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martes, abril 23

La psicosis #MeToo ahora en la cultura y el periodismo

Carlos Arturo Baños Lemoine.

Pasó su período de escándalo en la farándula a nivel mundial (2017). En algunos países hasta hubo capítulo nacional. Y, finalmente, la psicosis feminista inherente al fenómeno #MeToo quedó en lo que siempre ha sido: un monumento a la irracionalidad, al absurdo, a la mitología.

Muchas acusaciones, ninguna prueba fehaciente. No podíamos esperar otra cosa: el #MeToo es una muestra más de lo poco que hemos desarrollado, en serio, la cultura científica del mundo moderno. Gracias al feminismo el mundo vive un período de retroceso, de marcha hacia atrás. El feminismo está empeñado en hacer que el Derecho Moderno deje de ser “moderno” y vuelva a los tiempos de las ordalías medievales, por decir lo menos.

Las feministas pretenden que la afirmación demostrada quede desplazada y, en su lugar, quieren colocar la acusación religiosamente creída y aceptada, sin más: “Yo te creo, hermana”, suelen lanzar como consigna en sus marchas. Se trata de creerle a cualquiera mujer que afirme que sufrió algún tipo de violencia sexual (abuso, acoso, hostigamiento, violación, etc.). Creer, no demostrar. No se necesitan pruebas, sino creencias.

Las acusaciones no demostradas de las feministas #MeToo han afectado a varias personas: no sólo a varones, que quede claro. La infamia de las feministas también ha dañado a las familias (mujeres incluidas) de los varones acusados sin pruebas. Pero las mujeres afectadas indirectamente por acusaciones falsas o sin sustento no les interesan: las feministas condenan la misoginia, aunque la ejercen a diario; claro, de forma selectiva, a contentillo. Sólo se preocupan por las mujeres que se avienen a sus caprichos. Las otras son desechables.

Cualquier varón puede ser víctima de la infamia feminista: ¡es tan fácil acusar sin pruebas y hay tanta gente tonta dispuesta a creer lo que sea!

Tiempos canallas son los que vivimos. Tiempos de “posverdad”: no importa lo que pueda ser demostrado, sino lo que quiera ser creído. Dogma y fanatismo… ¿qué otra cosa es el feminismo?

Y, ahora, el nuevo lance de la psicosis feminista: el mundo de la cultura y del periodismo.

En  días recientes, decenas de mujeres denunciaron en redes sociales supuestos actos de acoso psicológico y sexual por parte de afamados escritores mexicanos: #MeTooEscritoresMexicanos. Y, de inmediato, también se armó algo parecido con respecto al mundo del periodismo.

Por supuesto, y de nueva cuenta, muchas acusaciones y ninguna prueba. Lo único cierto es el aumento en el nivel de irracionalidad, en el nivel de paranoia, de las feministas en su papel de “víctimas”…

Lo peor de todo es que el nivel de violencia expuesto, de ser cierto (enfaticemos el “de ser cierto”), de lo único que nos habla es del grado de desequilibrio psico-emocional que existe en ciertos cenáculos “culturales” de México.

El pasado 22 de marzo, una tal Ana G. González, publicó en su cuenta de Twitter que el escritor Herson Barona golpeó, manipuló, embarazó, incitó a abortar y amenazó a más de diez mujeres y, poco después, otras mujeres comentaron que fueron agredidas por el mismo escritor.

¡Caray, pues qué clase de poder tiene el cuate ése, Herson Barona, para que esté a su alcance hacer “tanto daño” a “tantas personas” sin resistencia alguna de las supuestas “víctimas”!

¿Quién puede tragarse esa porquería, caray?

De ser cierto, enfaticemos el “de ser cierto”, lo único que podemos colegir es que el tal Herson Barona estableció relaciones tóxicas de carácter sadomasoquista (quizá sadomasoquismo reversible) con las supuestas víctimas. Mentes jodidas, conductas jodidas… ¡punto!

Vayamos a lo cierto, contundente y evidente: una persona sana de la mente, simplemente no permite ningún abuso en su contra que dependa de su voluntad. Una mujer de mente sana manda a chingar a su madre, de inmediato, a cualquier escritorzuelo que se quiera pasar de vivo con ella… ¡así de simple!

¿Qué clase de mujer de mente sana puede permitir todo lo que le imputan al tal Herson Barona? Porque galán no es y escribe una poesía ñoña y deleznable (revisen en Google)…

¿Será que las supuestas víctimas son groupies desencantadas, adoloridas y resentidas? ¿Creían que estaban estelarizando el papel principal femenino de El lado oscuro del corazón, cuando en realidad formaban parte del elenco de El día de los albañiles: los “maistros” del amor? ¿O serán becarias sin talento necesitadas de la firma o de las relaciones públicas del tal Herson, para mantener las dádivas gubernamentales? ¿O el tal Herson les prometió apadrinarlas, recomendarlas o publicarles sus escritos a cambio de sexo y no les cumplió lo prometido?

Miren, ustedes, mis apreciables lectores, cualquiera que sea la respuesta, lo que debe quedarnos claro es que la mujer que permite voluntariamente esa clase de abusos carece de sentido común, de autoestima y de dignidad, o, bien, está involucrada en relaciones enfermizas de las cuales ella es responsable en buena medida.

Y no, la culpa no es del “patriarcado”: que mejor busquen la causa en sus mentes jodidas, en su falta de realismo y/o en sus ambiciones personales desmedidas.

¡Ah, y las acusaciones dentro del periodismo, no tienen desperdicio! Aquí no hay mucho qué desarrollar.

En el mundo del periodismo, cualquier acusación no demostrada pesa el doble, porque cualquier periodista, incluso de medio pelo, debería saber muy bien que ya existen muchos dispositivos en el mercado, de alta calidad y no tan caros, con los cuales se puede grabar cualquier acoso prácticamente en cualquier espacio…

¡Caray, hasta los televidentes asiduos a los amarillistas programas de Laura Bozzo aprendieron que, en el mercado de la tecnología, existen bolígrafos que son, a su vez, videocámaras de alta resolución!

Perdón, perdón, perdón: una periodista que no es capaz de grabar el acoso de su jefe de redacción, por ejemplo, es de entrada una pésima periodista… ¡a mí que no me vengan a joder con tanta estupidez!

En fin, mis apreciables lectores, tenemos que seguir soportando toda la escoria mental inherente a la mitología feminista, especialmente al movimiento #MeToo… ¡Y todo por tener masas mal formadas en el espíritu científico de la Modernidad!

Facebook: Carlos Arturo Baños Lemoine.

Twitter: @BanosLemoine