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miércoles, abril 24

Luis Octavio Murat Macías.

“Hay secretos que solo un Presidente puede saber. Hay situaciones que solo un Presidente puede resolver. Pero hay decisiones que ni siquiera un presidente querría tomar”. Bill Clinton y James Patterson.

La cita es el argumento de la novela El Presidente ha Desaparecido, escrita por Bill Clinton y James Patterson, publicada por editorial Planeta en México el 2018, que me parece, ilustra el significado de la reunión privada, que sostuvieron el Presidente, López Obrador y Jared Kushner, asesor del Presidente Trump.

Cena privada que hizo “mucho ruido y pocas nueces”, debido a que se llevó a cabo en el domicilio del vicepresidente ejecutivo de Televisa, Bernardo Gómez.

Se sabe, que la temática fue concretar avances en la firma de acuerdos para inversiones estadounidenses en México; la del Nuevo Acuerdo Trilateral de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá y las inversiones en Centroamérica.

Seguramente, el Presidente y el enviado del Presidente estadounidense, trataron otros temas que no se han revelado, tal vez al considerar que no es el momento.

Hasta ahí, los tópicos que trataron, pero suficientes para que se desataran criticas de todo tipo, por ejemplo el no haberse efectuado la reunión en recinto oficial (Los Pinos hubieran sido el sitio ideal) y no haber informado mediante el boletín de prensa acostumbrado a los medios.

Vale la pena recordar que a los Presidentes les asiste el derecho de realizar reuniones, privadas y oficiales, según convenga al interés nacional como a la práctica política de gobierno, toda vez que en las Relaciones Internacionales están en juego intereses económicos, políticos, sociales, militares y culturales.

En consecuencia, los tiempos políticos juegan un papel primordial y determinante para hacer públicos los acuerdos entre gobernantes.

La seguridad financiera, las economías, las inversiones, la seguridad social, los acuerdos militares, las amenazas terroristas y las migraciones temas delicados que requieren discreción, pues la filtración de acuerdos o desacuerdos entre las partes, pueden causar devaluaciones, salida de capitales, compras de pánico, temores en la nación, incluso, miedo extremo ante la amenaza del terrorismo.

De esta forma, la práctica de secretos y de reuniones privadas por parte de los jefes de gobierno son comunes y práctica cotidiana en la política de Estado, pues los riesgos que implican las filtraciones y la errónea interpretación de los argumentos puede ocasionar resultados desagradables, peligrosos y a veces terribles.

Una anécdota que ilustra lo delicado que pueden ser los secretos presidenciales fue aquella reunión privada que sostuvieron Margaret Thatcher, Primera Ministra de la Gran Bretaña, y Ronald Reagan, Presidente de Estados Unidos, en casa de la Primera Ministra de Israel, Golda Meir.

La Primera Ministra de Israel se encontraba en la cocina de su casa, con delantal al cuello y cuchara de madera en mano preparando la comida para su esposo.

En tanto cocinaba, aguardaba la visita de Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Cero protocolo, nada de guardias ni militares para el pase de revista, nada de cornetas y plumas oficiales ni vistosos uniformes militares.

Solo tres personas en la casa de Meir, pero con el poder suficiente para encauzar el rumbo económico del planeta o desatar la guerra final. Así de poderosos eran los tres gobernantes, que fueron piezas clave al lado de Mijael Gorbachov, gobernante de la URSS, para aplicar la Perestroika y el Glásnost y derrumbar a la Unión Soviética.

La alianza entre los tres gobernantes promovió el conservadurismo, la prevalencia del neoliberalismo sobre el sector público y la máxima libertad de acción a la iniciativa privada que limitó las actividades de los gobiernos en los mercados económicos.

Los acuerdos aprobados en la cocina de Golda Meir, pusieron en práctica lo que ahora conocemos como globalización y la libre competencia. ¿Y que sucederá con los pobres y miserables del mundo? preguntó Golda Meir después de aceptar el pacto económico, a lo que Thatcher, la dama de Hierro, respondió fríamente: Morirán.

De lo que hablaron los tres gobernantes nada se supo; se mantuvo en secreto y nadie se escandalizó.

Al llegar a Washington, el Presidente Reagan fue abordado por los medios que le preguntaron: ¿ Presidente como le fue en la reunión?

Muy bien, respondió Ronald Reagan; en la cocina de Golda Meir se cocinan las mejores recetas del mundo.

@luis_murat