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jueves, abril 25

Horizontes

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Tere Mora Guillén.
 
En gira por Campeche, el presidente Andrés Manuel López Obrador manifestó que emitirá un decreto para abrogar la reforma educativa, y anunció que quitará a líderes sindicales el control de plazas y de la nómina magisterial.
 
Denunció que hay dirigentes que no ven con buenos ojos su propuesta de modelo educativo, por lo que tratará de convencerlos para llegar a un acuerdo, a través del diálogo, pero si no hay un avance con ellos para anular la “mal llamada reforma educativa” del gobierno anterior, entonces publicará un decreto para abrogarla, en tanto se aprueba en el Congreso la iniciativa que envió.
 
Es menester recordar que la reforma que impulsó Peña Nieto en 2013, contó con la oposición de los sindicatos de maestros y del entonces líder de Morena, López Obrador, ya que la consideraron una reforma laboral encubierta porque, decían, suprimía privilegios sindicales y contemplaba evaluaciones que los docentes debían pasar para conservar sus plazas.
 
Y abundó López Obrador: “Nunca más se les va a perseguir ni a humillar a los maestros. Nada de evaluaciones. Se supone que el que ya da clases ya está capacitado». Enfatizó que los cursos de capacitación de los maestros serían «voluntarios».
 
Lo cierto es que, en menos de un siglo, de 1921 a fines del 2012, la población de nuestro México se multiplicó ocho veces, al pasar de 14.3 millones de personas, al inicio del periodo del presidente Álvaro Obregón, a 117 millones a fines del sexenio del presidente Felipe Calderón. En esos años la matrícula en educación primaria creció poco más de 16 veces, al pasar de 868 mil alumnos a 14.8 millones, crecimiento superior al demográfico.
 
Durante las primeras cuatro décadas del siglo XX, el impulso del Estado mexicano a los niveles educativos de preescolar, secundaria y media superior, fue reducido y menos vigoroso que el recibido por la educación primaria. A partir de entonces, el crecimiento de esos niveles educativos fue acelerado hasta frenarse a principios de la década de los ochenta. Como resultado de esta dinámica, a fines de 2012 el número de alumnos aumentó a aproximadamente 4.8, 6.3 y 4.4 millones en educación preescolar, secundaria y media superior, respectivamente.
 
Ojalá la Cuarta Transformación no olvide la importancia que tiene la educación que, por definición, es un proceso a través del cual se pretende enseñar a todos los individuos que conforman la nación a desenvolverse e integrarse a la sociedad, como una persona productiva; obteniendo las bases para desarrollarse en una vida laboral exitosa y al mismo tiempo para ser capaz de satisfacer sus propias necesidades.
 
Desde luego los docentes deben recibir capacitación de manera continua, conforme a los avances, requerimientos tecnológicos y metodologías educativas del mundo globalizado de nuestros días.  Tristemente, la baja calidad de la educación en México es, a la fecha, un obstáculo para el crecimiento y el desarrollo, inhibiendo la posibilidad de reducir los niveles de desigualdad y pobreza.
 
Al ver las manifestaciones de pseudo docentes, es lastimosa la imagen que exhiben que más parecen vándalos que profesores, seguramente muchos de ellos nunca han pisado una aula, y algunos otros a duras penas saben hablar y menos aún transmitir conocimientos a los pupilos.
 
Es plausible quitar a líderes sindicales el control de plazas y de la nómina magisterial, sin embargo, ahora que el presidente clausuró, desde el pasado 1 de diciembre, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), ¿qué órgano determinará quiénes de los docentes son aptos para ejercer el magisterio? Loable es la labor de los maestros, pero sólo de aquellos que merecen ser así llamados, aquellos que siembran en los alumnos la semilla del saber y los forman para ser los hombres y mujeres de bien que México merece en aras de tener un mejor mañana.