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Jueves 21 de Marzo de 2019

¡Viva México!

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Rubén Cortés.

Nicolás Maduro se convirtió ayer, oficialmente, en dictador de Venezuela, aferrado al apoyo de China, Rusia, Turquía Cuba, Osetia del sur, Abjasia, Costaguana y… México. Con la oposición de Estados Unidos, la OEA, Europa y 19 países de América Latina.

El regocijo mayor del sátrapa se produjo cuando mencionó al representante de nuestro presidente. “¡Que viva México!”, gritó. ¿Se colocó México, como muchos creen, del lado equivocado de la historia? Imposible saberlo. Esas conclusiones sólo las decide la Historia.

Lo que sí es posible saber es que México es el único país democrático que apoyó la farsa de un presidente que llegó al poder en elecciones controladas con tanques, sin supervisión internacional y similares a las de López Portillo aquí en 1976: sin participación de candidatos de oposición.

México reconoció la validez de aquellos comicios. El miércoles pasado, todavía, el líder de la Comisión Permanente del Congreso, el morenista Porfirio Muñoz Ledo, las elogió en plena sesión:

“Que me prueben que las elecciones en Venezuela están más torcidas que las tres últimas elecciones mexicanas antes de las del 1 de julio pasado. Punto”.

Muñoz Ledo se refería a las elecciones en las que el lema de campaña de Maduro fue “Votos o Balas” para reelegirse por la fuerza hasta 2025, con una abstención récord de 82 por ciento del padrón electoral y la prohibición de entrar en liza a otros candidatos.

Así que en la afirmación de Muñoz Ledo hay una de tres:

1.- Es un cinicazo.

2.- No se encontraba en buen estado.

3.- Le ordenaron que lo dijera.

La Venezuela tiranizada por Maduro es también un Estado fallido: el país más corrupto del mundo y el más violento de América Latina, el salario medio de un profesionista es de cinco dólares al mes y, según el Fondo Monetario Internacional, la inflación es de 10,000,000 por ciento.

Y tres millones de venezolanos han escapado por hambre a otros países: más del siete por ciento de la población. En las cárceles se pudren sin juicio más de 100 presos de conciencia, mientras otros  son lanzados por las ventanas de las prisiones y caen aplastados en la calle.

Maduro extinguió casi la propiedad privada y canceló la libertad de expresión, pues ya no existen medios de prensa que no sean oficiales. Ése es el gobierno al que se rehúsa a condenar México, a diferencia de todo el mundo libre.

Pero México está a tiempo de demostrar que puede ser crítico con Maduro aun sin hacerlo en la OEA o el Grupo de Lima: debería intentar una salida negociada de Maduro, como hizo antes para lograr la paz en Centroamérica o la crisis de los balseros en Cuba.

Es lo esperado de un país de bien.

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