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jueves, abril 25

No está chido

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Marissa Rivera.

El consumo del alcohol y tabaco en los niños y adolescentes es un tema que aflige.

Al menos a mí, me genera impotencia, angustia y evidentemente tristeza, ver jovencitos shot en mano, haciendo retos alcohólicos, hasta embrutecer y en muchos casos, ante la presencia de los propios padres. Lamentablemente me ha tocado verlo.

Lo que No Está Chido es que los padres seamos espectadores y solapadores de un acto asociado con problemas de salud y en ocasiones con altos costos sociales.

Los efectos del alcohol van desde alguien que se desinhibe, se pone emotivo o sentimental o alguien que se envalentona y se pone agresivo. Un hecho común es que la capacidad de razonar disminuye, no hay coordinación y los sentidos son menos agudos.

Dudo que alguien pretenda hacerle daño a un hijo. Lo que no entiendo es ¿por qué permitirles beber y fumar cuando apenas son unos niños en crecimiento?

Actualmente el consumo de bebidas alcohólicas comienza a los 12 años y el del tabaco a los 14. Por supuesto, hay quienes inician antes. Lo más grave es que cada año disminuye la edad de inicio en estos temas.

El cerebro humano termina de desarrollarse a los 21 años. Imagine usted la afectación irreversible, la manera en que se está comprometiendo a este órgano, cuando comienzan con “drogas legales” desde muy jóvenes.

Por eso, celebro la campaña que hace un par de meses lanzó el Consejo de la Comunicación “No Está Chido” para sensibilizar a los padres, niños y adolescentes para que los menores de edad no consuman alcohol ni tabaco.

Probablemente usted ha visto o escuchado la campaña, dirigida a niños y adolescentes entre 10 y 15 años. Además de estar en diversos medios de comunicación y en redes sociales, se extenderá a plazas públicas y escuelas, para llevar el mensaje de “cero tolerancia” al consumo de alcohol y tabaco en nuestros hijos menores de edad.

El tema es complicado por los amigos, los gustos o diversos factores, entre ellos los genéticos, pero nos corresponde a los padres, a la familia, fortalecer la autoestima de nuestros hijos para que puedan decirle no a sus amigos, sin el temor de que los excluyan.

Beber a esas edades por muy cool que pudiera parecer, no lo es, ni está chido.

No nos pueden ganar la batalla. Debemos tener una comunicación permanente con nuestros hijos, estar al pendiente de ellos, con quiénes se juntan, qué actividades realizan, platicar mucho, darnos tiempo para escucharlos, buscar actividades que podamos compartir. O sea, recuperar lo que hemos dejado de hacer poco a poco.

Yo sé que cada uno es responsable de la educación de sus hijos. Y hay quienes consideran que deben enseñarlos a beber para que cuando lo haga fuera de casa, no ocurra una desgracia o para que poco a poco vayan aprendiendo. Otros prefieren dejarlos beber con amigos en casa, aunque sean menores de edad, para que no se expongan en la calle.   Y otros más, hacen como que no ven, Pero, realmente cualquiera de esas opciones ¿están chidas?

Los especialistas en adicciones recomiendan lo contrario, es decir, “cero tolerancia” al consumo de alcohol y al tabaco, por lo menos, no antes de los 18 años.

El consumo de bebidas embriagantes a temprana edad podría ser la antesala a otro tipo de drogas, vicios, accidentes, riñas, enfermedades, posibles embarazos, violaciones sexuales, en fin, todos los riesgos que hay en torno al alcohol y sus excesos.

Las estadísticas son preocupantes, el 20 por ciento de los niños de quinto y sexto de primaria ha referido haber tomado alguna bebida alcohólica. La cifra se incrementa al 40 por ciento para los alumnos de secundaria.

Por eso, hagamos nuestra la campaña, que invirtió un año de trabajo con expertos médicos y en adicciones de más de 30 instituciones públicas y privadas.

Sus resultados, información y asesorías están en la página noestachido.org.

Fomentar que nuestros hijos fumen y beban alcohol es abrirles las puertas a drogas legales altamente adictivas que sólo traerán riesgos y daños que bien podemos evitar.