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sábado, abril 20

En guerra contra huachicoleo, AMLO planeó mal y prometió de más

México.- Hace justo una semana, el viernes 11 de enero, durante su conferencia de prensa mañanera, el Presidente de la República afirmó que el problema de desabasto de gasolina en la Ciudad de México quedaría resuelto ese mismo viernes.

Hoy es viernes 18 de enero y el problema persiste, en intensidades menores, pero persiste.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador se está acostumbrando a incumplir sus propios plazos, se está acostumbrando a pasar por encima de sus propios pronósticos, lo que sigue generando molestia en la población capitalina, y ni qué decir en las entidades que tienen más días con el problema, al grado de contar por miles millones de pesos las pérdidas económicas.

Hace unas horas, el Gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, afirmó que las pérdidas en su Estado ascienden ya a 4,500 millones de pesos; mientras el Gobernador de Guanajuato, Diego Sinhué Rodríguez, calcula que las pérdidas en su Estado ya rayan los 7,000 millones de pesos.

En la Ciudad de México, el gobierno de Claudia Sheinbaum no ha dado un estimado de las pérdidas, pero los organismos empresariales locales y las fuerzas políticas de oposición, las calculan en el orden de los 10,000 millones de pesos.

Muy cara nos está saliendo la lucha contra el huachicoleo de López Obrador. Si la incompetencia fuera considerada una modalidad de la corrupción pública, Andrés Manuel López Obrador tendría que meterse a sí mismo a la cárcel, con base en sus propios criterios.

Y hoy, durante su conferencia mañanera, de plano ya no fijó fechas y mejor dejó abierto el calendario: “El día de hoy vamos a darle continuidad al plan para combatir el robo de combustibles y seguir buscando la normalidad en el abasto de gasolinas, de diésel. Estamos avanzando, pero todavía tenemos que continuar con este plan. Yo espero que pronto lo resolvamos“.

¿Pero cuándo es pronto, señor Presidente? Un gobierno no puede mantener en suspenso a su población, menos a los empresarios y a los trabajadores que se dedican a generar la riqueza que se transforma en impuestos, en impuestos que se transforman en salarios para la burocracia pública y para los excesivos programas sociales del gobierno federal en turno.

Y sigue el Presidente López Obrador: “Vamos ya en camino hacia la normalidad en el abasto de combustible. Es un asunto complicado, no se había atendido y, como he venido manifestando, lo menos que se puede decir es que hubo durante mucho tiempo indiferencia, indolencia, omisiones, lo menos que se puede decir”.

Ahora López Obrador apela a la infalible fórmula de los demagogos: primero prometen lo imposible y actúan con improvisación y negligencia, y, luego, cuando las cosas no les salen bien, incurren en promesas ambiguas mientras le echan al pasado la culpa de todos sus errores.

Era obvio que así tenía que pasar. Varias plumas periodísticas y académicas así lo advertimos desde un principio: AMLO planeó mal sus acciones y midió incorrectamente los alcances de las mismas.

Y siguió el Presidente: “Ayer les mostrábamos de cómo estamos vigilando todos los ductos en el país; cómo estamos controlando el robo y garantizando el abasto, terminando con el mercado negro, que es lo que los tiene muy desesperados. Pero hay resistencias. Ayer veíamos unas imágenes sobre cómo un avión del Ejército detecta a un grupo que está extrayendo combustible y pretende sacar combustible del ducto Tuxpan-Azcapotzalco, que es importantísimo”.

¿Hay resistencias? ¿De veras, señor Presidente? ¿Y usted creyó que el crimen organizado huachicolero se iba a quedar cruzado de brazos mientras usted le arrebataba su jugosa fuente de ingresos? ¿De veras usted pensó que los delincuentes iban a renunciar a su opíparo modus viviendi, para formarse en la fila de las becas para “ninis”?

¡Por supuesto que iba a haber resistencias, señor Presidente, y esas resistencias tuvieron que haber entrado en su inicial check list, a objeto de neutralizarlas!

Por sus afirmaciones, nos queda claro que el Presidente de la República no planeó bien sus acciones: dejó afuera muchos factores que tuvieron que haber sido de obligada consideración. Y, ahora, el costo lo está pagando la población.

CABL