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viernes, abril 19

Los viudos de Colosio

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Ethel Riquelme.

En el mismo edificio que ocupaba Luis Donaldo Colosio, como Secretario de Desarrollo Social, donde en noviembre de 1993 fue informado que sería el candidato presidencial del PRI, se erige hoy uno de los anuncios, luminoso y gigantesco, que promocionan la serie de Netflix Historia de un Crimen. Es visible desde la oficina donde despachaba el sonorense asesinado y que ahora ocupa, Alfonso Durazo, actual Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, quien más increpó al sistema por manipular la investigación.

Paradojas de un destino que incita a revisar el de los verdaderos colosistas en el entretejido político actual, donde la figura de Carlos Salinas de Gortari es referente diario de la 4T.

Han pasado 25 años del magnicidio, una nueva generación de políticos, tres alternancias en el poder, un PRI  en desgracia y los cercanos a Colosio han empezado a desaparecer del contexto político, pero sigue vigente la práctica de decirse “amigo de Colosio”, políticamente correcto para los aspirantes a posiciones, haber conocido al candidato asesinado inviste mágicamente de virtudes o da pertenencia a un grupo de políticos a los que “las balas de odio y el rencor” dejó viudos de candidato y huérfanos de poder.

Incontenible a estar en la oportunidad de la nota, hasta el presidente Andrés Manuel López Obrador se subió a esa vieja narrativa priísta al revelar que, dos días antes del asesinato, había estado con Luis Donaldo en casa de una amiga común, la humanista Clara Jusidman. Después de que López Obrador citara al mayor “dinosaurio” del PRI, Fidel Velázquez, “yo no voy a gobernación porque ahí sólo regañan”, y al mismísimo Mussolini, nada puede sorprender.

La televisiva Historia de un crimen tiene la aportación de observar el caso desde la mirada de J. Federico Benítez, Secretario de Seguridad  municipal de Tijuana, Baja California, gobernado por el Partido Acción Nacional, pero deja fuera a “los hombres del candidato”, muchos de los cuales se alejaron de la política, pero insisten en la reapertura del caso o se convirtieron en la resistencia dentro y fuera del PRI.

De miles de “amigos de Colosio”, un puñado fueron los reales.

José Luis Soberanes Reyes, compadre y muy cercano a Colosio, ocupó la Secretaría de Organización del PRI, posteriormente fue senador y cónsul en Sacramento. Fue senador, y, tras ocupar el Consejo Consultivo del Sistema Estatal para el Desarrollo Social de Puebla, mantiene actividades privadas.

Guillermo Hopkins, compadre también de Colosio, fue diputado Federal en dos ocasiones y Senador de la República por Sonora. Manejaba las finanzas de la campaña del candidato, fue director General de Programación y Presupuesto, responsable de la operación presupuestal del Programa Nacional de Solidaridad, Vocal de la Junta del IPAB y, tras su paso por la Casa de Moneda en el gobierno anterior, se ha retirado a continuar como socio del Club “Los Naranjeros”, de Hermosillo.

Agustín Basave, académico, diplomático y periodista, ha sido constante crítico del PRI, al que renunció en el 2004. Creó varios movimientos disidentes en aras de la refundación del PRI, dirigió al Partido de la Revolución Democrática, al que renunció porque “el partido perdió su brújula ética” y, actualmente, es representante del Estado de Chihuahua en la Ciudad de México, además de compartir una empresa de estrategias políticas con Luis Donaldo Colosio Riojas, hijo del candidato asesinado.

Cesáreo Morales, quien fue profesor universitario del subcomandante Marcos y asesor de la Presidencia de la Gran Comisión del Senado, retornó a su cátedra de filosofía en la UNAM.

Samuel Palma, morelense, fue diputado federal y hasta preside en el PRI la Comisión de Diagnóstico de la Derrota del Revolucionario Institucional en las elecciones de 2018.

Rafael Rodríguez Barrera, amigo cercano y relevo de Colosio en el PRI, falleció el noviembre del 2011.

Santiago Oñate Laborde, presidente del PRI y ex Secretario del Trabajo con Zedillo, se mantiene como diplomático desde 2003 en diferentes misiones y actualmente como Observador Permanente de México frente al Consejo de Europa.

Armando López Nogales, principal promotor de la campaña de Colosio, ocupó la gubernatura de Sonora de 1997 a 2003 y se prepara para presentar, este 27 de marzo, un libro sobre sus memorias con un capítulo especial al asesinato de Luis Donaldo.

Del círculo cercano, sólo uno ocupa una posición destacada. Alfonso Durazo, ex secretario privado de Colosio, exsecretario particular con Vicente Fox, a quien le renunciara en 2004 con una carta que rompió su relación. A la fecha, Fox insiste en que es un traidor y que le hará lo mismo a AMLO.

La aspiración de Durazo es llegar a gobernar su estado natal, Sinaloa, y buscará la aprobación del Presidente López Obrador para la contienda en 2021, si el manejo de la Guardia Nacional y los índices de inseguridad se lo permiten, porque los focos rojos hacia sus aspiraciones brillan tanto como el cartel que ilumina el edificio desde donde despacha, a la sombra de Luis Donaldo.