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miércoles, abril 24

Ocurrencias en política exterior

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Rubén Cortés.

Un desliz de primaria:

1.- El gobierno de México lanza un desafío diplomático contra España (de donde, sin embargo, le llegó la primera visita de Estado antes de cumplir 100 días de gestión) por la violación de derechos humanos a los pueblos originarios hace 500 años.

2.- En cambio, el gobierno de México es el único del mundo libre negado a condenar la dictadura criminal de Venezuela, y pagó gustoso el costo político de invitar al sátrapa de Caracas a la toma de posesión del presidente, el pasado 1 de diciembre.

3.- Y abre este lance binacional por algo sucedido hace cinco siglos, con un país hermano, del cual México acogió hace 80 años a más de 25 mil refugiados políticos que, desde entonces, ayudaron, ellos y sus descendientes, a mejorar nuestra universidad y nuestra escuela.
Hasta el mandatario español tuvo un gesto diplomático y humano que demuestra el rico mestizaje entre ambos países, al traer a su homólogo mexicano el acta de nacimiento de un abuelo de éste, nacido en España, desde donde salió a México oculto en un barril de manteca de un barco.
No, para nada ha sido una buena idea que el más alto escalón del gobierno se haya puesto al nivel de la reciente ocurrencia de la actriz senadora Jesusa Rodríguez, de Morena, quien aseguró la semana pasada que comer carnitas equivalía a festejar la caída de “la gran Tenochtitlán”.
Aunque el espíritu de todo lo que suelta la actriz no se diferencia ni un ápice del contenido de la carta oficial enviada por México a España:
Dice la actriz:
Hace exactamente 500 años comenzó la conquista del territorio continental de México. Con esa Conquista llegó la religión católica y fue impuesta a sangre y fuego por fanáticos y asesinos que venían a depredar nuestro territorio y nuestra cultura.
Dice el gobierno mexicano:
Que se haga un relato de agravios y se pida perdón a los pueblos originarios por las violaciones a lo que ahora se conoce como derechos humanos. Hubo matanzas, imposiciones. La llamada Conquista se hizo con la espada y con la cruz.
Pero Jesusa Rodríguez es una comedianta a la que Morena le regaló un escaño, pero como sea es una persona con un patrón general de excesiva e inestable emotividad y que necesita ser el centro de atención, por la sandez que sea, desde algo sobre el clítoris hasta algo sobre las drogas.
En cambio, el presidente es alguien importante, nuestro más alto dignatario. Y no atina abriendo un contencioso con un país hermano, al que exige disculpas como una vía de reconciliación sin estar en pugna y por algo que no está en la agenda actual.
Porque ocurrió hace 500 años.