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sábado, abril 20

Se va hacer grande la tragedia. Asaltan temores al mando

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

Se maneja que es un porcentaje alto, incluso el 85% en algunas redes de acuerdo con diarios llamados nacionales, de los que critican el manejo de las autoridades militares en la tragedia de Tlahuelilpan.

La tendencia puede crecer porque la alientan los comentarios superficiales que alegan que debió intervenir la autoridad de manera preventiva y forzar a los transgresores cuando eran menos, para que abandonaran sus propósitos de hurto.

Y no es que esté mal el razonamiento, sino que se desestima la actitud retadora, hasta suicida, de la gente que hace fiesta como si fueran personas narcotizadas cuando suceden hechos lamentables no sólo de robo de combustible, sino de choques con mercancía que corren a apropiársela. Hace días mataban a reses en plena carretera cuando el vehículo que las transportaba sufrió un percance.

Nadie comenta, sin embargo, que los propios hampones dedicados a organizar el huachicoleo pudieron provocar la explosión porque son los principalmente afectados en esa decisión del gobierno.

Se insiste en la vertiente mayor de opiniones en el sentido de que la pobreza empuja a la gente a hacer estupideces, pero las justifican, les otorgan de facto un permiso a delinquir. Muchos reporteros ya han publicado que más del 50% del pueblo de Tlahuelilpan son pobres. ¡Oh, descubrimiento!

Tal parece que si existiera una verdadera opinión de los encuestados, para saber qué proponen, dirían, la gran mayoría, que los dejaran hacer lo que quieran; y tal parece pudieran sugerir que el gobierno mediante sus efectivos, garantizaran que no serían molestados para cometer delitos, en la eufemística versión de “ganarse el pan”.

Eso se trasluce porque en la fila de culpables directos o sociales que las redes señalan, todos lo son. Los de los gobiernos son los que salen mas raspados, no gratuitamente por supuesto; pero resalta un abismo incongruente entre lo que dicen “no debe ser” y el trato de menores, de “pobrecitos” como si de veras no supieran lo grave que hicieron contra sí mismos las víctimas.

El caso es que empieza a erigirse un banquillo de acusados que busca cambiar el rumbo del combate al huachicoleo. Porque no se habla de las redes de la delincuencia en la zona, de depósitos clandestinos y de la parafernalia que le acompaña; ahora los temas son poner en la mira a las fuerzas armadas, señalar negligencia y errores que los hay; porque los gobiernos de México hace muchos años que no gobiernan y se amoldan a hacer lo que es más fácil, es decir, no hacer nada.

Por supuesto que la palabra “estrategia” no se conoce en este país. Todo son emociones y latidos del corazón, informaciones incompletas y arranques de voluntarismos, desde Díaz Ordaz que lo hizo muy mal, hasta la fecha nadie le entra al gobierno, lo que se llama entrarle. Todos nadan de muertito.

Ahora nos amanecemos con otras recetas nacidas de la emoción y los temores de que se catapulte esta tragedia del sábado y se haga un Ayotzinapa.

Por lo pronto anuncia la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, que va apoyar a las víctimas supongo que en un acto solidario, que se presta para que se dude de su intervención, que no debe ser la principal, sino de otras secretarías del gabinete que no parecen tener la presencia que les corresponde: Salud y Bienestar, pero las de las responsabilidades federales, no las de la capital como esenciales.

También en el vacío de respuestas oportunas, ahora se proponen programas de apoyo social a los huachicoleros, sean de los arrepentidos o no. Un grupo más, que se suma a los que hay que repartirles dinero, que por cierto recurso que todavía no aparece; y que lógicamente resta dinero para invertir en infraestructura, servicios y mejoramiento en los temas de salud y educación.

El gobierno debe dejar claro su posición, replantear una estrategia integral y no caer cediendo a las presiones que finalmente buscan desalentar el combate al flagelo de la corrupción de PEMEX, que es enorme y de la que este asunto sólo es una hebra.