o por la propia comunidad”.

Como decía yo antes, Valle de Chalco ya tiene dos alertas de género declaradas. ¿Y qué creen? La violencia en general, no sólo la violencia contra las mujeres, sigue fuerte y pujante en esos lares. No para… ¡y no parará!

Claro, porque como sociedad estamos pagando un costo muy alto por sustentar las políticas públicas en ideas mitológicas y no en ideas científicas: ¿rezamos para que baje la fiebre o le metemos al cuerpo buenas dosis de penicilina? Diría Hamlet: “¿Mitología o ciencia?… eh, ahí, el dilema”.

Échenle a Valle de Chalco media docena más de “alertas de género”: la cosa no cambiará ni un ápice, porque el feminismo es mitología, aunque las feministas se obstinen en decir que la “perspectiva de género” (feminismo enmascarado) es una “visón científica, analítica y política”.

Hemos dejado que las políticas de seguridad y justicia se contaminen de “perspectiva de género”, cuando lo que siempre se debe emplear es la PERSPECTIVA CRIMINOLÓGICA.

La criminología sí es una ciencia. De hecho, es una ciencia en donde convergen otras más. Y a lo largo de los más recientes dos siglos, y no sin dificultad, la criminología ha sumado muchos logros; logros que han quedado empañados por ideas irracionales, como las que sustenta el feminismo.

Y si quieren saber rapidito qué diferencia existe entre la perspectiva criminológica y la “perspectiva de género”, sólo vean la película El nombre de la rosa (Jean-Jacques Annaud, 1986), homónima de la novela de Umberto Eco: mientras el fraile franciscano William de Baskerville busca indicios y causas objetivas con respecto a los asesinatos que ocurren dentro de una abadía italiana a finales del Medievo, el resto de la abadía (monjes fanatizados) se hallan temiendo la presencia de espíritus demoníacos.

William de Baskerville actúa como criminólogo, mientras el resto de los monjes actúa con base en ideas mitológicas, es decir, en ideas falsas y fantasiosas, como las feministas de nuestros días; ésas que inventaron la “alerta de género” para luchar contra el “demonio del patriarcado”. Ciencia contra mito, racionalidad contra irracionalidad…

La criminología es una ciencia “mal pensada” y, por ello, supone que cualquier persona puede cometer cualquier delito en cualquier momento, sólo es cuestión de que se halle en las circunstancias adecuadas para delinquir calculando que no habrá culpa ni castigo en su contra. Vale la pena suponer que está en nuestra naturaleza transgredir las normas si esto nos genera algún beneficio.

Tiren en el bote de la basura todos sus discursos moralistoides: “En arca abierta, hasta el justo peca”. Sus religiones valen un comino, sus códigos de ética valen madre, los regaños de sus mamacitas importan un cacahuate: si hay provecho, es esperable que se viole el Derecho.

El potencial delincuente debe ser concebido como un “cazador” que busca a una “presa”… ¡y no tendrá misericordia de ella! El cazador caza… así de simple. Toda excepción pónganla fuera del modelo explicativo sugerido: las excepciones sólo confirmarán la regla.

Para reducir la probabilidad de ser una “presa”, la potencial “presa” debe evitar caer en los factores de riesgo, es decir, en las circunstancias de tiempo, espacio y modo que facilitarían la acción criminal. No lo van a creer, pero en muchos casos las víctimas “se ponen solas”: pareciera que hacen todo lo posible para ser víctimas de un delito.

Por supuesto que tratándose de menores de edad o de incapaces, dada su inexperiencia vital, deberán ser los padres y las madres quienes deberán evitar que esos menores o incapaces incurran en factores de riesgo.

¿Por qué Camila fue víctima fácil del delito de violación y de homicidio? Porque todo su entorno, comenzando por su propia familia, generó múltiples factores de riesgo en su contra; factores de riesgo que pasaron de la posibilidad al hecho consumado.

Me baso en los relatos que se han hecho públicos a través de los medios de comunicación, puesto que no puedo tener acceso a la carpeta de investigación…

Perdón, perdón, perdón, pero ¿qué hace una menor (nueve años) sola, en la noche, en un día festivo, fuera de su casa, en una zona populosa, marginada e insegura, y quemando cohetes con un encendedor que le dio su propio padre?

Soy respetuoso del principio jurídico-penal de la presunción de inocencia, por lo que no me pronuncio sobre la culpabilidad o no del señor Marciano “N”.

Sobre lo que sí me pronuncio enfática, total y tajantemente es sobre la responsabilidad penal de los padres de Camila, sobre todo de su padre, al haber sido omisos de sus obligaciones de cuidado con respecto a la menor.

Vean ustedes los relatos del padre de Camila en las redes: hay muchos.

Por su propia boca, el padre de Camila afirma que le facilitó a la menor un encendedor para que ésta prendiera cohetes afuera de su casa… ¡mientras él se metía a bañar!

¡¡¡¿¿¿Qué???!!!

¡¡¡¿¿¿Cómo???!!!

¿Qué padre medianamente responsable permite que su hija menor de edad use flamas y encienda cohetes sin supervisión adulta?

¿Qué padre medianamente responsable permite que su hija permanezca sola afuera de su casa en horario nocturno, en una zona populosa e insegura, mientras él se mete a bañar?

¡Carajo, cuánta chingada irresponsabilidad en materia de accidentes y de inseguridad!

Miro al padre de Camila exigiendo a moco tendido justicia para su hija… ¡cuando el primer condenado por la justicia debería ser él por su omisión de cuidados!

¿Y la madre? ¿Dónde carajos estaba la madre de Camila?

¿Ahora ven por qué la basura ésa llamada “alerta de género” jamás va a funcionar?

No hay ni habrá medida gubernamental que evite el delito cuando la misma población parece que hace todo lo posible para que el delito se cometa.

La pobre de Camila incurrió en múltiples factores de riesgo (de accidentes y de delitos) dada la omisión de cuidados de sus propios padres. ¡Los padres tendrían que ser condenados junto con el violador y el asesino de Camila!

Los niños carecen de muchas pericias existenciales, justo por su condición de niños… ¡pero para eso están los padres, carajo! Si los propios padres colocan en situación de riesgo a sus propios hijos… ¿podemos esperar milagros por parte del gobierno?

Decreten 20 ó 40 ó 60 alertas de género para Valle de Chalco… ¡de nada servirán si los padres y las madres de familia incurren en negligencia, irresponsabilidad y exceso de confianza, como en el caso de Camila!

Personalmente, mis estimables lectores, estoy hasta la madre de constatar la irresponsabilidad sistemática de muchas familias mexicanas; irresponsabilidad que afecta a los menores inocentes y vulnerables como Camila. Y también estoy hasta la madre de la estulticia y del oportunismo de las sectas feministas.

Ni un milímetro avanzaremos en materia de seguridad mientras miles de familias mexicanas se obstinen en colocar a sus propios miembros en varios factores de riesgo.

No esperemos que mejore la seguridad pública ni la procuración de justicia de nuestro país, si millones de mexicanos continúan alimentando el mal hábito de tener hijos de lo pendejo, de forma irresponsable; hijos para los cuales no habrá pan, no habrá espacio y no habrá cuidados.

Esperemos que las autoridades condenen ejemplarmente al violador y al asesino de Camila, y esperemos que los padres de esta nena sean sancionados penalmente por su negligencia como padres.

¡Justicia para Camila, sí… comenzando por la condena penal contra sus propios padres!

Facebook: Carlos Arturo Baños Lemoine

Twitter: @BanosLemoine